¿Qué divide hoy a la oposición?

Tal vez sea por una especie de acto reflejo, pero lo cierto es que después de que el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, declaró que la oposición venezolana está dividida, la prensa internacional ha puesto su mejor empeño en demostrar que el funcionario está en lo cierto.

La grieta en la que han puesto sus lupas los grandes medios internacionales es apenas una de las varias que cruzan el territorio opositor: la referida a si se debe o no negociar con el gobierno de Nicolás Maduro. Es una tronera que se está abriendo específicamente en el entorno más cercano de Juan Guaidó, en el sector radical que ha venido dirigiendo al conjunto del antichavismo desde enero pasado. Es una ruptura en el núcleo del ala pirómana opositora.

Pero hay otras grietas que abarcan a la oposición en su conjunto. Una de ellas es la falta de resultados políticos del Plan Guaidó, que ya llega a cinco meses de supuesta encargaduría. Y también causa divisiones la forma cómo el grupo que ejerce el mando en el campo opositor (Voluntad Popular, en esencia) ha manejado los fabulosos recursos obtenidos mediante la confiscación de Citgo, la autorización del pago de los bonos de Pdvsa y las apropiaciones poco ortodoxas de empresas, activos y cuentas bancarias en varios países.

Rienda suelta a los más violentos

No debe ser casualidad que la relacionada con el diálogo sea la fisura señalada por la maquinaria mediática como la supuesta causa de las discrepancias. Esa es la que más le conviene destacar a EEUU, adversario de un entendimiento entre los factores nacionales que nunca parece haber estado entre las “opciones sobre la mesa” de Washington.

Sembrar la matriz de que la búsqueda de un acuerdo político es lo que rompe la unidad les permite a los factores antidiálogo disparar a discreción contra iniciativas como la de Oslo.

Para sostener la tesis de que el diálogo con el gobierno es el foco de la división en el seno del antichavismo ha sido necesario otorgarles gran beligerancia a los dirigentes más radicalizados de la oposición, a pesar de que objetivamente hablando no representen tanto el sentir nacional como ellos mismos proclaman.

Grandes titulares han obtenido así los tres personajes que suscribieron una carta “al presidente Guaidó”, exigiéndole que “cancele y cierre de manera definitiva” los diálogos que se iniciaron en Noruega. Se trata de María Corina Machado, Antonio Ledezma y Diego Arria.

Las encuestas realizadas por empresas e instituciones de diferentes sesgos políticos coinciden en indicar que, al contrario de esos tres voceros, la mayoría de los venezolanos (de ambos bandos: gobierno y oposición) creen que es pertinente y sensato aupar el diálogo.

¿División entre pirómanos?

La desavenencia señalada por la prensa internacional está lejos de ser la fundamental en el conjunto opositor, pero sí muestra una fisura en la facción más radical, en el ala pirómana.

En los últimos años, las posturas extremas han reunido a los partidos y líderes de la ultraderecha en aventuras signadas por la violencia real o simbólica. Así pasó con “la Salida” de 2014, encabezada por Leopoldo López, Antonio Ledezma y María Corina Machado. Los dos primeros terminaron tras las rejas por sus actuaciones en esa ola de disturbios.

Los mismos partidos de estos mismos dirigentes (Voluntad Popular, Alianza Bravo Pueblo y Vente Venezuela) actuaron nuevamente en concierto en 2017, durante los cuatro meses de guarimbas que dejaron más de 120 víctimas fatales, cientos de heridos y detenidos e incuantificables daños materiales.

Machado y Ledezma también han respaldado plenamente el plan que se puso en marcha en enero pasado, con la autojuramentación de Juan Guaidó, ficha de Voluntad Popular. Ambos han sido partidarios abiertos de la intervención militar de EEUU y de una eventual alianza regional de gobiernos de derecha, y aplaudieron el intento de golpe de Estado del 30 de abril.

Sin embargo, las discrepancias han surgido a raíz de las conversaciones de Oslo, a las que califican de opacas, dañinas y generadoras de suspicacias.

La postura ultra de estos dos personajes (con el agregado de Arria, una individualidad en el estricto sentido de la palabra, pues no tiene un partido o movimiento en Venezuela) pretende presentar a Guaidó como un moderado, a pesar de que hace apenas unas semanas encabezó un intento de golpe de Estado y pese también a que ha concertado con EEUU una eventual invasión militar.

Incluso, algunos personajes tan o más extremos que estos han denunciado que Guaidó había forjado una alianza de cohabitación con los factores de poder del chavismo.

Las otras grietas

Otros puntos resultan mucho más creíbles como razones para la ruptura entre los diferentes grupos opositores. Entre ellos pueden destacarse dos: la falta de resultados del plan Guaidó en el plano político, y el manejo sectario de los frondosos “negocios” que han surgido de esa operación.

La falta de resultados políticos afecta a quienes se aferraron a las grandes expectativas creadas en enero, cuando Guaidó se autojuramentó. Las esperanzas de un cambio súbito se han ido diluyendo al fracasar sucesivamente las fechas límites, los días D, los ultimátum anunciados por el diputado. La caída más acentuada se produjo luego del evento del 30 de abril, de cuyos efectos aún no se ha recuperado.

El segundo aspecto es quizá el más corrosivo, puertas adentro de la oposición. El grupo dominante ha demostrado en breve tiempo su vocación de camarilla en cuanto a la forma de repartirse el “botín” al que anticipadamente han logrado echarle mano, gracias a la complicidad con los gobiernos de Estados Unidos, varios países de Europa y Colombia.

Las empresas y los activos que ilegalmente controla el “gobierno interino” están reportándoles ganancias sustanciosas a personas del círculo más cercano de los líderes de VP, incluyendo familiares directos de Guaidó, según denuncias provenientes de las mismas filas opositoras.

Los que se están quedando por fuera de ese reparto están, lógicamente, muy decepcionados y molestos. De esa grieta se habla poco pero, quién quita que sea la más grande de todas.

Por Clodovaldo Hernández/ Supuesto Negado