El plan Guaidó: 11 de abril a cuentagotas

El éxito de la estrategia asumida por la oposición dependerá de los apoyos que pueda conseguir principalmente en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, en los cuerpos de seguridad del Estado o en alguno de los poderes controlados por el chavismo.

Como trasfondo y poderoso elemento para la coacción, los actores internacionales que dirigen esta operación a gran escala van a aprovechar la supuesta “dualidad” de poderes para redoblar su ofensiva en el plano económico, lo que hace pensar en tiempos todavía más difíciles para un país que ya ha transitado por varios años de crisis económica y más de uno de hiperinflación.

Diablos sueltos

Los demonios están desatados en procura de esos apoyos. Se les busca por las buenas, mediante el ofrecimiento de villas y castillos, y también por las malas, con toda clase de amenazas, chantajes y extorsiones.

En las dos primeras semanas se han visto los síntomas de esta labor disolvente. El primero fue la huida del país del magistrado del Tribunal Supremo de Justicia Christian Zerpa hacia Estados Unidos, donde vivió sus warholianos 15 minutos de celebridad. Aunque resultó ser un personaje bastante gris, el objetivo de la jugada se cumplió, al poner en duda el apoyo pleno del Poder Judicial al Gobierno del presidente Maduro. También pretendió mostrarles a otros funcionarios de alto rango que aún pueden salvarse de ser triturados por la maquinaria que desatará su furia una vez que el chavismo sea depuesto.

Zerpa fue identificado como eslabón vulnerable debido a los enfrentamientos que había tenido con Maikel Moreno, el presidente del TSJ, y también por tener una investigación abierta ante el Consejo Moral Republicano por presuntas denuncias internas del personal a su cargo. Colocado en tan comprometida situación, optó por irse a EE.UU. y ofrecer ser testigo de cualquier acusación que se decida contra Maduro y su Gobierno.

El segundo episodio de la trama de disidencias ocurrió el domingo con el montaje de la captura y “secuestro” (así se acordó llamarlo en medios opositores) del presidente de la AN, Juan Guaidó, por funcionarios del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin). En altos círculos oficiales no se descarta que este cuerpo sea uno de los más proclives a las rupturas de la lealtad, tal como ocurrió en 2002 con su antecesora, la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención (Disip).

La pregunta que muchos se formulan es si ese trabajo corrosivo logrará algún resultado entre los militares activos. El propósito de los conjurados es lograr un pronunciamiento contundente de parte de altos mandos o, al menos, iniciar un proceso de “goteo” como el de 2002, que dio origen al fenómeno de la plaza Altamira.

“Lo importante es que estas deserciones, hipotéticas o reales, no pongan en duda la lealtad de la mayoría abrumadora de los cuadros militares y policiales hacia la Constitución Bolivariana y su comandante en jefe, Nicolás Maduro”, comentó un funcionario de alto nivel que pidió no ser nombrado porque el Gobierno adoptó un sistema de vocerías centralizadas con respecto a este tipo de temas.

Todo está planificado

Luego de la elección de Guaidó como presidente de la AN y de que este emitiera ambiguas declaraciones acerca de si asumiría o no la supuesta presidencia interina, cundió el desconcierto en filas opositoras. Los extremistas le exigieron al diputado que se declarase de inmediato presidente legítimo de la república, mientras él, luego del llamado cabildo abierto, convocó a los militares a darle respaldo. Muchos observadores pensaron que se trataba de nuevas cadenas de hechos desafortunados por parte de la oposición. Sin embargo, un viejo político, Gustavo Tarre Briceño, encendió una luz de optimismo al decir que “todo lo que está pasando” está milimétricamente planificado desde 2018.

Según puede entenderse, cuando este personaje (que dice ser asesor de la oposición) utiliza la expresión “todo lo que está pasando”, se refiere incluso al incidente del Sebin con Guaidó, lo que parece confirmar la tesis de que no fue algo contra él sino parte de una gran olla destinada a causar inestabilidad y darle excusas a los Gobiernos extranjeros para actuar contra Venezuela, incluso por medio de la fuerza.

El eterno retorno: la marcha que termina en violencia

Como en tantos otros planes previamente desarrollados por la oposición y sus aliados externos, el que se encuentra en marcha parece depender de un detonante, un evento que sirva de gatillo para disparar un clima de caos que haga creíble la tesis de que Venezuela está sometida a una tiranía y que, en consecuencia, necesita de una intervención multinacional.

La extraña detención de Guaidó pudo haber sido ese evento, pero el Gobierno conjuró la amenaza al desactivar la operación y someter a investigación a sus autores materiales.

Según expertos en inteligencia y estudiosos de procesos similares ocurridos en otros países asediados por EE.UU., el hecho detonante podría ocurrir en cualquier parte y en cualquier momento: desde un atentado selectivo contra una persona del Gobierno o de la oposición hasta un disturbio causado por motivos ajenos a la confrontación política, como los enfrentamientos que protagonizaron los bachaqueros en el mercado de Las Pulgas, en Maracaibo.

La crisis generalizada de los servicios públicos es un vasto caldo de cultivo para ese tipo de focos de violencia que luego pueden causar un gran incendio. En los primeros lugares se ubican los prolongados apagones, como el que se produjo también en la capital zuliana el mismo fin de semana del incidente de Guaidó.

Otro clásico catalizador de la reacción popular es el que se usó en abril de 2002, cuando se perpetró la matanza de Puente Llaguno, a cargo de francotiradores. En esta oportunidad, las máximas alertas se circunscriben a la actividad convocada para el 23 de enero a escala nacional.

El modelo libio

Al margen de que la oposición logre o no crear nuevamente un clima de agitación callejera (que desapareció a partir de agosto de 2017, tras la elección de la Asamblea Nacional Constituyente), el plan derivado del paralelismo de poderes tiene todo un arsenal disponible. La mayor parte de esas armas son para ser manejadas por los actores extranjeros de la conspiración, principalmente EE.UU., la Unión Europea y los Gobiernos del Grupo de Lima.

Esta operación sería bastante similar al modelo aplicado a Libia, cuyo Gobierno fue declarado ilegítimo por los países que integraron luego la coalición encargada de prácticamente destruir la nación africana. Entonces se designó un Consejo Nacional de Transición que de inmediato contó con el reconocimiento de las grandes potencias, incluso en el aspecto financiero. Es posible que esto ocurra con Venezuela si, por ejemplo, EE.UU. y sus naciones aliadas en la región deciden que solo se entenderán con el Gobierno designado por la Asamblea Nacional para los efectos pago de deuda y negociación de activos como la firma Citgo. En la práctica, se le daría una nueva y muy poderosa vuelta al torniquete que se le ha aplicado a Venezuela mediante las llamadas “sanciones”.

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Por Clodovaldo Hernández / Supuesto Negado