Si no salta la talanquera, Venezuela puede esperar mucho de Amlo

Venezuela

Basándose en sus propias declaraciones y en las de quienes van a desempeñar funciones en la política exterior de su Gobierno, se puede asegurar que México, baja la conducción de Andrés Manuel López Obrador, se dispone a dar un giro drástico en sus posturas ante Venezuela. Solo falta saber cómo se desenvolverá la nueva administración en la práctica.

Dos experiencias de la región generan oscuras sombras de duda. La primera es la aparatosa voltereta a la derecha dada por Luis Almagro, el excanciller de José “Pepe” Mujica, quien tras ser electo con el apoyo de los Gobiernos progresistas del hemisferio se ha convertido en uno de los más reaccionarios secretarios generales en la historia de la Organización de Estados Americanos. La segunda es el artero cambio de rumbo de Lenín Moreno, en Ecuador, después de llegar a la presidencia en hombres del líder de la Revolución Ciudadana, Rafael Correa.

Tanto López Obrador como Marcelo Ebrard, quien será su ministro de Relaciones Exteriores, han enfatizado que la política internacional estará apegada a lo establecido en la Constitución mexicana: la autodeterminación de los pueblos, la no intervención, la solución pacífica de controversias, la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales.

¿Será posible que Amlo, a quien le ha costado tanto llegar a la presidencia mexicana, también se contradiga abiertamente una vez que asuma el mando? Es una pregunta que preocupa, claro está, a los mexicanos, pero también a países como Venezuela.

Guerra económica en puertas

La intelectual mexicana Karina Ochoa, docente del Departamento de Sociología Rural de la Universidad Autónoma Metropolitana de México, advierte que la respuesta a esas inquietudes “depende de muchos factores que hasta ahora son inciertos”, pero debe tenerse en cuenta que “en México comienza a perfilarse una ruta muy similar a la que se aplicó en Venezuela, es decir, la misma receta para diseñar una guerra económica y los mismos actores (la derecha mexicana, empresarios, ministros de justicia, medios de comunicación) con discursos muy similares a los que se esgrimieron contra Chávez y hoy contra Maduro”.

Ochoa, integrante de la corriente de la Escuela de Pensamiento Crítico Descolonial, que recientemente sesionó en Caracas, opina que “en todo caso, a Amlo le toca poner sus barbas a remojar y mirar detenidamente el proceso de Venezuela para entender por dónde viene la jugada, pues Venezuela tiene mucho que aportarnos en todos los sentidos”.

Enormes presiones

El analista venezolano Basem Tajeldine coincide en que para evaluar la fortaleza de la nueva política exterior mexicana será necesario tener en cuenta las enormes presiones a las que estará sometido López Obrador una vez que empiece a ejercer.

“El Gobierno de López Obrador se define como nacionalista, de carácter progresista, y seguro se empeñará en atender los grandes desmanes que reprodujeron los gobiernos anteriores, a pesar de la profunda crisis que está heredando −dice Tajeldine−. Sin embargo, él conoce muy bien sus limitaciones por la dependencia de Estados Unidos, que se agudizó precisamente durante esos Gobiernos neoliberales. Estados Unidos es su principal mercado y la casa matriz de las empresas que tienen en México sus maquilas. Esto es importante tenerlo en cuenta cuando se analiza lo que podría ser la política exterior de Amlo”.

Vuelta a las doctrinas Estrada y Carranza

Declarativamente, la política internacional del Gobierno de López Obrador está muy bien definida. Es un retorno a la que tuvieron a lo largo del siglo XX los Gobiernos derivados de la Revolución mexicana, cuyas líneas maestras fueron la neutralidad, la no intervención en asuntos extranjeros y la promoción de la solución pacífica de las controversias.

Tajeldine lo explica así: “México fue de los precursores en adoptar, en 1918, con el presidente (Venustiano) Carranza una política muy avanzada, cuando todavía el Derecho Internacional no se había instituido formalmente en las organizaciones internacionales, que no lo harían hasta después de la II Guerra Mundial.  Luego, esa política la siguieron definiendo varios cancilleres, entre ellos Genaro Estrada, que dio origen a la Doctrina Estrada, en los años 30. Más adelante, en los 60 y 70, se caracterizó por tener una posición muy neutral en la Guerra Fría. Fue el único país de la región que nunca rompió relaciones con Cuba ni con la Unión Soviética. El gobierno de Amlo vuelve a esa política de neutralidad, de colaboración, de respeto al derecho internacional, de no intervención. Eso va a marcar la diferencia con sus antecesores, desde (Carlos) Salinas de Gortari hasta (Enrique) Peña Nieto, que dejaron un rastro funesto  de sumisión a los intereses de Estados Unidos, aun en contra de los de su propio pueblo, al romper con esa sana doctrina de política exterior”.

El componente económico

Aparte del sólido acervo histórico de su Cancillería, el México de Amlo tiene en la economía un buen argumento para modificar la estrategia de relaciones internacionales que ha estado vigente en los últimos años. Los Gobiernos neoliberales, en particular desde la era de Vicente Fox, han acentuado la dependencia de México frente a Estados Unidos. Se estima que la visión de López Obrador ha de ser más global.

“Amlo, además de mantener una política exterior sana, profundizará las relaciones comerciales con muchos otros países porque eso conviene a México y a los capitales mexicanos que necesitan comercializar con todo el mundo, sin restricciones políticas o de cualquier  tipo”, se atreve a vaticinar Tajeldine, apoyándose en los análisis que han realizado intelectuales como Alfredo Jalife.

En el caso de Venezuela, la postura del nuevo Gobierno podría sincerar la situación que se ha planteado con la administración saliente, cuando se han tejido importantes relaciones comerciales con la industria mexicana a pesar de que el Gobierno de Peña Nieto se ha prestado a la política regional contra Venezuela.

“Se sabe que Venezuela importa de México la mayor parte de los productos de las cajas CLAP. Es importante que eso se preserve. Pero además, si México retorna a los sanos principios de su política exterior original, los dos países podrían incluso reactivar el Pacto de San José (para surtir de petróleo a Centroamérica y el Caribe), en particular ahora que Venezuela, por diversas razones, se ha visto en dificultades para atender la demanda que antes cubría con Petrocaribe”, expone Tajeldine.

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Por Clodovaldo Hernández / Supuesto Negado