¿Qué pasó en 2019? Resumen de los principales acontecimientos políticos

En términos políticos, 2019 podría ser caracterizado como el año del parto de los montes opositores.

Como en la fábula de Esopo, las montañas rugieron y gimieron como si fueran a parir una criatura enorme y terminaron dando a luz un ratón.

En enero pasado, la oposición parecía encaminada a la ruta del cambio de régimen, mediante una novedosa modalidad: la designación de un presidente paralelo con el aval de Estados Unidos y más de cincuenta países. Se esperaba el “parto” en cuestión de horas (de 48 a 72, dijo en algún momento uno de los promotores del derrocamiento), pero ha llegado el cierre del año y el gobierno de Nicolás Maduro luce fortalecido, mientras la oposición atraviesa por uno de sus peores momentos.

Auge y declive de un presidente autoproclamado

La figura central del año para la oposición fue Juan Guaidó, un diputado desconocido que, de buenas a primeras pasó a ser el “presidente encargado”, logrando, en una etapa inicial, reanimar a las alicaídas masas antichavistas.

“Guaidó es parte de una operación que, en sí misma, no es más que la continuación de veinte años de combate. Se quiso revitalizar a una oposición que estaba derrotada, transformando la Asamblea Nacional en una especie de gobierno paralelo. De esa manera se logró montar una ruta, lo que llaman el mantra (cese a la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres)”, expresa el profesor universitario y experto en campañas políticas, Atilio Romero. “Ese mantra ha recorrido el escenario este año con diferentes acciones: locales, regionales, globales, económicas, militares… Ahora, al comienzo del 20, enfrenta un problema de relegitimación política porque para mantener su condición de gobierno paralelo debe retener la presidencia de la AN”.

El sociólogo y analista político Ociel López coincide en la percepción de que el balance general del año político es muy diferente a lo que cabía esperar durante el primer trimestre. “Se fortaleció al gobierno y se debilitó tremendamente la oposición”, expresó.

¿Qué ocurrió para que el Experimento Guaidó, que se perfilaba como un fenómeno político, terminara más bien oxigenando a Maduro? Son muchos los factores, pero acontecimientos como el concierto Venezuela Aid Live, en la frontera con Colombia (23 de febrero) y el fallido intento de golpe de Estado del puente de Altamira (30 de abril) tuvieron efectos nefastos para el modelo de cambio de gobierno que intentó la oposición este año.

La ayuda humanitaria desvirtuada

El concierto de Cúcuta fue el centro de una operación global para legitimar una intervención extranjera en Venezuela, con fines humanitarios, pero que implicaría el derrocamiento de Maduro y la asunción de Guaidó al cargo para el que se había autojuramentado.

Los hechos de violencia ocurridos en paralelo fueron presentados al mundo como si hubiesen sido propiciados y perpetrados por el gobierno. Luego, un importante medio global, el diario The New York Times, demostró que la quema de los camiones fue responsabilidad de los grupos opositores que actuaron desde el lado colombiano. Al margen de esos acontecimientos, Cúcuta fue una hora menguada para la oposición porque tempranamente comenzaron los corrosivos escándalos del uso indebido de los fondos que supuestamente estaban destinados a atender una situación de emergencia nacional.

Romero lo ve se esta manera: “El concierto acabó con el concepto de ayuda humanitaria. Porque si desaparece la plata y termina siendo una ayuda para mí y mis amigos, no solo se trata de un problema de corrupción, sino también de la liquidación de un concepto. Políticamente es dramático destruir una línea estratégica clara que es la de que ante un país en crisis, con un gobierno desastroso, vamos a meter ayuda humanitaria. Los reales que se robaron son un boomerang contra su propia estrategia política. Eso genera incredulidad. La gente no cree en la ayuda humanitaria. El problema no es la plata en sí misma sino habérsela agarrado para asesinar la idea de la ayuda humanitaria”.

Los relatos sobre el mal uso de la ayuda se han multiplicado, especialmente desde que estalló la diatriba por el despido del así llamado embajador de Guaidó en Colombia, Humberto Calderón Berti. Según Romero, el intercambio de acusaciones ha demostrado (aparte de la tendencia a la corrupción) que la dirigencia opositora propicia el bloqueo y, simultáneamente, algunos diputados ayudan, a cambio de dinero, a los empresarios que colaboran con el gobierno para burlar las barreras impuestas por EE.UU. y otras naciones. Otro boomerang.

Volviendo a la analogía del parto de los montes, los hechos relativos a la falta de probidad apuntan a que la montaña no alumbró un ratoncito, sino una camada completa.

