¿Quién entiende a Trump y por qué botó a Bolton?

¿Entonces, John Bolton se pasó de la raya o no llegó a la raya? La contradicción de Donald Trump consigo mismo es tan flagrante que hasta provoca risa, aunque se trata de un asunto extremadamente serio.

La contradicción habla de cómo los candidatos presidenciales y los presidentes aspirantes a la reelección siempre son rehenes de los radicales del estado de Florida. Si dicen algo que a los extremistas mayameros les disguste, se ven obligados a desdecirse.

Trump echó a Bolton, un consentido de los grupos de poder de Miami y sus alrededores ideológicos, y para justificar la decisión dijo, en un principio, que el asesor de Seguridad Nacional se había pasado de la raya con respecto a Venezuela.

Las posturas de Bolton han sido tan radicales y belicistas que las palabras de Trump solo podrían ser interpretadas de una manera: la raya se refería al afán de Bolton de meter a Estados Unidos en una guerra en su mismo hemisferio. Visto así, parecía ser un rasgo de cordura en un mandatario con tendencia al disparate.

Sin embargo, al día siguiente, Trump (presionado por los votos de Florida para el 2020) cambió su enfoque, al decir que Bolton más bien lo frenaba en sus planes para Venezuela y Cuba. La noción de que se había pasado de la raya quedaba así reemplazada por una idea contraria.

¿Qué puede deducirse de esta aclaratoria? Si despidió a Bolton por no ser lo suficientemente radical, ¿significa que, de no haber sido por el consejero ya habría invadido Venezuela?

Es difícil imaginar a alguien más belicista que Bolton, sobre todo si se considera que ha sido el más radical de todos los actores estadounidenses involucrados hasta ahora en el Experimento Guaidó. Hasta un reconocido genocida como Elliott Abrams ha sido (un rato largo) más contemporizador. Entonces, habría que preguntarse por qué Trump despide a Bolton y mantiene en su cargo a Abrams, si el problema es de gente que lo frena.

La raya, ¿cuál raya?

Ante la primera explicación del despido (“se pasó de la raya”), los hermeneutas del discurso trumpista comenzaron a especular cuál de los diversos acontecimientos ocurridos desde enero hasta ahora podrían haber generado en el díscolo presidente de EE.UU. la idea de que Bolton se estaba extralimitando.

La estrategia estadounidense  que comenzó con la autojuramentación de Guaidó, tuvo uno de sus momentos mediáticos más calientes cuando Bolton fingió haber mostrado sin querer una anotación hecha en un cuaderno acerca del emplazamiento de cinco mil soldados en la frontera colombovenezolana. Fue tan impactante esa imagen que en la mayoría de los memes que se le han hecho desde entonces, Bolton aparece con el famoso cuaderno indiscreto y con los más ocurrentes apuntes escritos en él. De sombría amenaza pasó a ser objeto de chanza.

Usar semejante estratagema para amedrentar a Venezuela podría haber merecido el despido inmediato, si se tratara de un presidente más convencional. Pero no en el caso de Trump, a quien la prensa estadounidense atribuye un gusto casi vicioso por las acciones teatrales en el campo de la política exterior. A él le debe haber fascinado el numerito.

Falta de resultados

Todo parece indicar que el desacuerdo de Trump con Bolton no se refiere a que uno sea más radical que el otro respecto a su propósito de destruir el proceso revolucionario venezolano. En eso estuvieron en perfecta sintonía. De lo que se trata, según se aprecia desde fuera, es de la falta de resultados del plan. La raya que traspasó el asesor pudo haber sido la de las promesas fallidas.

Trump se cansó de que Bolton le ofreciera la cabeza de Maduro a corto plazo, y le cobró sus fracasos pasándolo a él por la guillotina.

Según analistas de la política exterior estadounidense, como el periodista mexicano Ángel Guerra Cabrera, es en el nulo saldo político a favor que puede hallarse el motivo de la rabieta que saca al asesor de su cargo. “El criminal de guerra Bolton prometió a Trump, un sujeto sin apenas experiencia política cuando llegó a la Casa Blanca, el derrocamiento de Maduro a más tardar en marzo de este año con el monumental impulso que le daría el autoproclamado Guaidó a la contrarrevolución. Una combinación de supuestos llevaría a ese objetivo: rebelión de masas encabezada por el hasta entonces desconocido líder opositor, recrudecimiento factual y legislativo del bloqueo al país sudamericano en alianza con la Unión Europea y los Gobiernos de derecha de América Latina reunidos en el Grupo de Lima y el quebrantamiento de la unidad institucional de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), que llevaría a un golpe de Estado o una intervención militar, indirecta, directa, o de una coalición”.

Guerra Cabrera, en un artículo publicado en La Jornada, con el llamativo título “Venezuela tumbó a Bolton”, examinó los resultados obtenidos por esta estrategia: “Excepto por el recrudecimiento del bloqueo a Venezuela, nada de lo que Bolton anunció a su jefe ha ocurrido. Al contrario. Guaidó ya no convoca a nadie y depende únicamente del apoyo yanqui, el pueblo venezolano no se levantó contra el presidente constitucional, la FANB no se quebró, Maduro sigue en Miraflores. Cuba, solidaria con Venezuela, resiste digna y creativamente un embate económico sin precedente”.

El efecto Rastrojo

Dada la forma casi simultánea como ocurrieron los hechos, no falta quien relacione la defenestración de Bolton con el serio escándalo que ha generado la difusión viral de las fotografías de Guaidó con los narcoparacos John Jairo Durán Contreras, alias “el Menor”, y Albeiro Lobo Quintero, alias “el Brother”, cabecillas de la peligrosa banda Los Rastrojos. Esta organización delictiva habría sido la encargada de pasar a Guaidó de un lado a otro de la frontera y mantenerlo “protegido” mientras estuvo en Cúcuta.

Este acontecimiento ocurrió en febrero, cuando se estaba preparando uno de los eventos más publicitados del plan de EE.UU. y sus aliados contra Venezuela, la introducción forzosa de ayuda humanitaria a través de la frontera del Táchira con el Norte de Santander. Pero la publicación de las fotografías ha causado daños muy severos en una estrategia que se basa en acusaciones genéricas contra el Gobierno de Nicolás Maduro, al que se califica como “narcodictadura”. Tal vez la primera víctima del terrible escándalo haya sido Bolton.

Por Clodovaldo Hernández/ Supuesto Negado