Políticos colombianos hablan más de Maduro que oposición venezolana

Colombia

Venezuela sigue siendo el tema comodín de los políticos y de la prensa colombiana controlada por la poderosa oligarquía de ese país. Al iniciarse 2019, la toma de posesión del presidente Nicolás Maduro para su segundo período ha sido la excusa perfecta para seguir desviando la atención hacia la casa del vecino.

La actitud más intensa la tienen el gobierno de Iván Duque y algunos viejos políticos, como Andrés Pastrana, quienes ya hablan como si fueran dirigentes de la oposición venezolana.

Pastrana, expresidente de Colombia, plenamente identificado con la línea insurreccional que encabezan en Venezuela figuras como María Corina Machado, se ha dedicado a presionar al nuevo presidente de la Asamblea Nacional, el dirigente de Voluntad Popular Juan Guaidó, para que se lance a la aventura de “asumir” la presidencia de Venezuela e iniciar una transición.

A través de su cuenta Twitter, Pastrana le envió este mensaje: “Diputado Guaidó, asuma ya la presidencia del gobierno de transición como lo establece la Constitución a partir del 10 de enero y como se lo pide el Grupo de Lima”.

Pastrana agregó que “silla que no se ocupa oportunamente, otro la usurpa”.

No es la primera vez que Pastrana intenta dictarles línea a dirigentes de la oposición venezolana que actúan en la Asamblea Nacional. En noviembre fustigó a los partidos que no respaldaron la calificación de persona non grata para el expresidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero. Esa crítica abarcó al exdirigente de Voluntad Popular Luis Florido. “Ya  sabemos con quién se cuenta”, ironizó Pastrana.

Florido respondió diciéndole que al parecer ha olvidado que la política se trata de dialogar, y le recordó las conversaciones que él mismo, siendo presidente de su país, sostuvo con los más altos comandantes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.

Duque en onda de “sanciones”

Mientras tanto, el Gobierno de Duque ha tratado de echarle leña al fogón al anunciar, a través del ministro de Relaciones Exteriores, Carlos Holmes Trujillo, que prohibirá la entrada al país del presidente venezolano Nicolás Maduro, y otros funcionarios de su Gobierno.

Se trata de una especie de réplica bogotana de las sanciones adoptadas por Estados Unidos y la Unión Europea contra el Gobierno venezolano.

Petro, el ambiguo

Por su parte, el excandidato presidencial Gustavo Petro se ha mantenido también hablando del tema Venezuela, pero desde una postura ambigua. El izquierdista que cayó derrotado ante Duque el año pasado, procura marcar distancia de las posturas extremistas del Gobierno, pero sin defender a Maduro. Al parecer está convencido de que hacerlo perjudicaría sus planes de llegar alguna vez a la presidencia de Colombia.

El tuit que puso a circular Petro luego de la difusión del comunicado del Grupo de Lima sobre Venezuela, es una clara muestra de su ambivalencia: “El grupo de Lima actúa con una enorme doble moral: busca acabar con un mal Gobierno en Venezuela pero se alía para ello con un fascista en Brasil, que para ser presidente puso preso a quien si podía serlo: Lula”.

La estrategia de Petro para que no lo vinculen a la situación venezolana es comparar a Duque con Maduro, una labor bastante complicada que casi nunca le sale bien.

La oligaquía mediática bien alineada

La estrategia de utilizar a Venezuela como tema de desvío de la agenda política interna es seguida al pie de la letra por los principales medios de comunicación de Colombia, lo que no es extraño, pues pertenecen a la misma oligarquía que asume el rol de clase política dominante.

El editorial del diario El Tiempo de Bogotá es prácticamente una réplica del comunicado del Grupo de Lima y una apología de la línea diplomática de Duque ante Venezuela.

“La ‘revolución’ bolivariana entrará el próximo 10 de enero en una nueva fase de su desarrollo histórico cuando asuma el poder Nicolás Maduro, el heredero político de Hugo Chávez, para su segundo mandato consecutivo por medio de unos comicios (20 de mayo de 2018) que no fueron libres ni tuvieron garantías, que apenas reciben el reconocimiento de nueve países y carecen del manto de un Poder Legislativo porque sus funciones fueron usurpadas por una asamblea constituyente; con una oposición destrozada e ilegalizada, unos militares cada vez más omnipresentes y determinantes y unos medios de comunicación aplastados por la asfixia financiera y la censura”, expresa.

El otro gran periódico bogotano, El Espectador, intenta ser más ecuánime, aunque titula su editorial de un modo capcioso: “Coca y Venezuela”. En la pieza de opinión corporativa indica que la reciente visita del secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, no fue tan exitosa para Colombia como lo pintaron los voceros del Gobierno, pues si bien es cierto que Colombia se montó en el tren del “otro tema que obsesiona a la administración Trump que es claramente Venezuela”, no es menos cierto que Pompeo lo que hizo fue darle un templón de orejas a Duque por el incremento en la producción de cocaína.

“Estados Unidos se encuentra profundamente preocupado por el aumento en los cultivos de coca y la producción de cocaína en Colombia desde 2013”. Esas fueron las declaraciones de Pompeo. Por más de que los buenos oficios diplomáticos de la administración de Iván Duque han logrado calmar al Gobierno de EE. UU., la realidad es que el país va a seguir siendo juzgado por un número de hectáreas de hojas de coca que no dan cuenta de las complejidades del momento histórico en el que nos encontramos”, planteó El Espectador.

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Por Clodovaldo Hernández / Supuesto Negado