EE.UU. pudiera sacar a Venezuela del SWIFT

Swift

Ya casi llega el 10 enero y con él la renovación del mandato de Nicolás Maduro y la fecha en que, si creemos a la oposición venezolana, se cumplirían terribles amenazas contra Venezuela.

De hecho el Grupo de Lima ya se ha pronunciado diciendo que el nuevo Gobierno de Maduro no será legítimo y lo ha llamado a renunciar y convocar elecciones.

El canciller de Perú, Néstor Popolizio, leyó el comunicado suscrito por Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay y Santa Lucía.

Evidentemente ellos no esperan que eso ocurra y todo esto es una forma de presión que será acompañada, según la declaración, del desconocimiento del Gobierno venezolano por los países de ese grupo y algunos más.

Y aunque no tiene sentido negar esa realidad, el hecho es que las relaciones de Venezuela con los Gobiernos que dudan de las elecciones del pasado abril ya son mínimas y, en sí, la declaración no deja claro qué cambiará en la práctica luego del 10.

Harina de otro costal son las amenazas de nuevas sanciones económicas.

“Se acuerda impedirle la entrada a nuestros países a sus altos funcionarios, prevenir su acceso al sistema financiero y, de ser necesario, congelar sus activos”. Dice el comunicado.

De todo esto lo más inquietante es la frase “prevenir su acceso al sistema financiero”, que parece indicar que se hará todavía más difícil para Venezuela realizar compras y transacciones en el exterior en el contexto de represalias ya no de otros países de América Latina sino de EE.UU. en un periodo en que se han hecho comunes las sanciones unilaterales.

Estas transacciones dependen, casi exclusivamente, de un sistema llamado Swift y algunos analistas temen que se impida a Venezuela el acceso a ese sistema limitando severamente nuestra capacidad de adquirir alimentos, medicinas e insumos para las pocas industrias que quedan en el país.

Entonces, ¿qué es el Swift y cómo podría EE.UU. restringir el acceso de Venezuela al mismo?

Rápido

SWIFT quiere decir rápido en inglés, pero también son las siglas de Society for Worldwide Interbank Financial Telecommunication, o Sociedad para las Comunicaciones Interbancarias y Financieras Mundiales.

Es una organización privada que tiene a cargo una red internacional de comunicaciones financieras entre bancos y otras entidades financieras. En diciembre de 2005 tenía enlazadas más de 7.700 entidades financieras en 204 países, y en ese mismo año transmitió cerca de dos mil trescientos millones de mensajes que equivalen a otras tantas transacciones financieras.

SWIFT es una Cooperativa creada bajo la legislación belga y es controlada por sus miembros que representan cerca de 3.500 empresas de 109 países.

Cerca de 10.800 entidades financieras en más de 200 países están conectadas a sus servicios: cada entidad financiera debe ser miembro de la cooperativa, o cliente de algún miembro, o afiliarse a tal cliente para poder usar el sistema.

Esta  cooperativa, absolutamente esencial para las finanzas internacionales,  cuenta con un total de 25 oficinas distribuidas alrededor del mundo.

¿Malandreo?

Eso es Swift y para Venezuela, como cualquier otro país, es importante porque es el mecanismo a través del cual el Gobierno y empresas privadas hacen compras y transacciones financieras.

Ser excluidos de Swift significaría que se haría muy difícil recibir dinero o pagar por bienes y servicios.

Para excluir a Venezuela de este sistema realmente no hace falta una sanción dada por un organismo como la OEA, ya existe el ominoso precedente de que se ha excluido a Irán de Swift simplemente porque el Gobierno de EE.UU. hizo algo que solo puede ser llamado malandreo o, como dicen los gringos, bullying.

En efecto, el secretario del Tesoro de EE.UU., Steven Mnuchin, amenazó hace poco a la cooperativa Swift de que podría imponerle sanciones si no cortaba los servicios financieros a las entidades que hicieran negocios con Irán:

“SWIFT no es diferente a cualquier otra entidad”, “hemos aconsejado a SWIFT que debe desconectar a cualquier institución financiera iraní que designemos tan pronto como sea tecnológicamente posible para evitar la exposición a las sanciones”.