Del concierto propiamente dicho se recuerda el desplante de Miguel Bosé, retando a la alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet a que actuara sin demora en el caso de Venezuela (“¡Mueve ya las nalgas!”, le dijo). Meses después, Bachelet vino e hizo un informe bastante desfavorable al gobierno de Maduro. Sin embargo, otros eventos ocurridos después en el contexto latinoamericano han rebanado la credibilidad de la alta comisionada, pues todo parece indicar que no actúa siempre con la misma diligencia o, para decirlo al estilo Bosé, no en todos los casos mueve las nalgas tan rápido. Y, es justo anotarlo, Bosé tampoco hace sus estridentes exigencias respecto a países gobernados por la derecha, como Haití, Ecuador, Chile, Colombia y ahora Bolivia.

“Se les enredó la vida. Pareciera que Dios está ayudando a Maduro porque era impensable que se armarían esos rollos en Ecuador, Chile y Colombia”, comentó Romero al respecto.

El intento de golpe del 30 de abril

Otro acontecimiento marcador del colapso opositor fue el intento de sublevación militar del 30 de abril.

Ociel López lo recuerda así: “El escenario del 30 de abril, con Guaidó y Leopoldo López en la calle junto a militares alzados, iba acompañado de dos informaciones de redes: una, que habían tomado La Carlota, el aeropuerto militar de la ciudad; y la otra, que en la asonada estaba involucrado el general Iván Hernández Dala, comandante de la Guardia de Honor Presidencial. Esto animó el ambiente, pero en pocos minutos se supo que ni Guaidó había tomado La Carlota ni el general Hernández Dala estaba involucrado”.

Al saberse estas verdades, de acuerdo con el entrevistado, cambió el escenario militar a uno que apuntaba al conflicto social, a las manifestaciones populares. “Se pidió el apoyo de las masas y se produjo una marcha de militares y civiles armados por la avenida Francisco de Miranda, pero luego todo terminó con López pidiendo refugio en la embajada de España, y los militares en la de Panamá”.

López considera que el episodio evidenció la debilidad de EE.UU. para desarrollar una asonada militar en Venezuela. “Tendríamos que esperar un tiempo para saber hasta qué punto la salida de Bolton no obedeció al menos en parte a esta derrota militar en Venezuela. Lo que sí sabemos es cómo afectó a la oposición en general y específicamente a la facción radical. Las denuncias de Humberto Calderón Berti indican que su principal descontento es con la forma cómo Leopoldo López estuvo a la sombra de Guaidó y llevó a cabo el 30 de abril como una operación que parecía más para liberarlo a él que para avanzar en el terreno militar y político”.

Para la oposición, ese día no dejó nada bueno que recordar. “Cada vez que se habla del tema surgen amenazas de revelaciones -indica el sociólogo-. Henrique Capriles y el propio Calderón Berti han dicho que pronto se divulgarán datos sobre lo que ocurrió ese día, dando a entender que ellos saben algo que el resto desconoce. Es significativo que Edgar Zambrano, quien participó en la acción y estuvo detenido por ella, no la reivindicó cuando salió de la cárcel. Más bien ha tratado de hacer ver que fue una manifestación más. Los sectores de Primero Justicia y otros que participaron relativamente no han asumido tampoco el padrinazgo de lo ocurrido. Para la oposición es un día que debería ser olvidado, pero que será recordado mucho sobre todo cuando se trate de atacar o poner freno a la figura de López, quien ha generado divisiones internas muy severas”.

Añadió Ociel López que la marcha de militares armados convocando a ir a Miraflores, invitaba a una escalada violenta e irracional del conflicto y terminó de dividir incluso a los sectores radicales de la oposición porque vieron que era un evento demasiado alocado. “Todas las consecuencias implican una lealtad de la FANB respecto a Maduro y una incapacidad de la oposición para dividirla, a pesar de la captación de director de la policía política. Él fue la pieza clave de participación en el golpe por parte de funcionarios del gobierno, pero terminó siendo un cuadro aislado, sin garantía de conexión con otros funcionarios. El balance es muy lamentable para Abrams y los halcones republicanos, quienes tuvieron que reconocer que las personas con las que estaban haciendo el trabajo de inteligencia para desarrollar el golpe exitosamente, habían apagado sus teléfonos. Mencionó en concreto a Maikel Moreno y Hernández Dala, pero ambos aseguraron que no se relacionaron en ningún momento con el intento de golpe”.

Perspectivas de 2020

Luego de este parto de los montes, la oposición enfrenta un 2020 en la que, al contrario de 2019, luce a la defensiva o, en la visión más optimista, tratando de montar una nueva contraofensiva.

