¿PUEDEN TUMBAR GOBIERNOS LOS COMMUNITY MANAGERS?

Community Managers

El Community Manager es la última de varias figuras nacidas con el internet y las redes sociales.

Desde el nacimiento del internet con los administradores de los primeros foros de internet hasta los bloggers han existido figuras parecidas, encargadas de gestionarlas y producir contenido para comunidades virtuales.

Figuras como el CM que han reemplazado a los editores de las revistas como organizadores de la comunicación social, pero como ellos no solo ponen contenido al alcance de los miembros de la comunidad sino que respondían a sus inquietudes y le daban un sentido a la publicación. Así que si en un sentido este trabajo es completamente nuevo, también es centenario.

Aunque en estos tiempos se ve esta función como básicamente empresarial es, por excelencia un trabajo político, comunidades de 4chan, reddit y otras formadas en torno a publicaciones como Brewbart News han demostrado el poder que pueden tener los organizadores de comunidades virtuales.

Pero nada ha creado tanta paranoia y esperanza como la “primavera árabe” tras la cual muchos empezaron a temer o a esperar que las comunidades de internet pudieran cumplir derribar y o poner gobiernos.

Pero ¿es posible?

El Mediterráneo en primavera

No tiene nada de extraño que Internet haya sido desde el principio una cuestión política y que, desde el principio, se haya discutido como iba la red a cambiar la actividad política.

Pero el debate sobre el poder de las redes sociales y las comunidades virtuales llegó a su climax en 2011.

Ese año inició el fenómeno llamado “Primavera Árabe” al que realmente deberíamos llamar, en todo caso, “primavera mediterránea”: una serie de protestas masivas, continuas y organizadas por las bases sociales.

Las dos más importantes de estas protestas fueron las de Egipto y Túnez donde fueron derrocados dos gobiernos autoritarios de larga data, pero en realidad el fenómeno estaba lejos de reducirse al mundo árabe y en 2011: desde las protestas en Grecia en 2010 contra los brutales ajustes hasta las de Turquía en 2013, pasando por España en 2011 (que darían origen a Podemos), se trató de un ciclo de protestas políticas y sociales en la zona del Mediterráneo que, hasta cierto punto, se expandieron a las Américas con el Ocupy Wall Street y las protestas de Brasil en 2013.

Entre las cosas en común que tenían estos movimientos era el uso intensivo del internet y las redes sociales no solo como fuente de información sino como plataforma de organización (por ejemplo, para cuadrar lugares y horas de las manifestaciones) Wael Ghonim, un directivo de google pareció encarnar ese encuentro entre la política y la gestión de redes.

Pero hay muchos debates sobre que significaron esas protestas y qué papel jugó el internet y las redes sociales en ellas.

Dos posturas

En 2011 comienza, precisamente, un cisma en la izquierda que, todavía, no se cierra y que tiene sus réplicas en las pugnas internas al chavismo.

Básicamente surgió un bando “estatista” y un bando “anarquista”.

Según los primeros la “Primavera Árabe” es lo mismo que las Revoluciones de Colores: una serie de operaciones de la CIA y la Fundación Soros para llevar adelante la agenda del gobierno de EEUU y de las grandes corporaciones. Los que salieron a protestar serían, no solo agentes del imperialismo, sino principalmente gente de las clases medias.

Según los segundos son movimientos autónomos y libres de la población más precaria cuyas formas de expresión y organización son inéditas.

El internet y las redes sociales serían, según el caso, o instrumentos de control imperial o nuevas herramientas de liberación.

No es muy difícil ver que ambos van muy lejos.

En el primer caso se trata, sobre todo, de gente de izquierda de América Latina que no reconoce en la movida del Mediterráneo lo que pasó aquí tras la aparición de Hugo Chávez: si no hay líder, no hay siglas, no hay consignas conocidas, la ropa de la gente en las protestas es más moderna que tradicional, hay muchos celulares y computadoras (que se supone no son cosas del pueblo) entonces se debe tratar de lo mismo que las Revoluciones de Colores.

Además, está la impresión de que la cosa ocurrió muy de repente y que a ella, le siguieron eventos inquietantes como el derrocamiento de Gadafi, la guerra en Siria y el ascenso del Estado Islámico.

En realidad las protestas en Túnez y Egipto tenían años cocinándose (con huelgas, protestas y hasta inmolaciones) y en ellas participaron también sindicatos y partidos tradicionales aunque no fueran tan visibilizados por los medios.

El acceso a las nuevas tecnologías es universal y se encuentra en todo el mundo, incluso en las regiones más pobres de África.

