Quienes claman por la intervención militar se quedan sin aliados internos

Invasión

Una oposición que se debate entre caníbales cuenta sus días entre acusaciones y señalamientos hechos desde fragmentos, casi literalmente atrincherados, algunos inclusive increpando la llegada de los presuntos rubios marines que se acercarían a nuestras costas a conquistar para sus intereses nuestras tierras.

Van desde los ex-chavistas como Nicmer Evans quien en reciente artículo abdicaba a pensar que alguna vez había sido chavista hasta las clásicas mantuanas como María Corina Machado, una de las pocas exponentes del sector “queremos la invasión” que aún permanecen en el país.

Entre medio se van difuminando las viejas socialdemocracias y el socialcristianismo, de por si ya divididos en mil pedazos. Deambulan lujosamente las cúpulas de Voluntad Popular y Primero Justicia, quienes parecen haber dejado a su suerte a sus “soldados”, mientras ellos dirigen a control remoto sus extrañas formas de alcanzar el Gobierno.

Recientemente en entrevista con José Vicente Rangel, el dirigente “falconista”, Timoteo Zambrano describía así la tragedia griega de la oposición, citó que al menos eran tres agrupaciones: “Una mucho más radical, que busca sanciones e intervención extranjera; una más flexible pero que también cayó en el error de la abstención; y la tercera, de la cual formo parte, que deriva de las elecciones del 20 de mayo, que cree en la participación electoral, cree en la paz, en la protesta y manifestaciones pacíficas, que cree en el diálogo y la negociación política, y entiende la política internacional desde la cooperación y no desde la injerencia”.

Los invasores

La mayoría de los dirigentes de la oposición que apuestan a la invasión de Venezuela se encuentran fuera del país. El jefe de este sector pareciera ser alguien que nació lejos de estas tierras, se trata del senador estadounidense Marco Rubio, con él sostienen periódicamente reuniones personajes como Julio Borges, Antonio Ledezma y Carlos Vecchio.

El centro de operaciones de este sector apunta su brújula a Bogotá. Por ejemplo, allí en el mes de agosto, Ledezma junto a Vecchio y Borges “estrenaron” en funciones al nuevo canciller colombiano Carlos Olmes Trujillo, a quien entre otras cosas solicitó el alcalde metropolitano: que el presidente Duque se convierta en el artífice de la solidaridad efectiva de todos los gobiernos latinoamericanos en consolidar la tarea que tiene pendiente el Grupo de Lima con la aplicación de sanciones en este continente, tal como se ha hecho en Europa, Canadá y Estados Unidos”.

Ledezma también estuvo en la investidura de Iván Duque y allí manifestó que Colombia sería “crucial” en la “liberación” de Venezuela.

El propio Ledezma sintetiza la postura de este bando: “el principio de autodeterminación de los pueblos debe dar preeminencia al principio de injerencia humanitaria”.

Debemos recordar también cómo en el año 2017, Julio Borges se encargó de denominar a la emigración venezolana como una “enfermedad contagiosa”.

Actualmente a este grupo le hace falta el “picante” que le ponía Rajoy desde Madrid, como “capital” europea de los solicitantes de intervenciones. La llegada de Pedro Sánchez parece que humedeció un poco la parrilla de finas carnes que suelen degustar estos “valientes” dirigentes a control remoto.

Al sector de “los invasores” pertenece también díscolamente María Corina Machado, a ella hay que reconocerle que o vive en Venezuela o por lo menos trata de visitar frecuentemente nuestro país, mientras pide la invasión del país.

En la misma onda de María Corina anda Andrés Velásquez, ¿alguien se imaginaría hace 25 años que el candidato de La Causa R en las elecciones de 1993 sería uno de los que hoy en día pidiera a coro: ¡intervención, intervención!

Los flexibles

Estiran y encogen como los viejos chicles bomba que la crisis se llevó (afortunadamente para nuestras dentaduras). Están ubicados en la vieja socialdemocracia, que ya poco piensa como tal. Ellos son a veces sí a veces no.

Henry Ramos Allup, Manuel Rosales y Omar Barboza son algunos de los visibles de este grupo. Con ellos sostuvo reuniones el sector de Henri Falcón para instarlos a participar, por ejemplo en los comicios municipales del próximo diciembre. Hasta ahora todo fue infructuoso.

