OBSESIONES Y FETICHES DE LOS RADICALES ANTICHAVISTAS

Nueve violentas obsesiones: llegar al centro, linchar cubanos, provocar a los guardias para después quejarse de la represión. (-) Enumera las obsesiones opositoras.


     1. Llegar al centro de Caracas

Es sabido que, para los venezolanos, el poder político suele verse un poco como un fetiche, como lo muestra la expresión “agarrar el coroto”. Para la oposición ese fetichismo se ha desplazado a manifestar en el centro de Caracas: al fin y al cabo la última vez que -brevemente- agarraron el coroto fue porque llevaron una marcha cerca de Miraflores. La idea de que si una cosa vuelve a pasar la otra también es algo que gira y gira en la cabeza de muchos.

     2. Atacar todo lo que sea del Gobierno

Otra cosa muy conocida en estos 200 años es la confusión entre Gobierno, Estado y República, pero parece que los antichavistas son los que han llegado más lejos en ella y, desde el paro de 2002, han iniciado un historial nunca visto de destrucción de la propiedad pública. Así es: les emociona, literalmente, romper y quemar la cosa pública, incluso la que ellos mismos usan y disfrutan -como las instalaciones de metro. La sevicia de los guarimberos con el metro de caracas fue tal que el indeciso Ramón Muchacho terminó haciendo lo increíble y cuestionando a los guarimberos y sus prácticas.

     3. Linchar a los médicos cubanos

Como los autobuses Yuntong, los metrobuses y las instalaciones del metro, atacar todo lo que tiene que ver con la misión cubana es un fetiche y una obsesión para los antichavistas radicales. Con los CDI se han ensañado particularmente, como ocurrió con las protestas por el “fraude” de 2013, pero lo grave es que los médicos cubanos en sí son una obsesión, por lo que tienen que vivir siempre entre precauciones y medidas de seguridad, simplemente por venir a ofrecer un servicio que ningún médico local va a prestar.

     4. Agredir a los funcionarios que les caen mal

Es cierto que los políticos y funcionarios no están por encima de los reclamos y la interpelación de los ciudadanos, el problema es que los reclamos de los antichavistas suelen ser una mentada de madre o una botella apuntada a la cara, aunque ha disminuido en los últimos años, tras el ataque a Winston Vallenilla y su padre, la agresión física y moral a funcionarios públicos se ha repetido varias veces desde 2002 haciéndose una especie de marca del antichavismo rabioso.

     5. Pedir todo “para ya” y “de una vez por todas”

Desde la época del “Fuera, vete ya” inició una historia de reivindicaciones y reclamos que no solo son negativos -no proponen nada- sino inmediatas: es difícil conseguir un momento en que no se haya movilizado al antichavismo -usualmente flojo y apolítico- en nombre de una consigna mágica, una “Salida” que va a arreglar todo de una vez. La primera fue derrocar a Chávez, en diciembre pasado fue ganar la mayoría en la Asamblea y hoy es el revocatorio. Sea que lo consigan o no, el milagro no se produce y el ciclo decepción-resentimiento-ilusión comienza otra vez.

     6. Provocar a policías y guardias nacionales y luego quejarse de que los atacaron

Atacar a un policía o un militar, no tanto para ponerlo fuera de combate como para que reaccione y haga algo que pueda ser grabado o fotografiado, es una conducta histérica y muy peligrosa que solo tiene sentido en una época como esta, donde los medios están en todos lados, y para los antichavistas, que siempre están pensando en quedar “bien para la foto”, aun cuando “bien” quiera decir “como la víctima”. Los insultos a policías y militares comenzaron desde el año del Golpe pero se vieron cada vez más durante la guarimba de 2014.

     7. Convertir las movilizaciones en batallas

Es cierto que las manifestaciones son demostraciones de fuerza y muchas tienen algo de lucha, aunque no sea de forma directa, física, pero las manifestaciones en sí no son batallas y muchas sirven solo para expresarse o para que la gente se encuentre. Pero cuando se tiene un fetiche y una confusión entre manifestación y batalla y se le dice a los manifestantes potenciales que cada marcha va a ser, literalmente, un combate en que va a tener que dar y recibir golpes, se termina por desfigurar el propósito de las manifestaciones e inevitablemente ocurre lo que le ha pasado al antichavismo: que los dueños de las marchas son los guarimberos, y la gente que no quiere meterse en cosas violentas las termina rehuyendo.

    8. El blanco con negro

Aunque los partidos de oposición han asumido diferentes colores y también han tratado de oponer los de la Bandera al rojo del PSUV, la combinación de blanco y negro o alguno de los dos por separado es recurrente desde 2002. El ejemplo más tenebroso es esa bandera negra de Venezuela con estrellas blancas que parece de un ejército de zombis. La marcha del próximo 1º de septiembre se supone que va a ser blanca como el disco de los Beatles.

     9. Quejarse de que no los dejaron marchar

Si cada vez que vas a marchar tienes la tendencia a volver batallas las manifestaciones, provocar o atacar a los policías y militares, y destruir todo lo que te parece chavista, de verdad que no tiene nada de raro que no te dejen marchar o te pongan alguna contención. Sin embargo, todas las obsesiones y fetiches del antichavismo radical guarimbero se muerden la cola en este momento porque son la causa de que no se les deje llegar a ciertas zonas -el centro de Caracas principalmente- pero la prohibición termina siendo como un estimulante que alborota todos los otros fetiches. Así ocurrió el pasado 18 de mayo, con la agresión a los policías y el intento de quemar la residencia estudiantil Livia Governeur: la próxima vez seguro se quejarán de que les han “quitado la libertad” de acercarse a ese edificio, aunque haya sido porque trataron de incendiarlo.