LAS RAZONES POR LAS QUE LOS EMIGRANTES VENEZOLANOS QUIEREN PARECERSE A LOS CUBANOS

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Hay emigrantes y hay exiliados. Los emigrantes salen de su país por muchas razones, económicas, laborales, deseo de cambios… los exiliados salen por razones políticas: o se van en rechazo a una situación, un Gobierno o son expulsados.

Por eso existe, desde hace siglos, el derecho de asilo, invocado por los perseguidos del mundo y reconocido por la Declaración de Derechos Humanos.

Obviamente, ser exiliado no solo da más “caché”, sino que reduce la odiosa burocracia con que los gobiernos limitan el movimiento de la gente.

Por más de una década los venezolanos lo han invocado en los EE.UU, tratando de ser no solamente la “emigración venezolana” sino el “exilio venezolano”.

En eso han imitado a los cubanos de Florida, y por un tiempo les salió bien. Pero resulta que ya no es una idea muy buena. 

 

¿Vidas paralelas?

Es bien sabido que los emigrantes venezolanos y el exilio cubano tienen una “relación especial”: el anticomunismo, el odio a dos gobiernos que son aliados, la rápida “colonización” de Florida, la invocación del asilo y el exilio como táctica.

Es casi como que los venezolanos quisieran recoger el testigo del anti-castrismo en el momento en que este se marchita.

Y es que, en efecto, el exilio cubano ya no es lo que era.

El Gobierno de EE.UU se ha acercado a Cuba sin que el otrora poderoso loby lo pueda impedir;  los hijos y nietos de los anticastristas  no tienen interés en combatir la revolución ni en “volver” a Cuba, excepto de vacaciones, y los empresarios cubano-americanos quieren hacer negocios en la isla.

El estadounidense común, que antes sentía tanta solidaridad por exiliados y balseros, está ahora más interesado en comprar habanos o en el paseo de Beyonce por la Habana.

Y hace poco les asestaron la estocada final: el anuncio, con “efecto inmediato”, del fin de la política “pies secos, pies mojados” vigente desde 1995, que en la práctica convertía a los emigrantes en exiliados políticos. 

Esta política consistía en una ley que le permitía a los cubanos que tocaban suelo estadounidense permanecer de manera legal en el país y acceder velozmente a la residencia, excepto si eran interceptados en alta mar. De ahí lo de “pies secos, pies mojados”. El fin de esa ley es producto de dos políticas de Obama: la de acercarse a Cuba  y la de limitar la inmigración.

 

Obama fue, después de todo, el “Deportador en Jefe”

Trump, ha dicho que va a revisar la política de acercamiento a Cuba, pero también ha prometido restringir la inmigración aún más que Obama, también conocido como el Deportador en Jefe; así que parece difícil que revierta esa decisión de su predecesor.

Todo esto marca el fin de una época para el exilio cubano, que no ha sido solamente un fenómeno y, más bien, es un modelo.

¿Un modelo para qué? Para asegurar que una comunidad determinada no solo pueda asentarse legalmente en un país extranjero sin muchos problemas, sino para que se haga influyente en el país anfitrión.

Y la esencia de ese modelo es confundir la emigración con el exilio.

Ese es justamente el modelo que los emigrantes venezolanos están, desde 2002, tratando de imitar. 

 

El otro modelo cubano

Durante todo el siglo XIX, en la lucha contra España, Florida acogió a exiliados cubanos, incluido al mismo José Martí, quien vivió muchos años en los Estados Unidos. Pero, obviamente, es desde la revolución, en plena Guerra Fría, en que para los cubanos el exiliarse en los EE.UU se convierte en un gesto político.

Aunque México, España y otros países de Europa y latinoamerica han recibido muchos exiliados cubanos, solo en Miami nació una comunidad con el nombre de Pequeña Habana. Alrededor de un millón de cubanos viven en los Estados Unidos, la mayoría alrededor de Miami.

Las primeras olas de exiliados políticos fueron anticomunistas: latifundistas expropiados, grandes propietarios, gente vinculada al régimen de Batista y personas que rechazaban el comunismo. En 1965 hasta 1973 salían dos vuelos diarios desde la playa de Varadero con destino hacia Miami, llamados “Freedom Fligths” (Vuelos de la libertad). Esa era la única manera de salir de Cuba, y de esa forma salieron más de 260 mil personas.

Estos eran verdaderos exiliados que habían dejado Cuba por razones estrictamente políticas. Fueron rápidamente asimilados por los EE.UU y se organizaron en Miami creando las redes anticastristas, que luego serían muy influyentes.

El mismo acto de salir de Cuba se convirtió en una forma de propaganda, como la Operación Peter Pan, muy publicitada por los medios, en que miles de niños fueron enviados a los EE.UU.

Eso hizo que las autoridades cubanas hicieran muy difícil salir de la isla y que el solo hecho de irse se convirtiera en una especie de lucha política.

 

Del exilio a la migración

Si hasta 1980 salir de Cuba hacia Miami era un gesto claramente político, entre el 15 de abril y el 31 de octubre de 1980, durante el incidente del bote Mariel, el exilio cubano empezó a convertirse en emigración.

