OMAR ACEDO, "EL CANTANTICO"

Omar Acedo: de vallenatero a galán que se robó a la hija de papi. Aquí una semblanza artística y política.


Tiene al sur del olfato, entre mejilla y mejilla, sonrisa de chico bueno. Y en los ojos, a veces, cuando se le agarra de refilón, una de “pero no te lo creas mucho”. Mirada franca, abierta, alegre y, a veces, un tantico granuja. Dice él de sí mismo, y por qué dudarle sinceridad, que como actor es “¡malísimo!”, pero sabe además mirar como niño desvalido y como galán de Televisa, y a lo Justin Bieber enfadado y cual Matt Damon cuando está de Osborne. En las artes escénicas, en especial pantalla chica y tarima, que son las suyas, a eso se le llama versatilidad. En la música es posible que también.

Omar Acedo, el catire ese que a cada rato encabeza el top ten de las emisoras radiales en Venezuela, le mete a todo: de la balada pop al cuasi-rapeo, del merengue y la salsa al reguetón y al bolero, del jingle publicitario al cántico de las multitudinarias concentraciones y al mariachi incluso. Es maracucho, y entonces, obvio, tampoco le hace desplante a la gaita, ni ascos a ese desplazado mayor de la Acnur, el invasivo-hermano vallenato.

Omar Acedo le mete a todo. A la seducción de los públicos –el aplauso, la fama–, con ganas, con furia. Al amor de las féminas, con nada desdeñable éxito. A la emprendeduría, o dicho en cristiano los negocios, pues quién sabe: habría que preguntarle a un contador, pero puede apuntarse en indeleble tinta que es dueño bien legítimo de un circo y de un estudio de grabación. A la política también le da.

No se sabe –no hay registro– si es hombre de azar, de juegos: si apuesta a los caballos, si compra kinotáchira, si le gusta el backgammon, la ruleta. Pero tampoco de esto se dude: es tipo afortunado.

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Y tesonero. (No, corrector de pruebas, telonero no, jamás: te-so-ne-ro)

La primera vez que se le vio en público, o que buscó impactar públicos –públicos masivos–, era ya idéntico a quien es hoy. Llevaba esmoquin corto a cuadritos blancos y azules, quizá grises, cuello negro; camisa azul marino, corbatín negro; el pelo brevísimo en las sienes y disparado arriba hacia esos techos de dios: un artista. Pop, sí: un artista. Sería tal vez 1989, porque  Omar Rafael Acedo Sánchez no parecía tener más de cinco años, y sin embargo consiguió fácilmente hacer rodar el guión preestablecido y desatar la histriónica y siempre comedida carcajada de don Gilberto Correa. Sí: Sábado Sensacional. El video cuelga en youtube, cortesía reciente de Venevisión, en donde sigue siendo asiduo.

Después… después lo mismo. Hay retóricas que merecen tipografía aun si resultaren mera opinión enmascarada: si a Omar Acedo le hubiese dado por la ingeniería eléctrica en lugar del star-system, otras serían hoy las historias del Guri y ciertos racionamientos: de aquel lejano y quizá 89 para acá, no ha dejado de plantar turbinas en la misma portentosa corriente. Sin desmayos. Sin detenerse en obstáculo tonto. Sin achacárselos never ni nunca ni a quienes lo precedieron ni a sus rivales.

En el 98, a los apenas 14, era el “Willy” de Salserín, aquella orquesta infantil que, de tanto disco de platino y tanta ganancia que le diera al propietario, se dio también el lujo de mandarse a hacer un largometraje homónimo bajo la dirección nada menos que de Luis Alberto Lamata y, casi de pasadita, colocar a Acedo de galancito estelar en Dónde está el amor, ficcionalización viperino-RCTV de esa salsa buena en versión infanto.

En 2001, ya mayorcito para Salserín, se dio de bruces en un proyecto fallido, Nivel 3. Pero, y a menos que su señora madre, Tibisay Sánchez de Acedo, cuente otra cosa, ni se sorbió los mocos: poco después estaba en el grupo Bacanos y le daba durísimo al vallenato, que tanto odiara. Y no mucho más allá, o acá, tan apenas como los hoy celebérrimos Chino y Nacho dejaron vacante en Calle Ciega, se integró a esa agrupación, confesamente concebida como “versión latina” de los Backstreet Boys.

