Carlos Vecchio: Un actor de peso en el libreto del golpe

Pudo haber tenido éxito como actor de telenovelas. Tiene el fenotipo y una clara tendencia al melodrama y a las frases histriónicas. Se llama Carlos Vecchio y en el libreto del golpe de Estado que intenta completar Donald Trump en Venezuela, él es uno de los protagonistas.

Este personaje de la extrema derecha venezolana es tan importante en ese guion que encabeza el casi desconocido actor Juan Guaidó, que lo han designado “encargado de negocios” en Estados Unidos.

Es, como todos los “funcionarios” nombrados por el Gobierno pretendidamente paralelo, un encargado de negocios muy especial. Se trata, en la práctica, de un diplomático designado por el país que lo acoge, no por el que lo envía, y su función inicial es evitar que el dinero, fruto de los negocios bilaterales, llegue a la nación a la que supuestamente representa.

No es algo nuevo. Vecchio ha sido uno de los principales responsables de todas las represalias unilaterales e ilegales que Estados Unidos y otros países han tomado contra Venezuela. Al lado de otros personajes de su mismo linaje, como Julio Borges y Antonio Ledezma, ha realizado largas giras por las grandes capitales del mundo occidental para solicitar las mal llamadas sanciones.

Es un trabajo para el que se requiere una catadura moral muy particular: viajar de Washington a Londres; de Londres a Berlín; de Berlín a París; de París a Bruselas; de Bruselas a Madrid; de Madrid a Nueva York, y luego a Bogotá, a Brasilia, a Santiago, a Buenos Aires, siempre en hoteles de lujo, concertando reuniones en restaurantes de cinco tenedores, siempre procurando que otros países bloqueen al tuyo, que saboteen las compras de alimentos y medicinas, que “ayuden” a que tus compatriotas la pasen cada día peor.

No parece propiamente la labor de un héroe patrio, pero para eso existen los escritores de telenovelas y de guiones hollywoodenses. En ellos, Vecchio es uno de nuestros capitanes América, parecidos a esos a los que les reza un sacerdote algo desmelenado allá en Mérida.

Él mismo, con la ayuda de sus guionistas (incluyendo un batallón de periodistas e influencers de Miami y de Caracas) se ha construido una narrativa épica. Dice que vivió varios meses en la clandestinidad hasta que logró evadírsele, no a la policía o a las autoridades del Saime, sino a Nicolás Maduro y a Diosdado Cabello.

En esa versión del relato (que en eso no es nada original), Vecchio es un perseguido político. La realidad jurídica del asunto es que en Venezuela se le solicita por los presuntos delitos de incendio intencional, instigación pública, daño a propiedades y asociación para delinquir, un paquete de transgresiones a la ley que puede resumirse en una frase: ser un guarimbero.

Por cierto, en lo que se refiere a la imputación de Vecchio es posible observar una de esas curiosidades generadas por el carrusel de las traiciones y los saltos de talanquera: la acción legal data del 17 de febrero de 2014, lo que significa que fue ejercida por el Ministerio Público que entonces encabezaba la fiscal Luisa Ortega Díaz, ahora compañera de su imputado en las luchas desde el exilio. Otro giro, sin duda, telenovelesco.

Puras joyitas

En sus giras por las ciudades de la alianza global contra la revolución bolivariana, Vecchio ha viajado con los dirigentes ya mencionados. Pero, no contento con la junta de tantas buenas reputaciones, se ha reunido con la flor y nata del antichavismo mundial, incluyendo algunos que luego, súbitamente, han caído en desgracia, como Mariano Rajoy y Pedro Pablo Kuczynski. Estos infortunios, por cierto, han dado fuelle a versiones según las cuales los opositores venezolanos son portadores de algún tipo de encantamiento negativo. Pero esas son meras especulaciones.

Lo verdadero es que Vecchio se ha hecho tan amigo de los grandes figurantes contrarrevolucionarios de la escena internacional que algunos de ellos hasta se han incorporado a su equipo de guionistas.

Tal es el caso del secretario de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro, quien accedió a prologar su libro titulado Libres, el nacimiento de una Venezuela.  El excanciller uruguayo escribió allí un párrafo digno de tener un acompañamiento de violines: “La distancia recorrida por Vecchio de Caripe a Miami ha quedado marcada centímetro a centímetro por su coraje, pero fundamentalmente por su profundo sentido humano. El camino de regreso será el de la libertad de Venezuela”.

La obra tiene una presentación de su jefe político (en Venezuela, que allá es otro) Leopoldo López, quien intentó no quedarse atrás en dramatismo, solo que Almagro se la puso difícil: “El testimonio de este libro quedará en nuestra historia como un reflejo de los duros años que hemos vivido en dictadura”.

Vecchio, retado por tan fuertes competidores, sacó a relucir sus mejores dotes actorales y dijo: “Hay una pregunta que seguramente mi hijo Sebastián me hará y que tendré que afrontar: ¿Papá, por qué no nací en Venezuela? Preguntas similares se la hacen a millones de venezolanos. ¿Papá, por qué nos fuimos del país? ¿A qué se debe la crisis y la división que vivimos ? A partir de allí sentí la obligación de responder no solo a mi hijo, sino a todos los venezolanos que una y otra vez se preguntan ¿por qué tuvimos que irnos de Venezuela?, ¿cómo llegamos hasta aquí y cómo saldremos de la crisis?”.

Chismes y paparazzi

Quizá en lo que más se parece la vida de Vecchio a la de un actor de telenovelas es en que se ha visto envuelto en chismes y ha sido asediado por los paparazzi.

La habladuría más caliente de la que ha sido víctima es la andanada de mensajes en redes sociales que le atribuyeron un romance nada menos que con Lilian Tintori, la esposa de su jefe político (en Venezuela… nadie vaya a involucrar a Melania), Leopoldo López.

La canalla mediática y tuitera se basó en las fotografías y los videos que se tomaron durante los numerosos viajes que Tintori hizo a Miami y a otros lugares donde coincidió con Vecchio en sus luchas por la libertad y la democracia. Algo alimentó los corrillos: algunas locaciones no fueron propiamente reveladoras de un duro exilio, sino de momentos de relax en bares y lugares por el estilo.

El chisme llegó a su extremo de perversión cuando se hizo público el estado de gravidez de Tintori, un hecho que parecía contradecir sus propias denuncias acerca de que las autoridades de la cárcel de Ramo Verde no le habían autorizado las visitas conyugales a su marido. Terribles lenguas se dedicaron entonces a difundir retorcidas versiones de infidelidad, propias de una teleculebra, en las que Vecchio aparecía en rol de galán.

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Por Clodovaldo Hernández / Supuesto Negado