Prolegómenos del éxodo venezolano: De turistas “raspas cupos” a migrantes económicos

La migración venezolana fue un tema muy ajeno a la preocupación académica y periodística. En líneas generales, el venezolano no migró masivamente de su país antes del siglo XXI.

Hoy día, con más de 4 millones viviendo en el exterior -la gran mayoría en países de América del Sur- este es el éxodo más grande en el menor tiempo, en la historia reciente de la región.

Si bien es cierto que ahora “hay venefobia” en algunos países receptores de la diáspora venezolana, hace apenas una década el recibimiento era por todo lo alto: Los venezolanos traían “los petrodólares de Chávez” e impactaban positivamente en las principales plazas comerciales de la región.

En Venezuela desde el año 2003 y hasta el 2016, cualquier persona que tuviese una tarjeta de crédito tenía la posibilidad de solicitar al Estado hasta 5 mil dólares al año con precio muy preferencial para viajar al exterior. Además, retirar hasta 500 dólares al mes en cajeros automáticos fuera del país y pedir efectivo para viajero que era “un cupo” de 600 dólares por año.

También disponía de dos mil dólares (después pasaron a solo cientos) para compras mediante operaciones electrónicas en el país -vía Internet-.

Algunos bancos ofrecieron tarjetas de crédito pre-pagadas a quienes no calificaban para obtener el documento financiero.

A partir del año 2018 Cadivi (la Comisión de Administración de Divisas) fue estableciendo nuevas normas sobre la presentación de documentos, ajuste de desembolsos de acuerdo al destino del viajero y otras restricciones.

Lo que Cadivi se llevó

El periodismo de investigación venezolano ha denunciado parte de la trama de corrupción relacionada con la adjudicación de divisas de Cadivi y Cencoex (Centro Nacional de Comercio Exterior). En 2017 se filtró la lista de compañías que recibieron dólares preferenciales entre 2014 y 2015.

En su blog de periodismo de datos, Victor Hugo Majano, Premio Nacional de Periodismo Digital en 2016, denuncia que se aprovecharon de Cadivi no sólo las llamadas “empresas de maletín”.

“Hay muchas empresas con edificios completos y con bufetes de abogados en lujosos centros comerciales que se encargaron de lavar lo que se robaron”.

Los cálculos del fraude de las importaciones varían, pero Edmée Betancourt, ex titular del Banco Central de Venezuela señaló en 2015 que hasta $20 mil millones de dólares, de los $59 mil millones destinados a importar productos en 2012, desaparecieron debido a transacciones fraudulentas.

Por su parte, la empresa de consultoría económica señalada como opositora, Ecoanalítica, calculó que desde el 2003 al 2012 fueron robados $69.500 millones mediante importaciones fraudulentas.”20% de las importaciones declaradas por compañías privadas han sido falsas, mientras que 40% de las importaciones realizadas por agencias gubernamentales y empresas del gobierno habían sido fraudulentas”, dijo la empresa en un informe.

Por ejemplo, en 2015 se difundió el caso de la compañía Ursula Impor & Export, de los hermanos Ayoud (Adhan, Maruan, Samih y Akran), quienes crearon 68 firmas para apoderarse de divisas de Cadivi para importar alimentos, concretamente, leguminosas.

Luis Salas, ex ministro de Economía Productiva considera que fijarse solamente en las empresas de maletín oscurece y desvía la atención sobre toda la ingeniería financiera y comercial que, desde el sector privado, se ha montado desde hace décadas para operar centrífugas de captación de recursos públicos, desviarlos al exterior y evadir impuestos.

Explica que en el caso de una transnacional cualquiera, P&G por ejemplo, vende una serie de productos en Venezuela (algunos de los cuales fabrica acá y otros importa). Buena parte de los insumos que necesita para producir el artículo final se los compra a P&G Brasil, P&G Colombia, o P&G Panamá o a alguna empresa vinculada a ella.

“Por estar relacionada no quiere decir que todas esas cosas se las haga a sí misma de gratis, y es allí donde está el detalle: pues al cobrarse, todos los precios que paga P&G se los está pagando y cobrando a sí misma”, explica Salas.

“El aumento de los costos requiere más divisas: pero estamos hablando de costos que ella se sube a sí misma. Luego, el Estado le da más divisas y P&G saca más divisas por concepto de importación. Pero después vuelve a sacar por concepto de repatriación, pues las ganancias extraordinarias obtenidas en razón de los precios más altos de los productos las trasladan a su casa matriz por concepto de repatriación de capitales”.

Raspacupos: Turismo cambiario

Dentro de esa vorágine de ilegalidad y dólares baratos, miles de venezolanos salieron del país a pasear por la región gastando o solo cobrando “su cupo” de verdes.

