¿POR QUÉ EL PRESIDENTE REPUNTA EN LAS ENCUESTAS A UNA SEMANA DE ELECCIONES?

A menos de una semana para las elecciones regionales en Venezuela, la escena política se ha visto impactada por una noticia inesperada para las expectativas opositoras y de la derecha internacional.

Una de las principales encuestadoras de oposición, cuyos dueños y directivos principales son José Antonio Gil y Luis Vicente León (Datanálisis), ambos anclas en diferentes medios de difusión de masas, no han podido ocultarle a sus clientes una cifra para ellos insólita: “El presidente Maduro ha repuntado en las encuestas”.

¿Qué dice? ¿El Presidente Maduro, llamado “Dictador” por una coalición internacional de derecha liderada por EE.UU, por gobiernos lacayos en la OEA (Ministerio de las Colonias) y por los cipayos venezolanos, ha subido en las encuestas?

La agencia británica Reuters se ha encargado de diseminar la información de la propia fuente reservada (Datanálisis):

“CARACAS (Reuters) – La aprobación a la gestión del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, aumentó en septiembre a un 23,2 por ciento, 5,8 puntos porcentuales más que en la medición de julio, según una encuesta de la firma local Datanálisis a la que Reuters tuvo acceso”.

Con un registro electoral de más de 19 millones de personas, y bajo un escenario de abstención de 25 %, un respaldo de 23,2% equivale a un piso duro de 3.300.000 a 3.700.000 potenciales votantes.

Si tomamos en cuenta que el resultado en el cual el PSUV obtuvo 20 gobernaciones en el año 2012 contó con 4.853.494 votos, y haciendo una gruesa aproximación podríamos estar hablando de la posibilidad de que el llamado “Dictador” conquiste al menos la mitad de las Gobernaciones del país (11-13 gobernaciones).

Quizás por esto, tal noticia haya sido recibida por algunos sectores triunfalistas de la oposición (sobremanera aquellos que participaron de las expectativas sembradas por la empresa Torino) en las que señalaban que la oposición ganaría en 18 gobernaciones del país.

¡Ya va, algo no cuadra! ¿Cómo es eso que Torino afirma que la oposición ganará 18 gobernaciones, pero el respaldo duro del presidente Maduro por efecto de arrastre podría asegurar al menos 11 gobernaciones? ¿Acaso hay 29 gobernaciones?

La empresa Torino obviamente ya tiene preparado su guion de pretextos:

“Nuestros cálculos fueron hechos en la primera semana de Agosto, todavía no estaba claro si Maduro normalizaría la situación de protesta en las calles. Además subestimamos el impacto de las sanciones de Trump, las amenazas de una opción militar para Venezuela, la división de las bases opositoras, así como las medidas de defensa de la soberanía de Maduro y de la ANC sobre la percepción de apoyo al gobierno”.

Diversos análisis confirman que el repunte en la percepción positiva hacia el Presidente Maduro se produce luego de que se derrotó la táctica de violencia insurreccional, que desde abril y por cuatro meses convocó casi a diario la oposición, y que dejo más de un centenar de fallecidos.

Es decir, el presidente Maduro y sus medidas hegemonizaron el discurso y la acción de la Paz, o al menos el logro de la tranquilidad de las calles ante una ciudadanía hastiada del cierre de vías y el quiebre de la normalidad cotidiana, sobre todo en la “zona este” de la capital del país. Al parecer, el Plan a modo Ucraniano tipo Maidan y toda la estratagema de las “contra-revoluciones de colores” se vino a pique.

La elección de los integrantes de la ANC el día 30-J fue la cumbre del Plan Maduro para medir fuerzas con tal táctica opositora, que sencillamente “se quebró” en el momento en el cual se demostraba quién forzaba a quién y con qué métodos en el curso de la lucha política.

La oposición intentó sabotear un acto comicial y la jugada le salió por la culata. No pudo dividir a la FANB, no pudo establecer ni un gobierno paralelo ni un Estado paralelo, ni deslegitimar la ANC en sus efectos vinculantes. El llamado “Plebiscito opositor” del 16-J olía a “pólvora mojada”, a montaje, a simulacro de una fuerza realmente inexistente.

A pesar de la campaña de presión internacional y de híperopinión en contra del Gobierno, Maduro resistió la embestida y posicionó un resultado electoral que generó una onda de choque sobre las filas internas de la oposición: al menos 8 millones participaron en la elección de la ANC.

