“NO ME ATREVERÍA A SER UN CENSOR DE NINGÚN MÚSICO”

Ni siquiera el reconocido poeta William Osuna se atrevería a censurar la Morbochanga tan poco poética y ¿Por qué no?


El poeta William Osuna se cuida de dar opiniones “sacerdotales” sobre la música que actualmente se está produciendo y escuchando en los sectores populares. Destaca que se debe tener mucho cuidado “con cierta moralina burguesa” y extiende la discusión del contenido de las letras a géneros musicales mucho más aceptados como la salsa, el bolero y el tango.

No obstante, cree que los barrios han sido “bombardeados” por los medios de comunicación y, en este caso, con esta música cuyos valores “adormecen los valores que debe tener una sociedad rebelde”.

– ¿Qué opina de estas canciones, que se están escuchando en muchos sectores populares, y tienen un abierto contenido sexual y claras alusiones al consumo de drogas?

–No me atrevería a ser un censor de ningún músico, incluso dentro de sus aberraciones y moralidades.

El tango, el bolero, la milonga tienen letras que con frecuencia la mujer tampoco sale bien parada y esto es aceptado por los grandes consumidores de este tipo de música. De hecho, cuando asistimos a una fiesta exigimos que nos coloquen boleros, salsa y que nos coloquen cierto tipo de música que, a lo mejor, sus contenidos lo soslayamos y solamente lo disfrutamos para darnos animosidad.

Yo lo que le reclamo a la sociedad es que peligrosamente estamos viviendo en un sociedad sin contenidos. Cuando digo sociedades sin contenidos, me refiero a que una sociedad debe tener un plan medular e ideológico que discutir. Y para tener este plan medular e ideológico, es necesario que exista la dialéctica, que exista el otro y que ese otro tenga una posición, que es bienvenida así entre en contradicción con la nuestra, pero de esas contradicciones puede salir algo muy importante y es el diálogo que necesitamos en este momento.

“El tango, el bolero, la milonga tienen letras que con frecuencia la mujer tampoco sale bien parada y esto es aceptado por los grandes consumidores de este tipo de música”.

Tratar de enfocar el arte y tratar de dar una opinión, y que esa opinión tenga conclusiones de absoluto, me resultaría como opiniones más que todo sacerdotales, monacales y no la opinión de un artista o de un poeta, en este caso.

Me parecería peligroso sujetar lo que [hace] una parte de la sociedad que se dedica a elaborar su quehacer musical, en este caso, esta música donde hay un excesivo verbo sicalíptico, de corte sexual desmedido. Yo votaría más bien por la exaltación del lenguaje, el cuidado de nuestro idioma y también [por incorporar] las novedades que tienen los barrios en torno a la comunicación y el idioma, de allí sale una gran poesía. Ahora, no me puedo realmente erigir como alguien que tenga una vara mágica y diga ‘esto es bueno o es malo’, no quisiera ser juez ni ser tan purista.

– ¿Se pueden fusionar estos ritmos con otro tipo de letras para difundirlos?

–Yo creo que desde hace mucho tiempo la industria cultural se ha beneficiado con ciertos ritmos que en un principio resultaban pecaminosos y como algo que iba en contraposición de la moralidad dominante. Si vemos el origen del tango, en sus principios no permitía bailar a hombres con mujeres, porque la mujer que bailase el tango era considerada como cercana a la prostitución, entonces lo bailaban lo que llamaban los ‘compadritos’. El tango lo bailaban en la calle, debajo de los farolitos hombres con hombres, y no quería decir que había un ribete de homosexualidad, sino que a la mujer no se le permitía bailar por una moralidad que imperaba en ese momento. Así pasó con la habanera, con el bolero y así con muchos géneros musicales. Esta diatriba es tan antigua como los bailes del Imperio romano, que al principio no son aceptados pero después la sociedad discurre en sus contradicciones antagónicas y concilia con ese tipo de manifestación.

“Yo creo que desde hace mucho tiempo la industria cultural se ha beneficiado con ciertos ritmos que en un principio resultaban pecaminosos y como algo que iba en contraposición de la moralidad dominante”.

– ¿Usted piensa que se podrían llevar las letras revolucionarias a este tipo de ritmos?

–Esa sería una excelente discusión con los músicos revolucionarios, que sobre la base de estos ritmos, se monten letras revolucionarias y eso sirva, a la par, como elemento de discusión dentro del mismo barrio y no como adormecimiento para mellar conciencias que pueden rendir frutos a un proceso revolucionario.

–Muchos opinan que este tipo de música genera violencia, contribuye al embarazo temprano, al consumo de drogas y estupefacientes…

–Las consecuencias son difíciles de prever, sobre todo en este mundo donde cada novedad al día siguiente resulta ser una antigualla tanto del arte como de la política (…) Es de prever que el mundo va a cambiar, soy optimista en eso, y va a cambiar de acuerdo con una serie de valores que son necesarios para efectuar ese cambio. Pero ese cambio debería efectuarse con un nuevo humanismo, con una nueva forma de mirar al mundo, con una nueva cultura, con el hombre y la mujer viviendo en sociedades igualitarias.