Que el símbolo de las protestas fuera V, el protagonista del cómic V de vendetta, es inentendible para la gente estacionada en los sesentas.

En el segundo caso se trataba de la esperanza, más bien ingenua, en que emergiera un movimiento “puro” y automáticamente libre de la política tradicional, organizado por un nuevo tipo de “inteligencia colectiva”.

Pero no solo había muchos partidos y organizaciones tradicionales activas en estos movimientos, sino que, como en cualquier otro, nada le impedía a fuerzas políticas de derecha o a ciertos gobiernos tratar de promover sus agendas, sobre todo, porque tienen recursos abundantes para ello.

Eso se hizo evidente en Siria y Libia donde las protestas fueron usadas como oportunidad para intentar el derrocamiento de Assad y Gadafi.

Por otro lado, de algunas de estas protestas emergieron partidos políticos convencionales como Podemos y Syriza que luego demostrarían tener muchos problemas.

Lo que tienen en común estas dos posturas, entre otras cosas, es sobrestimar el papel que el internet y las redes sociales jugaron en esos movimientos: ni estas eran “revoluciones de Twitter” ni las formas de movilización eran tan diferentes a las que existen desde hace 50 o sesenta años como hubieran querido creer los más entusiastas.

Cultura participativa

Desde que internet apareció se está hablando de formas de comunicación y organización más participativas, de hecho, gente como Henry Jenkins está hablando de “culturas participativas” desde el 2001. El movimiento del blogging que hizo aparecer una generación de nuevos periodistas independientes emergió en el mismo periodo denunciando tanto la guerra contra el terror como la guerra del narco y contra el narco en México.

Pero el blogging solo continuaba la onda de los medios alternativos que emergió, al menos, desde los setentas con los fanzines, televisoras populares y radios piratas.

Los foros de internet simplemente han digitalizado lo que las listas de correo y la cartas al editor venían haciendo desde hace más de un siglo.

En el caso del Medio Oriente, expertos como Karma Peiró señalan que años antes, 2007 y 2008 blogueros y activistas árabes ya usaban el internet para denunciar a sus gobiernos, pero como había ocurrido antes con la prensa y las publicaciones clandestinas, los blogs simplemente eran la expresión de una movilización que iba más allá del internet.

La exagerada importancia que las redes sociales tomaron entonces, sobre todo en Egipto y Túnez, tuvo razones muy concretas: permitían evitar la censura del gobierno, servían como fuentes alternativas de información y, obviamente, servían para difundir rápidamente información sobre actividades y movilizaciones.

Más, para bien o para mal, ninguna de esas protestas fue causada por el internet y las redes sociales, igual que el teléfono, y la imprenta antes, fueron los medios de expresión o comunicación que la gente encontró disponibles.

Al otro lado del espectro político, en la derecha más dura, tenemos a figuras como Richard Spencer del AltRight.com y Steve Bannon de Breitbart News que son verdaderos CM convertidos en políticos y deben su influencia a comunidades virtuales.

El fracaso de estos dos para convertirse en una fuerza en el gobierno de Trump demuestra lo frágil que es la movilización hecha exclusivamente desde la red. No debe extrañar que, desde Charlotville, el Klu-klux-klan y otros partidos tradicionales estén tomando el relevo como imagen de la nueva derecha americana sobre organizaciones capaces de poner gente en el terreno, e incluso, de entrar en la confrontación física.

El problema con el uso de internet y las redes sociales como herramienta de expresión o comunicación es que, sobre todo cuando hablamos de las redes sociales, hablamos de unas plataformas privadas a través de las que se da la comunicación.

Los mismos miembros del movimiento blogger han denunciado que, con Youtube, Twitter y Facebook, empezó a ocurrir un proceso de privatización del internet que solía ser un servicio público.

Privatización que, al parecer, tendrá su culminación este 14 de diciembre cuando la Comisión Federal de Comunicaciones acabe con la neutralidad del internet.

Todo esto le da un poder sin precedentes a una serie de compañías privadas sobre la comunicación a nivel mundial: partidos y movimientos pueden ser invisibilizados o visibilizados a conveniencia y, ahora, tal vez solo los que puedan pagar cuotas a ciertos servicios podrán usar las mejores velocidades de conexión.

No importa cuál sea la política de cada publicación o comunidad virtual, para encontrarse tendrá que hacerlo a través de esas plataformas y ese internet privatizado sobre el que corporaciones como Google y Facebook tienen un poder que hace parecer ridículo el de las cadenas televisivas y mediáticas.

Con todo eso, las conspiraciones, reales o supuestas, de los Community Managers son el menor de nuestros problemas.

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Por Fabio Zuluaga / Supuesto Negado