Dada la recurrente acusación de fraude en boca del discurso opositor en los procesos electorales donde han salido derrotados desde la etapa inicial del Presidencial de Chávez, la saturación de tal efecto de sentido en el imaginario opositor se volvió contra los propios líderes y voceros de la oposición: ¿Hasta cuándo cantar fraude si no tenemos las pruebas en la mano, ni un acta, ni una auditoria, nada?

Obviamente que con solo lo dicho por Smartmatic no bastaba. La oposición no participó con testigos, miembros de mesas ni observadores en el proceso de la ANC. No tenía los “pelos del burro” en la mano. Sólo declaraciones.

Y ante la evidente debilidad de medir fuerza material contra fuerza material, “masa crítica de apoyo” contra “masa crítica de apoyo” y pasar a una ofensiva final en la calle, la oposición sabía que ya no tenía con qué, decretando el “repliegue táctico” y buscando oxígeno electoral, a pesar de los costos políticos entre su bases de apoyo más radical e intransigente.

Incluso Ramos Allúp (AD) deslindándose entrelíneas del propio comunicado de la MUD y de las intenciones políticas de los más radicales señaló:

“(…) las medidas económicas que el Departamento del Tesoro (EE.UU) le impuso al presidente de la República, Nicolás Maduro, ‘no tiene nada que ver con las estrategias de la MUD”.

“No somos nosotros los que estamos bregando” por sanciones contra funcionarios venezolanos, porque esa es una decisión que puede tomar cada gobierno. Pero acotó que, de aplicarse sanciones económicas, el que pagaría las consecuencias es el pueblo de Venezuela y no el funcionariado: “Nicolás Maduro va a seguir comiendo completo

“(…) nombrar a los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) no puede ser considerado un paso hacia un gobierno paralelo. Para qué nombrar un gobierno paralelo “ficticio, etéreo, vaporoso” que nadie va a reconocer…”.

Desde entonces, los canales de comunicación con el gobierno se abrieron y se acordó una pronta elección regional, cuestión que el Gobierno debía aprovechar a corto plazo para recoger los frutos de la derrota opositora ante la protesta violenta y la convocatoria a la ANC.

Pero la oposición no sólo recibió un balde de agua fría con la instalación de la ANC, sino que quedó muda ante las sanciones de Trump, con un comunicado de la MUD que desnudó sus costuras de cipayos ante los EE.UU.

Tampoco podía decir mucho la MUD ante una clara amenaza militar de Trump sobre Venezuela. Vale la pena destacar el evento del 11 de agosto de 2017: El presidente estadounidense Donald Trump afirmó que no descarta “una posible opción militar” en Venezuela, tras haber impuesto sanciones unilaterales contra ciudadanos venezolanos y el presidente Nicolás Maduro.

Con estos hechos, no es casual que un 51,6 por ciento de los encuestados por Datanálisis se opone a las sanciones económicas que impuso el presidente estadounidense, Donald Trump, tras el arranque de la Asamblea Constituyente.

Otro 56,6 por ciento dijo también estar en desacuerdo con una “opción militar” que contemplaría el Gobierno estadounidense, para presionar un cambio en Venezuela.

Así mismo, las destempladas medidas de Trump le quitaron fuerza en su propia alianza latinoamericana en el seno de la OEA contra Venezuela: Países de América Latina rechazan “opción militar” de Estados Unidos sobre Venezuela:

“Rechazamos medidas militares y el uso de la fuerza en el sistema internacional. Todas las medidas deben darse sobre el respeto de la soberanía de Venezuela a través de soluciones pacíficas”, indicó la cancillería colombiana.

Para la administración de Pedro Pablo Kuczynski (Perú) “la única vía aceptable para recobrar la democracia” es el diálogo.

“La crisis en Venezuela no puede resolverse mediante acciones militares, internas o externas”, rehusó, por su parte, el gobierno mexicano.

El bloque integrado por Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay (Mercosur) desestimó el uso de la fuerza en Venezuela y consideró que el único instrumento “aceptable” para la “promoción de la democracia” es “diálogo y diplomacia”.

En julio 2017, la aprobación de Maduro había tocado mínimos de 17,4 % tras ir perdiendo un respaldo que se ubicaba en 24,1 % en abril.

Lo que no se ha dicho es que tales cifras de baja aprobación de Maduro no son inusuales en América Latina, donde este año Juan Manuel Santos en Colombia o Michel Temer en Brasil han tenido índices aún menores.

Ciertamente, no hay que hacer una lectura triunfalista de la recuperación de Maduro, pero hay que reconocer virajes y tendencias.

