¿HASTA QUÉ PUNTO ES INDUCIDA LA HIPERINFLACIÓN VENEZOLANA?

hiperinflación

Los venezolanos tienen muchas preocupaciones encima últimamente, pero hay una que, sin duda, es la principal: la inflación recientemente transformada en hiperinflación.

La inflación es uno de los temas más polémicos en Venezuela y han surgido varias posturas respecto a quién es el responsable de la misma. Actualmente el debate nacional se centra en cuáles son las responsabilidades del gobierno en la ya innegable hiperinflación. ¿Hasta qué punto la hiperinflación es responsabilidad del gobierno con sus políticas?  ¿Ha sido inducida por la Guerra Económica y, sobre todo, por factores externos como las sanciones? 

Hiperinflación

Al aumento generalizado de precios se le llama inflación. En esencia esta es un desequilibrio entre la masa monetaria (la cantidad de dinero que hay en un país) con la oferta de bienes y servicios.

Cuando hay pocos bienes y mucho dinero se produce la inflación que, básicamente, es parte de la devaluación de la moneda que cada vez puede comprar menos.

Este concepto ha sido usado por todos los grandes economistas tanto de derechas como de izquierdas (Marx, Keynes, Sraffa) pero tiene mucha más importancia para los primeros que para los segundos.

El término hiperinflación ha sido invocado una y otra vez desde inicios del año pasado, pero en ese momento incluso economistas de oposición descartaron que ese fuera el caso. Según los cálculos de ciertos expertos, la inflación mensual estuvo hasta julio entre el 15 y 20%, pero luego saltó a más de 30% en agosto, aproximándose desde octubre a lo que se conoce como hiperinflación.

Luego, a partir de noviembre, Venezuela entró en hiperinflación. El criterio que permite saber si un país ha entrado en hiperinflación es que el aumento de los precios mensual supere el 50%.

Aunque el gobierno no usa mucho el término hiperinflación si ha usado el de “inflación inducida” y sus voceros aseguran que es totalmente producto de la Guerra Económica. Pero esa es una de las tesis más controvertidas en la Venezuela actual.

“La Guerra”

La explicación “oficial” del gobierno sobre la crisis actual es que el despliegue de una “Guerra de Cuarta Generación” que se habría vertido sobre Venezuela ininterrumpidamente desde hace años.

Una de las modalidades de esta sería la Guerra Económica que sería la principal explicación para la crisis venezolana y en la que, según el gobierno –y el sector mayoritario del chavismo que lo apoya– estaría la explicación que hilaría fenómenos tan distintos como la caída de los precios del petróleo, la escasez de efectivo y las recientes dificultades de Venezuela para operar en los mercados financieros.

El problema es que esta versión no tiene credibilidad fuera del chavismo y ni siquiera entre los chavistas disidentes, el sector minoritario de la dirigencia y el electorado chavista que quitó su apoyo al gobierno en 2016-17 (por ejemplo el economista chavista Víctor Álvarez tiene otra tesis distinta).

Durante algún tiempo el mantra de los defensores de la tesis de la guerra económica fue “la inflación no existe”, que quiere decir que el aumento de los precios es pura especulación de parte de empresarios y comerciantes.

Pero esa tesis no tomaba en cuenta la realidad de la devaluación de la moneda debido a la caída de los precios del petróleo que constituye más del 90% de los ingresos de Venezuela.

Es decir, una moneda es más fuerte mientras más produce y exporta el país, por eso el Yuan es la moneda más fuerte del mundo. Mientras menos ingresos tenga un país y más desfavorable sea su balanza de pagos más va a tender hacia la inflación y la devaluación. Y la economía venezolana necesita muchos ingresos petroleros no solo porque no se exporta casi nada más, sino porque prácticamente todos los bienes son importados.

Si el precio del petróleo baja o si no se producen los suficientes barriles la economía está bajo riesgo. Por eso, desde 2017, muchos controles se flexibilizaron, el gobierno empezó a hablar de “inflación inducida” y eventualmente dejó un solo tipo de cambio del dólar.

Economía de puerto

El problema con la tesis de la Guerra Económica, que se enfoca en los antagonismos entre el gobierno y los empresarios o el gobierno y potencias extranjeras, es que no explica el fallo de sectores de la economía que está en manos del Estado.

Muchos se preguntan cómo explica esta tesis la quiebra de PDVAL, lo que parece ser la crisis de Lácteos los Andes y la caída de la producción en PDVSA, sobre todo, durante la gestión de Rafael Ramírez.

