¿Qué tiene que ver PDVSA con la crisis en Haití?

Haití arde desde hace semanas sin que la llamada “comunidad internacional” ni su prensa asociada le presten atención. La escasez de combustibles ha sumido de nuevo al país caribeño en una agitación social que bordea los límites de la guerra civil.

Son muchas las causas de ese cuadro dramático, pero la caída en la producción de Petróleos de Venezuela, tramas de corrupción en el país caribeño y la incesante presión de Estados Unidos contra Venezuela dañaron el programa de suministro de crudo de Petrocaribe y han agudizado el conflicto.

El colapso interno de Pdvsa, junto a la maraña de trabas derivadas de las medidas coercitivas unilaterales de Estados Unidos contra Venezuela han obligado a desmantelar una de las más potentes iniciativas del comandante Hugo Chávez: Petrocaribe, un mecanismo de venta de petróleo a precios preferenciales y con financiamiento para los vecinos de la cuenca antillana, que la oposición interna y la coalición internacional dirigida por Washington siempre catalogaron como una forma de garantizarse apoyos en los foros internacionales basados en la llamada “petrochequera”.

Corrupción interna

Antes de que la caída de la producción y el bloqueo estropearan ese programa, en el caso de Haití lo habían hecho las irregularidades perpetradas por funcionarios públicos y empresarios sin escrúpulos que se aprovecharon de las ventajas dadas por Venezuela para llenar sus propios bolsillos.

En el caso de Haití, estos delitos resultan particularmente indignantes porque el programa se concibió como una forma de prestar asistencia financiera al Gobierno para que enfrentase sus graves problemas internos, agudizados por el terremoto de 2010 y cinco grandes huracanes, entre ellos el Matthew de 2016.

La fórmula era que Petrocaribe le entregaba el crudo al organismo estatal denominado Buró de Monetización de los Programas de Ayuda al Desarrollo y este se lo vendía a las compañías privadas haitianas. Los recursos debieron destinarse a la recuperación de la infraestructura, especialmente en las áreas de la salud, educación, vivienda y vialidad. Sin embargo, se produjeron desvíos estimados en dos mil millones de dólares.

Está por verse también la responsabilidad de funcionarios venezolanos por este y otros casos de corrupción relacionados con Petrocaribe.

El punto de la corrupción es tan importante en el debate político haitiano que además de la renuncia del presidente proestadounidense Jovenel Moise, la oposición y movimientos sociales haitianos que han encabezado la ola de manifestaciones de los últimos meses exigen también que se enjuicie y castigue a los implicados en las irregularidades que distorsionaron los objetivos iniciales del programa de asistencia petrolera. Los parlamentarios opositores Youri Latortue, Moise Jean Charles y Shiller Louidor, han sido abanderados de estas solicitudes.

Las razones políticas

Paralelamente, el gobierno del empresario Jovenel Moise, sostenido por EE.UU., siguiendo el libreto establecido por Washington, ha preferido cortar la relación con Petrocaribe, supuestamente para desligarse de la influencia que la Venezuela revolucionaria ejerció sobre anteriores presidentes, como René Preval y Michel Martelly.

Moise (quien también aparece en las denuncias como uno los beneficiados por el desvío de fondos de Petrocaribe) se atuvo a las promesas de que EE.UU. suministraría el petróleo que dejase de entregar Venezuela, pero eso, obviamente, no ha ocurrido.

Al quedarse prácticamente sin combustibles, estalló la que ha sido catalogada como la peor crisis política de Haití, lo cual es bastante decir porque esa nación ha vivido en una perenne inestabilidad, entre otras razones por la continua injerencia de EE.UU. en sus asuntos internos.

Petrocaribe favoreció, además de Haití, a Antigua y Barbuda, Bahamas, Belice, Cuba, Dominica, Guatemala, Guyana, Grenada, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, El Salvador, República Dominicana y Surinam. Guatemala y Belice habían abandonado el acuerdo en 2014 y 2017. En junio de 2018, debido a la caída en la producción, Venezuela anunció que suspendía los envíos a todas esas naciones, con la notable excepción de Cuba.

Las denuncias sobre irregularidades fueron bien aprovechadas por los adversarios de Venezuela entre 2016 y 2018 para desprestigiar el proyecto. En simultáneo, EE.UU. se paseó por el Caribe ofreciendo el petróleo que obtiene mediante los procedimientos de fractura de esquistos (fracking), a cambio de respaldo a sus agresivas jugadas políticas contra el gobierno de Nicolás Maduro. Por supuesto que en el caso de EE.UU. no se trata de un programa social, sino del propósito de ganar el mercado caribeño para sus corporaciones petroleras y, a la vez, seguir estrangulando económicamente a Venezuela.

En 2018 se realizó en Washington una Cumbre de Seguridad Energética del Caribe en la que se habló de adoptar sistemas sostenibles de energías renovables para que la región. El propósito político, el verdadero, fue expresado por un vocero del Departamento de Estado: “Que el Caribe no profundice su deuda con el único proveedor de energía como ha sido hasta ahora”.

El objetivo se cumplió a la medida de los deseos de EE.UU., debido a la incapacidad de Pdvsa para seguir honrando el programa y a los escándalos por malos manejos en países como Haití. Ahora, toda la cuenca del Caribe depende nuevamente de los proveedores del capitalismo salvaje. El estallido social de Haití es uno de los primeros síntomas de ese retorno a la dura realidad.

Por Clodovaldo Hernández/ Supuesto Negado