Chistes, pantalla, baladita pop, salsa, vallenato, merengue, reguetón: Omar Acedo le mete a todo. Y en el entretanto, o antes y después, todavía se las arregló para estudiar comunicación social.

Chico tenaz. Y prolífico. Y desprejuiciado. Si se animó a cantar vallenatos, si es perfectamente capaz de concebir música y letra para un jingle cualquiera en una noche cualquiera de cocuy o de buchanans o de simple y sudado desvelo, si lo que se persigue es el éxito, y tan a la mano se muestra el éxito, ¿por qué no agarrarlo?

Omar Acedo es un tipo exitoso.

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Pero vamos, esto no es Vanity Fair, y ni siquiera Ronda o Rumbacaracas. Esto es Supuesto Negado. ¿Qué hacemos aquí hablando de tan exitoso backstreet boy?

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La pregunta se cruza con otras muchas, o al menos con una para la que no tenemos respuesta precisa: ¿en qué momento se cruzó Omar Acedo, Omar Rafael Acedo Sánchez, con la política? El cuándo importa poco, pero ayudaría tal vez a entender el cómo, el por qué. Y no tanto por el lado del chico audaz, sino del otro: ¿en qué momento se cruzó la audaz política con el autor e intérprete de “Sólo contigo”?

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El hombre, el tipo, el Omar, quién podría negarlo, tiene su swing, su punch. Su soldimix, su cola-de-zapatero: sus canciones son pegajosas. Oyes dos-tres veces “Sólo contigo” y ya tienes para tres-cuatro días de tararearla mentalmente entre automaldiciones. Y está bien. O digamos: la industria cultural nunca dijo que hubiese un departamento de reclamos: si no quieres oír el pega-pega que te estrilamos por todos lados, ándate con Silvio Rodríguez a entonar los salmos de “Son desangrado”: anda a que te den de nuevo tu sordera.

“Sólo contigo” es canción de amor. Dispénsese a Manzanero, a Héctor Cabrera, a Tito Rodríguez, a todos los muchos que alguna vez han sido llamados “el poeta de la canción”. También a Brahms, por no dejar.

“Sólo contigo”, en su video oficial, es puro Televisa, perfecta Rede Globo, Univisión en dieciocho quilates: todos y cada uno de los esquemas –estéticos y conceptuales– del género. El género: pobretón se enamora de niña rica, sirvientica se enamora del señorito de la casa: al revés o viceversa, el amor triunfa, prejuicio y maldad se despeñan.

Y dice así, segunda estrofa: “Nos conocimos de una forma muy rara,/ de una manera que ni tú lo esperabas./ El ‘cantantico’, como dicen tus padres,/ iba a enamorar la hija de papi, la intocable./ No tengo aviones para buscarte,/ tampoco un carro tan elegante,/ no tengo joyas ni tengo un yate,/ pero tengo un corazón que puede enamorarte”.

Apenitas un sol y dos fa más allá, “el cantantico” canta su triunfo: “Confiesa ahora, ya arreglamos este asunto, / porque no me importa que se entere todo el mundo/ que ya no soy tu amigo, que te gusta estar conmigo,/ que yo soy millonario pero cuando estoy contigo./ Solo contiiiiiigo/ tengo una fortuna,/ solo contiiiiiigo/ porque como tú no hay ninguna…”.

¿Algún problema? Líbrenos dios. Los enamorados, que se enamoren como tengan a bien. Quizá un solo detalle que está muy a mal detallar: “Sólo contigo” es pieza dedicada a la novia. A Daniella Cabello. Bellisísima chica. Preciosa. Dios la guarde.

La hija de Diosdado Cabello.

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Entre 2002 y 2003, cuando Omar Acedo, chamo por entonces de diecinueve o dieciocho, andaba en el empeño de encender para sí un tercer nivel, un no-vallenato-no, en Venezuela, paro petrolero mediante, se apagaban las ínfulas y hasta –perdón– las neuronas de una oposición que se auto-designaba “Mesa Democrática”.

En 2004, misterios de Wall Street, empezó la hoy llamada “burbuja petrolera”. Mientras Omar cantaba, buscaba, cantaba, el precio del barril de crudo en algún momento, 2003-2008, saltó de 30 a 120 dólares. Y hasta parecía blindada, la burbujita.