Esencialmente obligaron a Swift a excluir a Irán tras echar hacia atrás, unilateralmente, un acuerdo que envolvía a media docena de países.

Y la amenaza, como en una película de mafiosos, resultó: posteriormente de Swift haber suspendido “el acceso de ciertos bancos iraníes al sistema de mensajería”, tras la entrada en vigor de nuevas sanciones de Estados Unidos contra Irán.

Y que lo hicieron bajo amenaza queda claro en las mismas declaraciones de la cooperativa:

“Este paso, aunque lamentable, se ha dado en interés de la estabilidad e integridad del sistema financiero mundial en su conjunto”.

¿Bloqueo flexible?

Fracasadas las protestas de 2017 y disuelta la MUD en la víspera de las elecciones presidenciales, la intervención externa se convirtió en la gran esperanza de la oposición venezolana.

Desde finales del año pasado, con la presidencia de Trump, las presiones estadounidenses pasaron de lo meramente retórico a lo práctico mediante una serie de sanciones que dificultan el comercio y las transacciones financieras entre Venezuela y EE.UU. Le han seguido otras de la UE.

En este contexto mucha gente, bienintencionada pero ingenua, se ha convencido de que Venezuela vive un bloqueo de EE.UU. y que ese bloqueo es la causa de la crisis.

En realidad Venezuela no está bloqueada de la manera en que Cuba lo está: la prueba es que todo el dinero en efectivo que dispone la república viene de vender nuestro crudo a refinerías del sur de EE.UU.

El embargo petrolero ha sido considerado inconveniente por muchas razones, incluida la resistencia de los refinadores de estados como Luisiana y Texas que usan nuestro petróleo para hacer la gasolina.

Pero las sanciones repetidas a funcionarios venezolanos, unidas a la falta de recursos causada por la caída de los precios del petróleo, han hecho que se haga muy difícil hacer y recibir pagos.

Esta estrategia, más flexible que el bloqueo, se basa en sanciones personales a funcionarios y limitaciones específicas que hacen que sea difícil pagar o cobrar por los canales regulares y que muchos bancos no quieran recibir dinero venezolano por temor a ser sancionados.

Así que no está descartado que el Gobierno de EE.UU., que ya ha coaccionado a Swift en el caso de Irán, lo haga nuevamente en el caso de Venezuela. En este caso gozando de respaldo y legitimación del Grupo de Lima y varios países europeos.

El mismo tipo de presión puede ser aplicado a cualquier otra institución financiera.

Aunque está ampliamente probado que las sanciones económicas no derriban Gobiernos ni les hacen “rectificar”, muchos siguen creyendo en ellas, pues, por dogmatismo o ingenuidad, creen que efectivamente existe una “comunidad internacional” que defiende los derechos humanos.

Para los realistas y prácticos las sanciones son una forma de “hacer la guerra por otros medios”, y con Trump, que no ha temido volver a la época de las infames guerras comerciales, puede esperarse lo peor.

Varios  países, incluidos Rusia e Irán, han salido airosos de las sanciones y la propensión de EE.UU. a usarlas como medios de chantaje ha hecho surgir proyectos para sistemas alternativos de pago.

Como están las cosas, con Trump usando la economía como arma sistemáticamente, es casi inevitable que surjan sistemas financieros y comerciales paralelos.

Y es un hecho que muchos Gobiernos, tanto de derecha como de izquierda, se han sostenido durante mucho tiempo en medio del aislamiento gracias a unos pocos aliados fundamentales. El mismo EE.UU. sostiene a varios en África.

Pero la diferencia entre un país que logra superar las sanciones como Rusia, otro que las soporta como Irán o Cuba, y los que, como Zimbawe, languidecen bajo las mismas, es tener una estrategia de supervivencia viable y realista y, sobre todo, saber evitar el aislamiento.

El Gobierno venezolano lleva varios meses en una suerte de “transición” a otro modo de gobernar distinto al de los últimos años. Faltará ver en los próximos meses si logra evolucionar lo suficientemente rápido para navegar a través de la impredecible situación del año que comienza.

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Por Fabio  Zuluaga / Supuesto Negado