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Otros plantean la cuestión de porque otros gobiernos aliados del venezolano y con abundantes recursos naturales como el de Bolivia no han denunciado jamás que exista guerra económica contra ellos.

Estos problemas con la tesis de la Guerra, al menos tal como se la ha planteado, ha llevado a que entre la misma base chavista la gente le haya dado la vuelta a la cosa, se haya apropiado de esa tesis a su manera y ahora esté acusando a los directivos de las empresas estatales de ser parte de la guerra y el saboteo. Por ejemplo, a los de los bancos estatales, cuyos principales clientes son chavistas y gente de sectores populares, son acusados por muchos de ser agentes saboteadores.

Pero el hecho de que Venezuela siga dependiendo del petróleo y que siga importando alimentos y medicinas devela un problema de fondo en las políticas que se aplicaron para superar el rentismo petrolero y señalamientos de Rafael Correa y Lula Da silva parecen indicar que algunos de los aliados de Venezuela piensan lo mismo. ¿Pero quiere decir eso que no se esté utilizando la economía para atacar al gobierno venezolano?

¿Son los ataques de los enemigos del gobierno la causa, al menos parcial, de que estemos en plena crisis hiperinflacionaria? 

Guerra Financiera

Durante años el gobierno de los EE.UU. no había tomado medidas abiertas contra el de Venezuela más allá de sancionar a algunos funcionarios. Luego empezaron a aplicarse limitaciones a las operaciones financieras de Venezuela en el exterior.

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Pero fue en agosto del año pasado cuando la administración de Trump inició finalmente la secuencia de las sanciones económicas. A diferencia de las de Obama, que eran prácticamente simbólicas, Trump pidió que se diseñaran unas que afectaran directamente el financiamiento del Estado Venezolano.

Habiéndose percatado de que los bonos y la negociación de la deuda era una forma del gobierno venezolano para obtener divisas, Trump asesorado por la CIA básicamente le quitó a Venezuela la posibilidad de hacer eso.

Las sanciones contra el presidente Maduro y el vicepresidente El Aissami ya dificultaban las operaciones financieras de Venezuela en el exterior. En un mundo que depende enteramente de las finanzas esto no fue cualquier cosa: no solo limitó la capacidad del gobierno de obtener divisas extras sino la de hacer y recibir pagos y negociar préstamos.

Las sanciones económicas entraron en vigor en septiembre y, como hemos visto, en octubre inició la espiral hiperinflacionaria y en noviembre ya estábamos de lleno en ella. La venta de bonos y las negociaciones con la deuda, junto a las subastas del Dicom eran los elementos que habían permitido estabilizar un poco la inflación. Ahora el gobierno no podía usarlos o se le hacía muy difícil hacerlo.

A estas sanciones se unen otras de la Unión Europea y la reticencia de bancos e instituciones extranjeros a manejar dinero venezolano por temor a ser sancionadas si lo hacen. Además de estigmatizar al gobierno ese es el sentido de las repetidas sanciones a funcionarios.

Tan fuerte es el cerco financiero que el gobierno tuvo que usar la estrategia inédita de usar una “criptomoneda” y con el uso de las tecnologías financieras baipasear al sistema financiero internacional.

En el pasado las acciones consideradas de Guerra Económica eran, en gran parte, oportunidades que los adversarios del gobierno aprovechaban debido a políticas deficientes: un control de precios rígido hizo posible el bachaqueo y el contrabando de extracción, un control de cambios altamente burocratizado permitió florecer a Dólar Today e incentivó la aparición de empresas de maletín… todo esto podía ser combatido cambiando la política.

Pero desde la llegada de Trump al poder ha entrado en juego una forma de agresión económica nueva a través del bloqueo financiero, agresión que también dificulta la adquisición de alimentos y medicinas.

A esto se le une otra amenaza muy grave: la de un embargo petrolero que amenaza con interrumpir los ingresos provenientes de la venta de crudo a los EE.UU. que son la “caja chica” del gobierno venezolano.

Es cierto que se puede vender el crudo en Asia, pero los grandes compradores de ese continente como India y China ya tienen también grandes proveedores como Indonesia y Rusia con lo que el ajuste para el mercado petrolero venezolano tomará tiempo.

La guerra financiera apenas comienza y en los próximos meses veremos cómo se desenvolverá y cómo responderá el gobierno venezolano a ella.

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Por Fabio Zuluaga / Supuesto Negado