La anterior Fiscal General de la República, Luisa Ortega Díaz, informó que 856 personas fueron imputadas por defraudar a la nación con el uso de las autorizaciones de divisas del país para consumos con tarjetas de crédito. En aquel entonces, 2015, la suma ascendía a 8 millones de dólares.

Sin embargo, en 2012, el propio Manuel Barroso, ex presidente de Cadivi, reconoció que los raspacupos defraudaron al Estado 200 millones de dólares. El control cambiario y el diferencial entre la tasa oficial del dólar y su cotización en el mercado paralelo impulsaron el “cadivimismo”.

La comisión que se quedaban los establecimientos fuera de Venezuela podía llegar a 2O%. Al pasar la tarjeta de crédito le entregaban a los “raspacupos” el efectivo (en dólares) y una factura por una compra ficticia.

Aunque la cifra de los raspacupos es irrisoria en comparación con lo desfalcado por las empresas (alcanza apenas un poco más del 1%) sirve para ilustrar cómo en Venezuela la rebatiña de dólares fue aprovechada por amarillos, rojos y azules, casi sin distinción.

En algunos casos, los raspacupos ni siquiera salían del país. Humberto Figueras, presidente de la Asociación Venezolana de Líneas Aéreas, indicó que en algunos destinos y vuelos se quedaban sin abordar hasta 40% de quienes pagaron el boleto.

No es un dato menor que el precio del dólar preferencial otorgado por Cencoex estaba 53 veces por debajo del precio del paralelo.

Ni la Asamblea Nacional, ni el Ministerio Público, han hecho mayor acción para dar con los responsables del desfalco contemporáneo más importante contra las arcas del país petrolero.

Ni el propio presidente Nicolás Maduro logró “algo”, aunque ordenó la creación de una investigación completa por “el robo contra los dólares de los venezolanos”.

De turistas alegres a incómodos migrantes

Lo que al principio fue un aumento a cuenta gotas en los centros comerciales de Panamá, Curazao, Colombia y Perú, rápidamente llegó al resto de países de Latinoamérica y el Caribe y aún más allá: A EE.UU. y España.

Los dólares preferenciales otorgados por el gobierno chavista a los turistas venezolanos inundó las zonas comerciales de Buenos Aires, Lima, Ciudad de México, Bogotá: “Raspa tu cupo Cadivi” o “Aceptamos cupo de Internet”, se leía en los mostradores.

La Asociación Internacional de Transporte Aéreo de Perú reportó en 2013 que estimaba en 800 mil venezolanos el turismo cambiario.

Una vez pasada la borrachera de los dólares baratos –ante la caída de los precios del petróleo y el colapso de la economía local- los venezolanos pasaron rápidamente a una brutal resaca en forma de crisis económica.

Ahora que los bolivarianos no llegan cargados de divisas, los vecinos receptores ya no son tan gentiles. De hecho, parece una ironía que precisamente los países que más se beneficiaron no solo de los dólares de Cadivi, sino de la política social amigable hacia los extranjeros, ahora sean los destinos donde se ha atacado más a los migrantes pobres.

Entre enero de 2018 y julio de 2019 fueron asesinados 233 migrantes venezolanos en Colombia. En promedio uno al día.

La portavoz de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) para Venezuela, Olga Sarrado Mur, mostró preocupación por las muestras de xenofobia y discriminación contra venezolanos en Perú, Brasil, Colombia y Ecuador.

Igualmente, Sarrado afirmó que los requisitos para la recepción de migrantes venezolanos en algunos países inquietan a la Acnur. Recordemos que actualmente 11 países de la región imponen restricciones especiales a los venezolanos para su ingreso.

Los discursos contra los emigrantes son iguales en todas partes y también evolucionan de forma parecida. Comienzan con quejas de que los emigrantes están saturando los servicios públicos, quitando los trabajos de los nacionales y trayendo el crimen.

No importa si es un campamento de gitanos en Francia o Italia o uno de venezolanos en Cúcuta o Roraima o un barrio de nigerianos en Sudáfrica, siempre es lo mismo.

Discursos con intencionalidad política

En el caso venezolano llama poderosamente la atención que los gobiernos vecinos y enemigos de Miraflores, al mismo tiempo que denuncian la “dictadura” y la crisis humanitaria, cierran sus fronteras e imponen cada día más requisitos de entrada a los migrantes que ellos mismos califican de refugiados y que según sus declaraciones, huyen buscando comida y libertad.

Analistas han explicado que los actores políticos del actual fenómeno migratorio venezolano impulsan básicamente tres discursos para instrumentar a su favor el éxodo:

El intervencionismo agresivo (liderado por EE.UU., la OEA y Colombia), la injerencia diplomática (encabezada por el Grupo de Lima) y finalmente, la minimización del Gobierno venezolano de la crisis migratoria (y la satanización de los países receptores).

Por Edgard Ramírez/ Supuesto Negado