DE POKÉMON GO A SUPERBOLÍVAR

 

Superbolívar ha sido una iniciativa exitosa, extendida en “canaimitas” y reveladoras de que en Venezuela pueden gustar masivamente nuestros vídeo games.


¿QUIÉN HABLA DE LA VENEZUELA CIBERNÉTICA?

Hace unos años, y para variar, un político hizo el ridículo. No diremos quién ni de qué partido, pero con la salida del juego Mercenaries 2, cuyo escenario es Venezuela, se desarrolló una histeria entre los funcionarios que llevó a la promulgación de la “Ley para la Prohibición de Videojuegos y Juguetes Bélicos” pues el juego, supuestamente, “vendía” una invasión a Venezuela. En su momento un gamer -jugador- chavista desmontó toda esa tontería y hasta se comunicó con el creador del juego Matthew Colville.  Y que tenía que decir Matthew:

Fijate, yo me considero socialista. Es decir, pienso que las personas que realizan el trabajo deben controlar directamente los medios de producción. Las corporaciones, por definición, son perversas y atentan contra el proceso democrático”.

Por razones largas de explicar, muchos programadores tienen ideas de izquierda, y el juego Mercenaries 2 tenía una dedicatoria que, por supuesto, los políticos no leyeron: ”Thanks to The Bolivarian Revolution: Un mundo mejor es necesario”.  Pero la histeria que hubo con ese juego ha resurgido, de otra forma con Pokemon Go, y tenemos un montón de gente de derecha diciendo que el juego es “nihilista” y otra de izquierda que dice que es “alienante”, ustedes escojan. Pokemon Go es un juego de realidad aumentada, es decir, te mueves en el mundo real y con un teléfono te aparece superpuesto a los lugares reales la  información sobre ellos, por ejemplo, donde venden cierto producto o qué exposición hay en un museo. Pokemon Go usa esto para que el jugador pueda ir por su ciudad “cazando pokemones”, pequeños animales caricaturescos, parte de una franquicia propiedad del coloso Nintendo, todo el mundo conoce a los Pokemones gracias al meme de  la tortuga que dice “vamo a calmano”. Pero con Pokemon Go la gente no se calma: el juego se puso de moda y la idea de cazar en la ciudad seres imaginarios le ha parecido divertida a mucha gente. Tal vez a demasiada.

Pokemon Go es una moda y esa moda pasará. Pero no es el único juego de realidad aumentada y está lejos de ser el mejor. Pero cuando la moda pase la gente seguirá jugando y no lo dudemos. Los venezolanos son gamers: casi todo venezolano de menos de 40 ha jugado algún videojuego, alguna vez y muchos lo hacen constantemente. Así que esta es la cruda realidad: los videojuegos no son para niños, no son eurocentristas, no son alienantes, no son siempre “propaganda del imperialismo”, o mejor dicho, hay todo tipo de juegos para todo tipo de gente igual que hay canciones y bailes para todos los gustos. Hay desde los que se juegan con el teléfono hasta otros para construir universos enteros o fabricar moléculas.

Otra cruda realidad: en el barrio se juega y  se juega bastante, hay toda una recepción de la tecnología en los barrios de la que no se habla mucho porque es más cómodo hablar de ellos desde el costumbrismo, pero ahí se han jugado mucho, no solo juegos violentos como Call of Duty y Counterstrike, sino cambien juegos de rol en línea además de los sencillitos para matar el rato. En un país donde todo el mundo tiene un teléfono celular, un facebook y una tarjeta de débito, ya no cabe seguir con el costumbrismo, es la Venezuela cibernética  de la que sabemos muy poco, y  que abarca desde el pran de la cárcel al muchacho de liceo, desde el sifrino que habla con su pana en Barcelona España,  al burócrata aburrido que juega Angri Birds en lugar de sacar los cheques. El boom petrolero que hizo sencillo comprar computadores y poner antenas de Directv, unido a políticas públicas como la entrega de las canaimitas y otras  para aumentar el acceso a Internet y difundir la televisión digital, han cambiado la relación de los venezolanos con la tecnología.

No solo se trata de juegos como Counter Strike que fueron abrazados por los chamos que le ponían a los escenarios nombres como “Puente Llaguno” y escogían seudónimos chavistas o escuálidos, es que hay programadores y gamers en Venezuela que están luchando para que nazca  una industria del videojuego.  Los creadores de videojuegos venezolanos abarcan todo el espectro político, José Rafael Marcano de Mediatech se las arregló para obtener una licencia de Gõ Nagai, creador de Mazinger Z, y creó  el videojuego “Mazinger  vs. Gran Mazinger” y otro llamado “El mundo de Umi”. Por su parte, Lulzware es un estudio de creación de videojuegos cercano a la revolución bolivariana, ha creado dos videojuegos basados en la figura de Bolívar “se nos ocurrió hacer un videojuego de Bolívar, comenzamos haciendo el sueño de Bolívar para las canaimas y continuamos haciendo Súper Bolívar para los dispositivos móviles y las tablets” dijeron los entrevistados por el Canal 8. En este punto tienen empleadas 21 personas, entre programadores y diseñadores.
Cada videojuego plantea una relación distinta entre el jugador con el mundo ficticio, con otros jugadores y con el creador, algunos son negocios, otros herramientas pedagógicas, otros publicidad, otros pura diversión. Pero el videojuego tiene la cualidad de ser el encuentro directo entre el arte y la tecnología, dos mundos que, se nos ha hecho pensar, son por naturaleza opuestos, por eso las posibilidades creativas que tiene son inmensas. En fin, es fácil, muy fácil, hacer una crítica al extractivismo y clamar que el país deje vender materias primas. Pero la alternativa al extractivismo es la creación de valor, el desarrollo de tecnología y de saber. Implica que seamos capaces de generar tecnología a todo nivel, de generar mucho valor agregado y de eso forma parte tanto la industria de la informática como la industria cultural. La primera apenas nace, en la segunda, en su momento, tuvimos alguna importancia aunque, sobre todo, exportando telenovelas. Tal vez este período de crisis es una buena oportunidad para que una industria cultural venezolana le aporte al mundo algo más que melodramas o, tal vez, un juego de La Dueña en plataforma multijugador.