¿Por qué diablos hay un rey en España?

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Las declaraciones de Felipe VI de España contra la independencia catalana en 2017 hicieron resurgir las expresiones de desagrado contra la monarquía española que se manifiestan periódicamente. Las recientes han sido las más fuertes debido a escándalos referentes al Rey Juan Carlos I y su abdicación tras varios de ellos, incluido matar un elefante en un costoso safari en África o el escándalo de corrupción en que estuvo metido el marido de la infanta (princesa).

Y bueno, a diferencia de la Reina Isabel de la que se sabe es una persona bastante desagradable pero que cumple con dignidad su función de “símbolo”  no hay mucha gente a la que le agrade Juan Carlos ni como persona –es bien sabido que no solo es antipático como Isabel sino francamente vil– ni como monarca, pues la monarquía había sido abolida y fue restablecida por el dictador Franco.

Se esperaba que, como ocurrió en Inglaterra con el príncipe William, una figura más joven rescatara el prestigio de la monarquía pero Felipe no es tan bueno para las relaciones públicas como el inglés y, además, este espaldarazo al Estado Español –al que le deben todo– no ha hecho nada bueno por su imagen.

En cualquier caso, en medio de una crisis inesperada, muchos se están preguntando lo obvio ¿Por qué carajos hay un rey en España a estas alturas?.

La rama “mamarracha” de los Borbones

La respuesta perezosa a la pregunta sería: hay rey porque siempre lo ha habido.

Pero esa sería una respuesta muy engañosa, primero, porque la monarquía en España ha sido abolida dos veces (primero entre 1868 y 1875 y luego entre 1931 y 1975) y la última restauración fue un negocio bastante tortuoso gestionado por un dictador moribundo.

La otra razón es todavía más complicada: no siempre ha existido un reino de España porque España no siempre ha sido una nación sino un conjunto de países con lenguas distintas… así que, a diferencia de los reyes de Noruega que remontan a la época vikinga (Haroldo “Cabellos Hermosos” y Erico I “Hacha Sangrienta” fueron los primeros) o la de Inglaterra, que también tiene más de 1000 años, la monarquía española es de hecho posterior a la conquista de América y fue levantada violando los derechos tradicionales de pueblos libres como los Vascos y Catalanes.

Los Borbones o Bourbons, son una casa aristocrática de origen francés, descienden de Hugo Capeto, el primer rey de Francia y gobernaban el país vasco francés. Comparados con otras casas reales más corrompidas por los matrimonios entre parientes y la vida en la corte solían ser una familia saludable de cazadores y guerreros cuando Enrique IV se convirtió en rey de Francia (toda la aventura contada en la película La Reina Margot). En 1700 otra rama de esa familia llegaría al trono de España cuando Felipe V heredara, por carambola, el trono español dejado vacante por los Habsburgo.

Pero si los Borbones de Francia le aportaron a la historia monarcas como Luis XIV “el Rey Sol” y el palacio de Versalles, los Borbones de España han sido, por contraste, más bien apagaditos y poco gloriosos: Francia ascendió con sus Borbones y España decayó con los suyos, Francia se convirtió en potencia militar, en foco de las artes y las ciencias, en el país más poblado de Europa y España se desindustrializó, se hizo ignorante y se despobló.

Claro que esto no era solo culpa de los Borbones pero ellos no hicieron gran cosa por mejorar la situación. La monarquía española nunca se recuperó cuando, en 1808, Napoleón los invadió. Depuso a Fernando VII, un hombrecillo tarado y vil, y puso a su hermano.

Esa fue la primera guerra de guerrillas moderna y Fernando volvió al trono gracias a los ingleses y a la rebelión popular pero, desde entonces, ya la cosa no fue igual: hubo guerras civiles entre pretendientes a la corona y la república se impuso dos veces. Para los tiempos del rey Alfonso XIII la monarquía se mantenía solo por la fuerza apoyándose en dictadores como Primo de Rivera. En 1931 y tras unas elecciones municipales que demostraron el rechazo de la gente por la monarquía el rey se exilió a Francia, pero sin abdicar.