El dirigente adeco Carlos Prósperi anunció incluso que no cumplirían los pasos solicitados por el CNE para renovar la matrícula de sus partidos ente el organismo electoral. Para las elecciones presidenciales de abril, también embarcaron –luego de algunos titubeos– a Henri Falcón en su afán de encarnizar las banderas de la oposición como candidato a la jefatura de Estado.

Usted no suele escucharlos llamando a una invasión, pero tampoco los escuchará condenándola. Por allí por el mes de agosto Ramos Allup dijo que había que “echarle bolas aquí”.

Una de las últimas adquisiciones de este grupo fue Luis Florido quien a su renuncia de la MUD desató un vendaval de insultos. Florido había dicho en mayo que no era de “apátridas” pedir la solidaridad internacional para una intervención “humanitaria” en el país. Era un frecuente solicitador de ayudas a Almagro (él mismo que pide consensos para invadir el país).

Hace una semana nos enteramos de que Luis Florido había adquirido la nacionalidad española. Sin embargo, en septiembre cambió su postura en torno a la intervención: “Hay distintos actores hablando de distintas cosas, representándose a sí mismos, algunos pidiendo intervención militar. Hay que dividir muy claramente lo que es la intervención humanitaria, lo que está establecido en la ONU que es la necesidad de proteger a un pueblo oprimido. Una cosa muy distinta es abrir un canal humanitario en Venezuela a pedir una intervención militar. Quien pide una intervención militar definitivamente no tiene familia en Venezuela”.

Eso significó cadenas de insultos y señalamientos contra Florido ¿sería esa la razón para que se fuera a España?

No sabemos que piensan ustedes pero Capriles Radonsky venido a menos podría ser incluído en este grupo, claro, dejando claro que allí la amplitud se pasa de garrote, el exgobernador mirandino pasa de los llamados a la violencia extrema hasta mostrarse autosecuestrado entre los intransigentes de la salida de fuerza.

Los que se quedan

Siguiendo la receta de Timoteo Zambrano, nos queda el sector de los que se quedan y han señalado a veces muy tímidamente que no se intervenga militarmente al país y que los problemas se resuelvan entre los venezolanos.

Entre ellos están Henri Falcón, Felipe Mujica, Eduardo Semtei y por supuesto el propio Zambrano. No quiere decir que no hayan pasado por los coqueteos con la injerencia. Cuando todos estaban en la MUD hubo silencios y más silencios frente a lo que se tramaba desde Washington o Bogotá, guarimbas, cónclaves en la OEA y pare usted de contar.

El chantaje de la traición

Como en las extintas MUD y Coordinadora Democrática todos bailaban los compases del mismo tango, los invasores no perdonan a los que se quedan, que se olviden que alguna vez estuvieron juntos en sus aventuras.

En junio, Leopoldo López calificó como un “traidor que actúa a la libre” a Luis Florido. Andrés Oppenheimer, operador comunicacional de los más violentos de la oposición llegó también a calificar a Henri Falcón como “el mayor traidor de Venezuela”.

Por allí va operando el bullying político desde Miami o Bogotá, todo el que se va quedando o se separa un poco del dibujo de la violencia es calificado como traidor. Ni siquiera los flexibles se salvan.

En diciembre del año pasado Manuel Rosales también se llevó lo suyo en el otro epicentro de operaciones de los violentos: la Florida mayamera. Allí uno de esos mal llamados “escrachadores” lo hostigó y le dijo “Eres un traidor, desgraciando al pueblo venezolano. Eres un sucio”.

Es por ello que Ramos Allup dijo hace un par de días que “Así nos insulte y nos maltrate un sector recalcitrante de la supuesta oposición, los únicos logros que hemos tenido ha sido cuando hemos actuado juntos y con inteligencia, y concurrido a procesos electorales”.

Por allí van… en el mismo lodo anduvieron haciendo política. Eso sí, bien para los que cualquiera sea su opinión y propuesta política pero se sienten venezolanos y dejan de apostar por una invasión o intervención humanitaria.

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Por Chevige González Marcó / Supuesto Negado