Gustavo Tarre Briceño: generación perdida de la Cuarta buscando revancha

Gustavo Tarre Briceño

Gustavo Tarre Briceño decidió contar su versión del 4 de febrero de 1992 en un libro al que tituló El espejo roto. Allí se refleja la visión de un representante de la clase política que, luego de muchos años de bien orquestada concordia en los cuarteles, había sufrido una sonora cachetada por parte de un pequeño grupo de oficiales de mediano rango.

Por vueltas que da la vida, 25 años después de la publicación de ese libro (1994) en el que caracteriza lo sucedido como uno de los tantos golpes de Estado que han ocurrido en América Latina, el conspicuo autor ha saltado a una súbita celebridad, como parte de una intentona de derrocar a un presidente constitucional.

En efecto, Tarre Briceño ha salido del ostracismo político al ser designado por la Asamblea Nacional como el representante del “Gobierno paralelo” ante la Organización de Estados Americanos (OEA). Su nombramiento ha recibido de inmediato (igual que el del autoproclamado presidente de transición Juan Guaidó) la acogida entusiasta de todos los factores que están involucrados en el intento de remover a Nicolás Maduro y poner en su lugar a alguien del agrado de Estados Unidos y la derecha regional y global. Incluso, ya su nombre aparece en Wikipedia como embajador de Venezuela en la OEA, sucesor de Samuel Moncada.

Cabe suponer que aunque sea en su fuero más interno el autor Tarre Briceño, luego de haber pontificado sobre el quiebre del espejo en 1992, habrá de estremecerse un poco por hacer parte de una jugada tan forzada en lo jurídico, que ya ha dejado un reguero de vidrios rotos en lo político. Y quizá todavía debería estremecerse más el abogado constitucionalista Tarre Briceño, quien se ha pasado parte de su vida dando clases de Derecho en la Universidad Central de Venezuela y otra parte, elaborando y discutiendo proyectos de ley en el fenecido Congreso de la República.

Pero eso es solo una elucubración, pues ya sabemos que los abogados (sobre todo los más prominentes) tienen esa capacidad de estirar y comprimir los preceptos legales, y de masticarlos y hacer bombitas con ellos, como si fuesen de chicle. Y así vemos a Tarre Briceño, con la Constitución en ristre, apertrechado de leyes, tratando de demostrar por qué él es la única voz legítima de Venezuela en la organización internacional.

Miembro de la generación perdida

Así como Henry Ramos Allup es el prototipo del dirigente acciondemocratista de la IV República, Gustavo Tarre Briceño es una muestra de lo que eran los líderes socialcristianos en los años ochenta y noventa: un señor de clase media alta, de sólida formación académica, bilingüe o incluso políglota (él habla inglés y francés) y admirador de los grandes líderes mundiales, especialmente los de derecha.

Nacido en Caracas en 194X, Tarre Briceño, pertenece a una estirpe de intelectuales. Su padre, Alfredo Tarre Murzi, también conocido por su seudónimo periodístico “Sanín”, fue uno de los últimos grandes polemistas de la prensa venezolana del siglo XX. También fue parlamentario y desempeñó destacadas funciones públicas. La hermana Maruja Tarre Briceño es una notable analista, sobre todo de temas internacionales.

A diferencia de Ramos Allup, Tarre Briceño salió del escenario político durante una larga etapa, tras haber sido diputado por veinte años, entre 1979 y 1999. Se mantuvo como figura opositora a los Gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, especialmente por su condición de abogado y profesor universitario, pero alejado del candelero político propiamente dicho.

Tarre Briceño –como Ramos Allup– pertenece a una generación de dirigentes de AD y Copei que perdieron su oportunidad histórica debido al “exceso de liderazgo” de ciertas figuras fundamentales de esos partidos: Carlos Andrés Pérez en AD y Rafael Caldera en Copei fueron por sus segundos mandatos, en 1988 y 1993, bloqueando el paso a los hombres que para ese entonces estaban llamados al relevo. Cuando por fin parecía llegar su tiempo, irrumpió el comandante Hugo Chávez y los dejó sin oportunidad alguna.

Fríamente calculado

Días antes de su designación como representante del “Gobierno de la AN” ante la OEA, circuló por las redes sociales un mensaje de audio atribuido a Tarre Briceño, en el que se explica detalladamente el plan que se estaba fraguando desde 2018 para darle un palo a la lámpara el 23 de enero de este año.

De acuerdo con la voz (muy parecida a la de Tarre Briceño, aunque en ese tipo de productos tecnológicos nada puede darse por seguro), desde la ruptura del diálogo y la negativa a participar en las elecciones, todo fue planificado para luego alegar la ilegitimidad de la reelección de Maduro. También se dice que la candidatura de Henri Falcón fue un punto en contra porque le dio alguna veracidad al proceso electoral, pero asegura que se logró crear el clima internacional apropiado para el intento de salir de Maduro por vía de la presión de la comunidad internacional.

La hermana, Maruja Tarre, ha negado que esa sea la voz de su hermano y ha asegurado que no son ni sus giros lingüísticos ni tampoco sus ideas, pero lo cierto es que, repentinamente, la AN sacó de un sombrero el nombre de este personaje para mandarlo a uno de los tinglados más proyectados de la lucha global en la que Venezuela es protagonista permanente.

El hombre del mensaje de audio afirmaba que afortunadamente él estaba metido en la muy bien planificada movida, “aunque sea con una uña”. De ser efectivamente su voz, habría que decir que se pasó de modesto, pues, por el cargo que le dieron, tiene metido todo el brazo. Obviamente, quienes lo eligieron saben muy bien que es un experto en espejos rotos.

____________________

Por Clodovaldo Hernández / Supuesto Negado