Netflix adaptará “Cien años de soledad”, aunque Gabo nunca quiso hacerlo

“Escribí Cien años de soledad para demostrar que el cine no es todopoderoso, que en literatura uno puede llegar mucho más lejos y dar al mismo tiempo un impacto visual, auditivo y de toda índole”.

Son palabras del propio Gabriel García Márquez citadas por la escritora María Lourdes Cortés en su libro Los amores contrariados. García Márquez y el cine.

Hasta que llegó Netflix. Después del éxito mundial de Roma, la mexicanísima película de Alfonso Cuarón ganadora del Oscar, la plataforma de streaming, convertida ahora en exitosa productora de cine y tv, no le tiene miedo a universalizar historias locales, y menos al universo latinoamericano.

Así que el pasado 6 de marzo, cuando el escritor colombiano cumpliría 91 años, lanzó como un bombazo la noticia que nunca esperamos leer los fieles lectores del Gabo: que compró los derechos de su novela cumbre y que la convertirá en una serie.

Y si Cien años de soledad significó la consagración del Gabo como novelista, Netflix se está jugando su gran apoteosis como casa productora con esta adaptación, a la que nadie se atrevió en medio siglo.

Punto de honor

El libro, publicado en 1967, es considerado por muchos el segundo más importante escrito en lengua española después del Quijote. Se ha traducido a más de 40 idiomas y es referencia impelable de la literatura universal. Sus fans traspasan las fronteras del continente y la devoción al libro no conoce de generaciones.

Llevar la historia los Buendía y del mítico pueblo de Macondo a la pantalla ha sido siempre un tema polémico con el cual el propio García Márquez tuvo siempre sus reservas.

El Gabo se negó por décadas a vender los derechos de Cien años… para su adaptación audiovisual. Cuenta Cortés que incluso en un oportunidad Anthony Quinn ofreció un millón de dólares por encarnar al coronel Aureliano Buendía y el Gabo dijo que no.

“Llevo escuchando la discusión sobre si se venden o no los derechos de Cien años de soledad desde que tengo ocho años. No fue una decisión sin complicaciones para mí, mi hermano o mi madre. Se siente como que se abrió un gran capítulo, pero también que se cerró uno muy largo”, comentó Rodrigo García, hijo del escritor, al New York Times.

Dice Cortés que para García Márquez, Cien años de soledad era “su venganza contra el cine”.

No se sabe en cuánto se cerró el trato, sin embargo, lo que sus hijos han revelado es que el sí vino dado porque Netflix se plegó a todas las exigencias que en vida puso el autor y las que ahora presentaron sus herederos.

Matrimonio mal avenido

Parte del reto de Netflix no está solamente en la complejidad de la novela. Prácticamente todos los intentos de llevar la literatura del Gabo al cine o a la televisión han terminado en fracasos.

Aunque el Gabo comenzó escribiendo para la gran pantalla, que trabajó por años en el cine y la televisión, que era un cinéfilo consagrado, que daba clases de guión, que fundó una escuela y que lo perseguían los realizadores para filmar sus novelas, la relación entre este genio de la literatura y el séptimo arte era de tensión.

Entre las películas más conocidas basadas en obras del Gabo se encuentran Eréndira, dirigida por el brasileño Ruy Guerra; Edipo Alcalde del colombiano Jorge Alí Triana; El coronel no tiene quien le escriba del mexicano Arturo Ripstein; El amor en los tiempos del cólera realizada por el gringo Mike Newel; y Del amor y otros demonios, a cargo de la costarricense Hilda Hidalgo.

Ninguna llegó muy lejos. Ni la crítica ni el público les dieron su bendición. En el caso de la obra de Newel, el hecho de haber sido una producción hollywoodense en la que los protagonistas ni siquiera eran latinoamericanos (Floretino Ariza fue Javier Bardem, un español y Fermina Daza fue Giovanna Mezzogiorno, una italiana) enardeció a los más ortodoxos.

“Mis relaciones con el cine (…) son las de un matrimonio mal avenido. Es decir, no puedo vivir sin el cine ni con el cine, y a juzgar por la gran cantidad de ofertas que recibo de los productores, también al cine le ocurre lo mismo conmigo”, dijo el propio autor, citado por Cortés.

El chance de Netflix

Son pocos los detalles que Netflix ha hecho públicos sobre la producción. Solo se sabe que la mayor parte de la historia se rodará en Colombia, que será hablada en español, que todo el talento interpretativo será latinoamericano y que los hermanos García no participarán activamente en la producción para no generar presiones innecesarias.

Aún se desconoce quién será el director, el equipo de producción, las actrices y los actores que conformarán el elenco, a cargo de quién estará la música. ¿Será un producción más hollywoodense o más latinoamericana? A estas alturas es imposible adivinarlo pero pronto deberán dilucidarse estas incógnitas porque el estreno está previsto para el próximo año.

Los fans se debaten entre la ansiedad y el sentimiento de profanación. Nunca nadie le ha visto la cara a la matriarca Úrsula Iguarán o a su hija Amaranta. Sus verdaderos rostros existen solo en la mente de cada quién.

¿Podrá la serie plasmar la sensación de quemadura de Aureliano la primera vez que tocó el hielo? ¿O el encanto sobrenatural de Remedios, la bella? ¿Cómo dibujará con imágenes el olor a humo de Pilar Ternera? ¿Los sueños compartidos en la peste del insomnio? ¿Será creíbles las alfombras voladoras de los gitanos? ¿Cómo podremos ver los huesos llenos de espuma de José Arcadio y su virilidad monumental? ¿Cuántos episodios son necesarios? ¿Se omitirán pasajes?

Son solo algunas de las preguntas que nos hacemos todos quienes pertenecemos a la amplia estirpe que tiene en este libro y en Macondo un entrañable hogar de permanente retorno.

Cien años de soledad cierra con la frase: “Las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra”. Con el anuncio de Netflix queda por verse si la historia de la familia Buendía y del mítico pueblo Macondo logrará tener alguna oportunidad fuera del papel.

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Por Rosa Raydán / Supuesto Negado