Para que todo esto se permita, se debe permitir un arte que vaya encausado en esta sociedad que avizoramos y que queremos para un futuro. En el caso de esta música, contentiva de antivalores y que pueden precipitar el embarazo precoz, la violencia y el consumo de drogas, ya los medios de comunicación tienen más de cincuenta años precipitando esto. Yo creo que esto es algo que viene como consecuencia, a darle como cierto barniz de distinción a todo lo que los medios de comunicación han adelantado. El rock es un género que viene del blues, eran canciones de los pueblos, letra de los pueblos. Los factores dominantes tienen estudios de todo eso para saber por dónde pueden penetrar, entonces así como estamos pensando que nosotros podríamos tomar esos ritmos y darle contenidos revolucionarios, ellos lo hicieron con antelación con nuestros ritmos y le dieron un contenido de entrega, de pesimismo, de una humanidad sin futuro y sin mañana y con una exaltación sin medida por la droga y con todos estos valores que vende los Estados Unidos como algo muy cercano a lo que se denomina juventud.

– ¿Qué podríamos hacer desde las Escuelas Bolivarianas y desde los medios públicos? Tomando en cuenta la formación ideológica que debe haber después de 17 años de revolución…

– Yo creo que primero hay que formar a los maestros, que la educación salga de las aulas, que no se quede en el recinto de las aulas, sino que se haga una extensión de la educación hacia los barrios y que también se formen a los padres junto a los maestros, para entender cómo funciona el barrio, su historia, su cultura y sobre todo cuáles son los valores necesarios y no los valores impuestos de un pensum de estudio, porque la imposición de valores no va a permitir que surja la mujer y el hombre nuevo.

Creo que la educación debe ir muy cercana al espacio donde se desenvuelven los receptores de todos estos mensajes y, en este caso, esos receptores están en los barrios. Más allá de las escuelas que tenemos, debemos profundizar en valores como la solidaridad, el amor, la belleza, discutir todo esto, y sus contradicciones también como el egoísmo, la falta de solidaridad, la destrucción, la agresión, la violencia. Discutirlo, porque no se aborda como debe ser en las aulas de clases.

– ¿Por qué cree que este género musical tiene más audiencia en los sectores populares, incluso, en los sectores más chavistas?

–Nosotros incurrimos en graves errores y uno de esos errores es decir que la oposición no tiene discurso. La oposición sabe lo que hace y tiene discurso y sabe dónde están los sectores chavistas, los sectores que pueden dar un salto cualitativo y superar el sistema tanto económico como político y cultural que ha predominado en Venezuela y es allí donde ellos están atacando y es donde tratan de penetrar, es allí donde han tenido éxito.

Yo he visto gente que piensa como podría pensar un Mendoza o alguien que tiene una posición muy favorecedora en esta guerra económica. Piensan como el amo y no como una persona que debe superar a ese amo (…) He visto gente muy pobre -en los términos que establece la Unesco, porque hay pobres de solemnidad, de espíritu, de degradación humana- que obedecen a un léxico prestado, no es un léxico que sale de lo medular de su alma sino de un préstamo lingüístico de la clase dominante, defendiendo valores que no son los de ellos.

Dicen los entendidos que estamos en una guerra de cuarta generación, que ya no se necesitan soldados para invadir. [Ahora van] a los barrios a bombardear con unos medios comunicación, y en este caso, con esta música, con la que entran unos valores que adormecen los valores que debe tener una sociedad rebelde (…) Es difícil, pero las revoluciones, ninguna que yo sepa, se han hecho con suma facilidad, todas tienen sus contradicciones.

“Entiendo la preocupación de que en los barrios se está escuchando esta música, que aprovechan ese medio para enviar un tipo de mensaje para atenuar lo que puede tener el barrio como revolucionario“.

– ¿Qué se hizo o se dejó de hacer dentro del chavismo para que la juventud prefiera esta música, en vez de música con otro tipo de contenidos?

–Yo no colocaría la aldaba ni una losa a todo lo que se ha hecho en la música. Nunca había oído tanto a Alí Primera, y nunca había visto tanto reconocimiento al Chino Valera Mora como ahora en este proceso revolucionario. Que no ha sido una totalidad dentro de las audiencias es otra cosa, porque ahí intervienen cuestiones de gustos. Hay poetas que no obedecen a ese riesgo de la poesía social y hay poetas que tiene otra forma de comunicar su belleza y su verbo y su manera de escribir.

En la música y en la poesía se están conformando factores hegemónicos muy importantes, y hay que verlo de esa manera. Ahora, entiendo la preocupación de que en los barrios se está escuchando esta música, que aprovechan ese medio para enviar un tipo de mensaje para atenuar lo que puede tener el barrio como revolucionario (…) Eso yo lo veo peligroso. Pero nos queda a nosotros los poetas y los músicos ir hacia esa juventud para crear grandes diálogos y puentes con personas que nunca nos escucharon y que están dispuestos a escucharnos si nos acercamos a conversar con ellos.


–William Osuna es poeta, docente y editor. Ha sido galardonado con el Premio Nacional de Literatura (2007), el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, del Distrito Federal (1983,) entre otros reconocimientos. Actualmente es presidente de la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello, ente adscrito al Ministerio del Poder Popular para la Cultura.

Beriozka Fereira / Supuesto Negado