El escollo fundamental de Maduro sigue siendo una crisis económica prolongada que ha persistido en la mayor parte de su mandato. Allí está el verdadero Talón de Aquiles, junto con una crisis de hegemonía en su alianza social y política, donde el carisma de Chávez se ha convertido en una vara muy alta para contrastarla con el desempeño de liderazgo y capacidad de articulación política de Maduro.

Según el sondeo de Datanálisis, realizado entre el 8 y el 22 de septiembre, 86,9 % evalúa como negativa la situación del país y los tres principales líderes de oposición reciben aún el doble de respaldo que Maduro, aunque dos de ellos estén en la práctica inhabilitados por la Ley para competir frente a frente con Maduro.

Precisamente por el impacto de tales cifras de recuperación de Maduro, otras fuentes periodísticas filtraron la lámina de Datanálisis sobre liderazgos para realizar una suerte de “control de daños”.

Los encuestados evaluaron la gestión de Capriles (actualmente inhabilitado) como la mejor de todas, con un 51 % de aprobación, mientras que Leopoldo López (actualmente inhabilitado), a pesar de estar en condición de “casa por cárcel”, se posicionó en el segundo lugar con un 48,2 % de evaluación positiva.

Por su parte, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, es el “líder político” con la evaluación negativa más alta con un 75,7 % de rechazo de todo el país.

Como se desprende de tales cifras, las candidaturas opositoras para unas futuras elecciones presidenciales estarían representadas por los no inhabilitados: Henry Falcón (AP) y Henry Ramos (AD).

En la medición de Datanálisis, 79,2 % se mostró dispuesto a participar en las elecciones regionales, y 44,7 % dijo lo haría por candidatos contrarios al partido gobernante, lo cual anuncia un resultado electoral probablemente disputado.

La abstención para las candidaturas del gobierno y de la oposición juega un papel relevante, perjudicando en esta oportunidad con mayor costo a una oposición que requiere de un salvavidas electoral.

La MUD actualmente ha hecho un manejo del “diálogo” para mostrarse como fuerza beligerante que impone condiciones al gobierno, convirtiéndolo en un elemento de presión.

Por su parte, el PSUV y el gobierno cuentan con la fuerza de la maquinaria electoral, el aparato burocrático, la influencia de las políticas públicas y ayudas económicas del Gobierno.

Así mismo, existe una evidente desproporción en la exposición de las candidaturas en el sistema de medios públicos y privados, favoreciendo a unos (PSUV) y otros (Oposición).

La intemperancia de Trump ha cohesionado al chavismo en “defensa de la soberanía” y en rechazo a la “intervención imperial”, tanto de los más “oficialistas” como de los llamados “críticos”, así como también, ha dividido a sectores nacionalistas de la oposición y a otros disidentes de las políticas del presidente Maduro.

El talón de Aquiles del Gobierno es que el problema económico y una emergente frustración de expectativas frente a lo que consideran inacción de la ANC favorecen la abstención en la población tradicionalmente chavista. Las más recientes denuncias de corrupción en el manejo de divisas también generan frustración e incertidumbre.

Para colmo de la oposición, Trump mantiene un tono de declaraciones injerencistas e imperiales contra Cuba y Venezuela, señalando que “están en su agenda para tomar decisiones definitivas en pro de la libertad y la democracia”:

“En mi administración estamos tomando acciones decisivas para defender a los pueblos de Cuba y Venezuela (…) El pueblo de Venezuela está sufriendo bajo el régimen de Nicolás Maduro. Exigimos la restitución de la democracia y la libertad de los ciudadanos de Venezuela”.

El presidente Donald Trump ha aprovechado su discurso por el Mes de la Herencia Hispana en la Casa Blanca para enviar un “claro mensaje de rechazo” a Cuba y Venezuela.

“Rechazamos la represión socialista y llamamos a la restauración de la democracia y de las libertades de los ciudadanos venezolanos”.

Lo que Trump, como muchos liderazgos en los EE.UU, aún no comprende, es que la percepción de los pueblos del Continente está muy alejada del imaginario del patio trasero.

La lucha para consolidar y defender la Independencia de un país no es una idea vaporosa.

Es difícil, en una democracia, sostener que un pueblo no tiene derecho a la autodeterminación y expresarse en las urnas.

El peligro para Trump es que un resultado favorable a las candidaturas del PSUV en las elecciones regionales consoliden a Maduro y se derrumbe la narrativa de la “Dictadura”.

Cuando está en juego la independencia de un país, una “Dictadura” puede significar más bien votar por los candidatos que entregarán la soberanía y los recursos de un país activado detrás del Proyecto Nacional de Chávez.

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Por Gokai Moreno / Supuesto Negado