¿Cómo se puede comprender el sifrinaje en Venezuela?


El sifrinaje es el ethos cultural sedimentado por diferentes oleadas de migraciones europeas a Venezuela. Ciertamente la oposición actual tiene  componentes populares provenientes del “ascenso social” de un Estado “adeco” y un país petrolero. Pero el “sifrinaje” es el sujeto que dirige, financia e impone los criterios en la oposición política. Anteriormente llamado “mantuanaje”, ha ocupado históricamente la cúpula de la obtención de riqueza y reacciona con virulencia ante cualquier intento de democratización social. Su impronta como oligarquía importadora le facilita una alianza “natural” con los sectores de poder norteamericanos, especialmente con los republicanos, y con el lobby de su compañero de aventura: el anticastrismo cubano. El chavismo es el sujeto político que emerge para confrontar la pretensión de perpetuación de poder de las élites quienes se ampararon en una forma de comprensión del “acontecimiento-Chávez” desde la inmediata “patologización del chavismo”; del chavismo como “enfermedad”, como “populismo”, “demagogia”, “ignorancia”. El chavismo dotó de sentido a partidarios y detractores, poniendo los temas de clase, procedencia y gusto en el centro de la diatriba.
 Lo explica desde la lógica norteamericana el intelectual republicano David Frum en su artículo Venezuela: ¿abandonará el Chavismo?:
“nadie había sido mejor vocero de los resentimientos y anhelos de sus clases subordinadas que Hugo Chávez. En una nación cuya élite históricamente parecía europea, el rostro de Chávez proclamaba su ascendencia indígena y esclavos africanos. Él bromeaba, se enfurecía, le concedía favores a los barrios y se hizo enemigo de las tradicionales clases altas” (http://mexico.cnn.com/opinion/2014/02/18/opinion-venezuela-abandonara-el-chavismo).
 En palabras anglosajonas aquí lo que hay es una rebelión de “los marrones” como define ese saber occidental el “indiaje” y negraje devenido “pardaje” como sujeto histórico-político de todo el Caribe como muy bien nos lo describe Juan Bosch.
El sociólogo Briceño León cuando afirma que la “sociedad venezolana es vergonzosamente racista” investiga a las “clases 1: los ricos” y descubre que sus miembros son “blancos-blancos”, o “blancos europeos” y que en Venezuela hay una relación proporcionalmente inversa entre capital y negritud. Su tesis es que “a mayor capital existe menor oscuridad en la piel” y que el ascenso social queda reducido a determinadas actividades económicas pero nunca a todas, “nunca a la mediana o gran industria” por ejemplo. En su investigación demuestra que es en las “clases 2: los nuevos ricos” y la clase 3: “la clase media en ascenso” donde los “oscuros de piel” comienzan a pasar “los filtros sociales con más facilidad” (Las clases sociales en Venezuela, pág. 151). La clase alta posee una fuerte influencia sobre las capas medias, “recién ascendidos” y los llamados “nuevos ricos” quienes tienen varias generaciones en la cúpula económica nacional pero sin el “linaje” exigido para ser incorporados a la clase propiamente alta, culturalmente alta. Este complejo social permite hablar de clases altas y alinear en ese concepto a las clases medias donde se produce el Sifrinismo como ideología.
Por su parte, explicará el filósofo Briceño Guerrero que el discurso mantuano (occidental-europeo) en lo material está ligado a un sistema social de nobleza heredada, jerarquía y privilegio que en la práctica (…) sólo dejó como vía de ascenso socioeconómico la remota y ardua del blanqueamiento racial y la occidentalización cultural a través del mestizaje y la educación, doble vía exasperante, sembrada de obstáculos legales y prejuicios escalonados” (El laberinto de los tres minotauros, pág. VIII).
El sifrinaje entonces lleva decenas de generaciones acaudillado en el país. Nunca ha permitido el “entrecruzamiento racial”, ni siquiera con los “orilleros” como aún hoy denominan a los europeos que no tienen “linaje”, como la supermillonaria familia Cisneros. Buscan filiación con las familias que llegaron en diferentes oleadas de castas del norte de Europa: Phelps, Vollmer, Blohm, Zingg, Van Dam por poner los ejemplos más notorios. Ese cerramiento familiar lleva a algunos a hablar de “taras” lo que siempre fue uno de los rumores clásicos entre los sectores populares para “burlarse” de sus opresores. Pero también se convirtió en tesis doctoral que llevó a la expulsión del psiquiatra e historiador Herrera Luque de la Facultad de Medicina de la UCV.

Por Ociel Alí López. Extraído del libro ¡Dale más gasolina!: Chavismo, sifrinismo y burocracia. Edit. Casa de las Letras Andres Bello. Caracas. 2015. Disponible en Kalé