Omar Acedo podrá haber estado cantando mucho, pero no habrá dejado de notar que en Venezuela, al menos, ese incremento empezó a ser distribuido de otra forma. Tal vez no la mejor, seguramente no la mejor, pero otra. Más democrática, más tutti li quanti.

Omar Acedo, misterio insoslayable como toda persona, habrá sabido al menos que dejaba –momentáneamente– de ser ciudadano y artista de un país pobre, para convertirse –momentánea, circunstancialmente– en ambición de país rico.

Habrá pensado, como tanto otro ciudadano, que estaba todo eso muy bien. Que merecía apoyos. Que valía la pena. En algún momento de fines de década, bajo escenario de extrema polarización, decidió asumir riesgos, apostar. Y apostó por el chavismo.

Chico tenaz, chico prolífico, chico versátil, chico ambicioso, chico valiente. Audaz.

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En lo que sigue, y disculpas a Omar, perdón a sus tantísimos fans, Omar Acedo importa aquí poco. Importa cómo, y por qué, un artista, un cantante, pasa o podría pasar a ser rostro perfilable de un momento histórico. Pongamos: revolución boliviariana, socialismo siglo xxi, venezuela today.

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La revolución, ente abstracto, inanimado, tal vez no; pero en toda época y latitud sus partidarios suelen ser, filosóficamente hablando, platónicos. Sí: antes que marxistas, maoístas, trotskistas, anarquistas, gramscianos, guevaristas, reformistas, libremercadistas, inventistas o, en fin, émulos de cualquier contemporáneo “ismo”, son o parecen ser, con las excepciones de rigor, seguidores convencidos del viejo Platón. Y si la afirmación resulta demasiado aventurada, restrínjase entonces, por favor, al campo de la apreciación estética: para el “aparatchnik”, para el militante duro, para el cuadro de la revolución, el antiguo y primigenio axioma griego sigue siendo válido: si es útil, es bueno; si es bueno, es bello. Es revolucionario.

En algún momento de muy principios de segunda década d’este venturoso siglo, y de la mano de aquello que mientan chavismo cool, apareció Omar Acedo en las tarimas bolivarianas. No Tves, no: las de calle, las de las marchas y las grandes concentraciones. Y entonces, bíblica y platónicamente, no sólo fue bueno y bello el muchacho, como dijera de siempre su mamá, sino que resultaron revolucionarias sus músicas.

Esas, las de siempre: la baladita pop (“…Tienes la sonrisa/ que me paraliza/ y que a mí me hipnotiza…”), el merengazo, el reguetoneo: “Por qué me mirah así, baby,/ si yo te quiero pa’mí, pa’mí (…) Y tú sabeh que te gusta,/ sabeh que te gusta,/ a ti te gusta./ Cuando estáh solita conmigo/ tú lo disfrutah./ Sabeh que te gusta”.

Más luego, sin sustitución, en honesto intercalamiento, vendrían –mismos ritmos– otros arjónicos versos. La llamada revolución bolivariana, el mismo Chávez en persona y en vida, se oirían cantar en la voz y la imaginería y las estéticas de Omar Acedo. MTV™®.

No hay encuestas, pero a veces Google puede ser tanto estadística como sociología: googleas “canciones chavistas” y, como en el top ten radiofónico, de primer resultado podrá salir lo que sea, pero no faltará Omar Acedo.

En la página http://albaciudad.org hay todavía, de 2013, un enlace para descargar “76 canciones para la campaña Chávez y Maduro”: Roberto Antonio; Hany Kauam, Omar Enrique y Los Cadillac’s;  Hany Kauam, Omar Enrique y el Potro Álvarez; Oromashis; Omar Acedo. En ese orden. Abajo, muy abajo, Alí Primera, Lilia Vera, Eneas Perdomo. Cerrando casi, Julián Conrado.

En olabolivariana.org.ve se informaba, 30/11/2015, que “el panita Omar Acedo compuso un nuevo tema, ‘Yo sí quiero a Venezuela”, y para invitar a descargarlo se lanzaba este anzuelo: “Este hit chavista fue grabado en hermosos paisajes de Venezuela, y en él se pueden observar imágenes alusivas de nuestra Generación de Oro, del Comandante Hugo Chávez y del presidente obrero Nicolás Maduro, entre otros. En el video también participan las talentosas animadoras de Tves Layla Succar y Susej Vera y la actriz Gigi Zanchetta”.