Todo comenzó cuando un grupo de cubanos en autobús atravesaran las puertas de la embajada peruana pidiendo asilo. Cuando el embajador peruano rechazó entregar a los ciudadanos a las autoridades, Fidel prácticamente abrió la puerta a 4 mil cubanos en busca de asilo que llegaron a la embajada. Fue una situación muy polémica en que Fidel Castro declaró: “Cualquiera que quiera dejar Cuba puede hacerlo”, pero también llamó escoria a los que luego serían llamados “marielitos”, pues dejaron la isla en el bote Mariel.

El detalle es que en el bote no solo salieron exiliados políticos, sino todo tipo de emigrantes, incluidos delincuentes comunes.

El Mariel marcó una nueva época y luego, con el periodo especial, apareció un nuevo tipo de emigrante, el balsero, movido, sobre todo, por razones económicas. Además, muchos cubanos de clase media o profesionales también empezarían a emigrar.

La política de “pies secos, pies mojados” no era más que un mecanismo para confundir emigración y  exilio.

Luego, cuando las autoridades cubanas empezaron a remover los obstáculos legales para salir de Cuba,  el exilio se convirtió, oficialmente, en una simple emigración.

 

El ejemplo que Miami dio

La emigración venezolana comenzó en los años noventa, también motivada por todo tipo de razones. Hay en  Estados Unidos unos 225 mil inmigrantes venezolanos, de ellos el 40% llegó hace menos de 10 años.

Hay tantos venezolanos allí que a la ciudad de Doral, en Florida, le dicen “Doralzuela”: hay una  estatua de Simón Bolívar y una calle principal llamada José Luis Rodríguez “El Puma” Avenue.

Más de la mitad de ellos son jóvenes, universitarios y de clase media.

Aunque las circunstancias de su salida de Venezuela ni se parecen a las de los cubanos en los sesenta, hay mucha gente que quisiera hacer ver que sí: factores políticos, medios de comunicación y los mismos emigrantes que se dan su caché y pueden invocar la solidaridad de propios y ajenos si fueron “perseguidos”.

Para muestra un botón: según el Pew Research, 10.221 venezolanos han pedido asilo a Estados Unidos entre octubre 2015 y junio 2016, 168% más que los 3.810 que lo habían hecho el año anterior.

Eso hace de Venezuela el tercer país con mayor número de solicitudes de asilo en ese país, detrás de China  y México.

Es que llegar a Miami como turista y luego pedir asilo se ha vuelto una práctica común.

 

Hacerse pasar por exiliado no es buena idea

En 2002, los ejecutivos de Pdvsa llegaron a varios países invocando el derecho de asilo. Instantáneamente se convirtieron en los sucesores del exilio cubano: las autoridades migratorias no les preguntaban mucho y la embajada americana en Venezuela respaldaba lo que ellos dijeran.

Eventualmente la solicitud de asilo -una vetusta y respetable institución- fue secuestrada por la “viveza criolla: según el abogado Glenn Morales, especialista en Derecho Procesal Migratorio “Los venezolanos encontraron la figura del asilo como un medio para emigrar —a Estados Unidos— y estar legales”.

Pero, desde 2012, hay cada vez más casos de personas que son detenidas en los distintos aeropuertos estadounidenses y luego deportadas a Venezuela. Las autoridades migratorias estadounidenses están colocando barreras a los venezolanos que quieren usar el derecho de asilo sin reunir las condiciones mínimas requeridas.

Es que decir ciertas cosas suena bien en el melodrama caribeño, pero no en un aeropuerto de los EE.UU: hablar de que tienes miedo de vivir en tu país de origen es admitir que vas a pedir asilo, y como las autoridades estadounidenses se dieron cuenta ya de la “guachafita” venezolana, comenzaron a exigir más y mejores explicaciones y sobre todo pruebas de que están persiguiendo a la gente.

Y si no las cumplen pueden ser detenidos por bastante tiempo. Eso escarmienta a algunos pero también lleva a injusticias.

El Estimulo cita el caso de Alberto, un hombre de 33 años que pasó 18 días detenido en el aeropuerto de Houston, Texas. Como su  pasaje de regreso era para 4 meses le revisaron celular y equipaje. En el celular tenía videos de crímenes en Venezuela y cuando le preguntaron si tenía miedo de volver a su país él dijo melodramáticamente que en Venezuela todos tienen miedo. Fue enviado a un retén y luego le quitaron la visa.

Fue una injusticia. Pero es que la invocación irresponsable del derecho de asilo que solía ser un melodrama popular y un buen negocio hace unos años ya tiene con los pelos de punta a las paranoicas autoridades migratorias de Estados Unidos que no quieren oír de exiliados y asilos.

Y con Trump y sus ideas sobre la emigración no parece que eso vaya a cambiar.

Estos son otros tiempos y “Doralzuela” nunca será como la Pequeña Habana.

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Por Fabio Zuluaga / Supuesto Negado