El profesor Romero apela a la teoría de los juegos para hacer el análisis más allá de lo coyuntural. “Ya sea desde su ángulo matemático, dramático o deportivo, tenemos dos actores con sus respectivas estrategias, en un marco geopolítico y en un marco local. La batalla en Venezuela es más geopolítica y regional que local. En ese contexto, uno de los actores propone multilateralidad, pluralidad, socialismo bolivariano y antineoliberalismo. El otro actor plantea la defensa del modelo de sociedad occidental, que se presenta como un paso de la dictadura a la democracia, mediante un proceso de transición”.

Las opciones que tiene la oposición, de acuerdo con Romero, son continuar o no con “el mantra” y eso implica decidir si reeligen o no a Guaidó en la presidencia de la AN, a sabiendas de que hacerlo significaría romper el pacto de 2015, según el cual el quinto año le correspondería ese cargo a un representante de los partidos minoritarios, fuera del G4.

“El escenario de no reelección tiene muchas alternativas. La más improbable es el triunfo de un diputado del PSUV, gracias a una fractura completa de la oposición. Otro es que se elija un actor moderado (alguien cercano a Claudio Fermín, por ejemplo). Un tercero es una recuperación del control por Henry Ramos Allup, lo que además sería una vía para negociar la salida de la AN de la situación de desacato, pues fue en su mandato (en 2016) cuando se originó. Por último estaría la elección de un miembro de los partidos de la oposición radical diferente a Guaidó”, lucubra.

“Creo que a la oposición le conviene más, incluso dentro de la estrategia del gobierno de transición, un actor distinto a Guaidó porque podría generar una línea favorable a la participación electoral que le permita mantener un espacio en la AN que se elegirá en 2020. Con Guaidó solo va quedando un camino insurreccional, el de no aceptar el CNE si lo nombra el Tribunal Supremo aunque sea con el visto bueno del otro sector opositor, en consecuencia, no ir a elecciones y ceder el control del único poder que dominan”, prosigue.

Plantea que si se mantiene en el cargo a Guaidó es muy difícil ir a unas elecciones con Maduro en el poder, incluso con un nuevo CNE, porque el sector que él representa se ha negado a ello como un punto de honor. Si termina haciéndolo, su electorado estaría deprimido, no votaría con confianza. “Guaidó ante una convocatoria a elecciones de la AN tendría que llamar a la abstención, y eso implicaría regalar la AN -concluye-.
El dilema es claro: ¿quién logrará controlar la AN en 2020? ¿Cómo puede la oposición mantener la mayoría?… Con Guaidó no sé si puedan”.

Como conclusión, Romero considera que el cuadro de la oposición en 2020 no es nada cómodo. “Estamos en la peor de las situaciones de la oposición-Guaidó, por los escándalos de corrupción que han afectado a su partido, VP, a Primero Justicia y a otros. Del grupo solo se salva AD, que no ha sido tocada. En ese terreno, el mejor escenario sería un regreso de Ramos Allup. Con él, el gobierno no la tendría tan fácil porque no es el mismo actor. Sería necesario un tipo de negociación distinta. AD podría moverse para una batalla por la AN en el único campo posible: el electoral, en el que pueden desenvolverse con su nombre o con otro, como ha hecho en el caso de sus cuatro gobernadores y un buen número de alcaldes. Podría meter sus diputados indirectamente incluso en un escenario de abstención”.

Otro aspecto que gravita sobre la elección del presidente de la AN en el último año del período, en el análisis de Romero, es que quien alcance ese puesto será presidenciable y, en consecuencia, los mismos dirigentes opositores se van a encargar de molerlo. “Mientras tanto, el gobierno juega cuadro cerrado y saca provecho de las debilidades del oponente. Es como estar frente a un enemigo que se está ahogando: tú no tienes por qué lanzarle el salvavidas”.

Al ir más allá de la elección de la directiva parlamentaria y proyectarse hacia los comicios para la nueva AN, Romero pronosticó un año muy intenso, en el que tendrán incidencia no solo el PSUV y lo que denominó la oposición-Guaidó, sino también los partidos que se han desligado de ese sector y han integrado la llamada Mesita, así como el poderoso actor emergente del pastor evangélico Javier Bertucci.

Añadió que para el sector opositor dominante el panorama se complica no solo por todo lo ocurrido en 2019, sino también porque hay muchas señales de que en las parlamentarias de 2020 se aplicará un sistema electoral parcialmente proporcional, lo que hará muy difícil conseguir un triunfo en toda la línea, como el obtenido en 2015, en los que fueron los mejores tiempos de la alianza Mesa de la Unidad Democrática.

El alumbramiento opositor de 2020 se anuncia con expectativas muy distintas a las de 2019. ¿Qué parirán este año?

Por Clodovaldo Hernández/ Supuesto Negado