En túiter, posteaba Jorge Rodríguez: “Miren este videíto con música de mi pana Omar Acedo: sube sube sube sube, sube el psuv”

En Con el Mazo Dando, VTV, anunciaba el 22/04/2014 Diosdado Cabello: “…me dice Daniella Cabello, mi hija, que junto con Omar Acedo tienen una canción que debe comenzar la semana que viene, una canción homenaje al comandante Chávez, que se llama ‘Invencible”.

“Invencible comandaaaante/ imposible olvidaaaarte/ Invencible comandaaaante/ Nuestro líder es un gigaaaante”.

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“Es falso’, así respondió Michael Garret, road manager del cantante, sobre la interrogante ante el rumor de la participación del zuliano en el nuevo tema de la campaña del presidente Hugo Chávez.

“Hace tres días, María Gabriela Chávez (…) colgó una fotografía donde sale acompañada por el zuliano Omar Acedo, Los Cadillac’s y un grupo de amigos en Coco Thai & Lounge, un restaurante de Caracas. Se trató de un compartir (…) Pese a la vinculación política que Los Cadillac’s tienen con el Gobierno, la amistad con Omar Acedo se mantiene (…) El road manager afirmó a La Verdad que ‘Omar Acedo no va a grabar ningún tema para el oficialismo (…) El hecho de que se tome una foto donde aparezca la hija de Chávez no quiere decir que está metido en el tema (…) Omar no tiene ninguna participación allí (…) Omar no lo va a hacer y nosotros no se lo vamos a permitir”.

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“Entramos en una coyuntura de país donde a todos nos tocó defender la bandera política… No es secreto que he militado en un proceso, desde mi perspectiva, que considero positivo. Como todo, tiene sus cosas positivas y sus cosas negativas”

Omar Acedo, entrevistado en Globovisión, abril 12, 2014.

“–¿Ha temido condenar su carrera artística por vincularla tanto con campañas políticas oficialistas?

“–Es imposible condenarla cuando haces música universal con un toque comercial y tocas la realidad de muchas personas, que puede gustarle o identificar a un chavista o a un opositor por igual, ya que cualquier persona se puede enamorar o puede ser juzgado sin conocer su realidad y sus verdaderos sentimientos. Mi música no tiene tilde político, a menos que forme parte de una campaña. Son dos cosas distintas”.

Omar Acedo, entrevista en El Universal, viernes 26 de septiembre de 2014.

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Preguntas. Para quienes sepan, quienes saben de arte:

¿Pablo Picasso fue un revolucionario que pintaba o un pintor que revolucionaba? ¿Guernica es un cuadro revolucionario porque se titula Guernica o porque esos cuerpos y alaridos geométricamente desgarrados dieron nueva forma y nuevo contenido al sufrimiento y la esperanza humanas?

Johann Sebastian Bach, tan todo clero, tan todo nobleza, ¿no revolucionó nada?

Y los chamos de, pongamos, C4Trío, y todo esos que al alma de la música venezolana han insuflado alma nueva, ¿qué son?

Y sigamos poniendo, ya que estamos: si a los Backstreet Boys, a Rihanna, a Lady Gaga, a Maroon5, se les pone a cantar “Techos de cartón”, ¿se convierten en Picassos, en Bach, en C4Trío, en Alí Primera?

¿A “We Are the World” tan solo hay que cambiarle la letra?

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Daniella Cabello y Omar Acedo desfilaron en la alfombra azul de los premios Pepsi Music
Daniella Cabello y Omar Acedo desfilaron en la alfombra azul de los premios Pepsi Music/ Foto: Panorama

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Anchas y ajenas sean las viñas del Señor, que para todo hay espacio.

También, por dios, para este chico Omar. Tenaz y tesonero: ah muchacho pa’ porfiao y perseverante. Ego sólido y firme no le falta, y a gente así tan segura de sí misma hará cualquiera bien en creerle, porque su más íntima verdad se le desborda. En cada canción suya, o casi, se las arregla para incluir su propio nombre. Y si no, en cada presentación, de primerísimo, suelta su grito de guerra, su agárrame este trompo en la uña, cultura pop-ular:

–¿Tú sabes quién soy yo? ¡Omar Acedo!

El cantantico, pueh.


Hernán Carrera
Supuesto Negado