El extraño caso del rey Juan Carlos

Y aquí es donde entra Juan Carlos quien no es precisamente el Rey Arturo o, al menos, un monarca constitucional decente.

Honestamente es difícil saber por dónde comenzar con Juan Carlos, su carácter y su derecho a ser rey, es un desastre tan grande, una historia tan desagradable, que hay poco con que compararla… ¡hasta mató a su hermano menor en un “accidente” con una pistola!

Comencemos por decir que, ni siguiendo la tesis republicana ni la monárquica, Juan Carlos tenía derecho de ser rey, al menos no de la manera en que lo hizo.

  • Si seguimos la tesis republicana los pueblos de España abolieron la monarquía y se dieron una constitución republicana de forma legítima en 1931.
  • Si seguimos la tesis monárquica, quien tenía derecho al trono era Juan de Borbón y Battenberg, padre de Juan Carlos.

La explicación a todo este desastre es la dictadura de Franco, quien ganó la guerra civil en 1939: él abolió la república y restauró la monarquía según su conveniencia. Y como Juan de Borbón, aunque reaccionario, era más digno que su hijo y no estaba dispuesto a servirle de títere a Franco o a su sucesor, el Almirante Carrero Blanco, el dictador, eligió al dócil principito para restaurar la monarquía. Lo hizo en 1969, con la Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado, que buscaba garantizar que el franquismo tuviera una cabeza visible con cierta legitimidad. En 1977 el padre finalmente accedería a ceder sus derechos dinásticos en el hijo.

La historia de cómo se dio la “transición” en España es muy complicada para contarla aquí. La muerte de Carrero Blanco a manos de la ETA, la resistencia a la dictadura y un favorable contexto internacional coadyuvaron a la caída del franquismo, sin embargo, una coalición de partidos llegó a un acuerdo para establecer un régimen parlamentario sin restaurar la república.

En ese sentido la monarquía española es formalmente legítima: el 70% de los españoles votaron en el 77 una constitución que incluía a la figura del Rey como Jefe del Estado y representante de la unidad nacional, pero también es cierto que la constitución fue aprobada en bloque sin darle a los españoles el chance de decidir si querían o no la monarquía, es decir, la contrabandearon: si querías democracia tenías que decirle que sí a la constitución que, en el paquete, incluía a todos los borbones.

Como la monarquía no fue explícitamente aprobada por nadie y es producto de pactos desagradables de los borbones, primero con Franco y luego con los políticos españoles, su legitimidad siempre ha sido dudosa y el apoyo va y viene: era muy alta en los 80 cuando Juan Carlos se opuso a un golpe de estado franquista en 1981 (eso hizo posible una campaña publicitaria global a favor del Rey) pero empezó a bajar en los años siguientes.

Es que estos tipos no son como los reyes de Holanda, Noruega o Suecia, que mantienen bajo perfil, gastan relativamente poco del presupuesto de países muy ricos, y hasta llevan a pie a los hijos a la escuela pública: los borbones son soberbios, viven por todo lo alto, le salen muy caros a un país que está en medio de una grave crisis, no son carismáticos –ni siquiera un poco simpáticos–, y –como se demostró con el caso Nousestán involucrados hasta el cuello  en la corrupción crónica del sistema político español.

El mismo Juan Carlos se convirtió en un problema en años recientes: su apoyo a las corridas de toros, sus infidelidades, su excursión en África, sus ideas reaccionarias (parece que hablaba siempre de “sus tierras”) se le hicieron difíciles de soportar a los españoles, particularmente los de las nuevas generaciones.

De ahí, como dijimos, vino la jugada de abdicar en favor de su hijo, imitación de la jugada inglesa que no iba gloriosamente, pero tampoco tan mal, hasta que les llegó a los borbones la prueba definitiva con Cataluña: una que no se esperaban y de la que no parece que estén a la altura.

Habrá que ver como salen de esta.

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Por Fabio Zuluaga / Supuesto Negado

[Publicado el 10 de octubre de 2017]