REACCIONES DISÍMILES Y CONFUSAS EN DISTINTOS SECTORES DE LA OPOSICIÓN TRAS RESULTADOS ELECTORALES

Las reacciones de las diversas tendencias opositoras ante el resultado de las elecciones presidenciales del domingo 20 de mayo ponen en evidencia que la crisis de este sector de la sociedad venezolana es profunda y estructural.

Tanto los líderes y grupos que participaron, como los que llamaron a la abstención, demostraron su incapacidad para plantarle cara, con reales posibilidades de éxito, a la opción del chavismo, a pesar de que esta se encuentra evidentemente estancada en términos electorales.

Los abstencionistas

La política de abstención puede ser percibida por el opositor en general como un fracaso porque las elecciones dejaron en claro que sí era posible disputarle la victoria al presidente Nicolás Maduro, en caso de que las fuerzas adversarias se hubiesen presentado con un candidato unitario.

En términos de la lucha interna, los dirigentes de la ex-MUD pudieron respirar más o menos tranquilos porque todo indica que el electorado fue obediente a su línea de no participar, y solo una pequeña porción acató el llamado de los candidatos Henri Falcón, Javier Bertucci y Reinaldo Quijada. Esa respuesta les permite mantenerse como líderes opositores, aunque eso no es un gran consuelo, en vista de que no plantea una perspectiva clara de toma del poder, como no sea por las vías de hecho.

Julio Borges, a través de redes sociales, recurrió a una treta matemática bastante elemental, al decirle al presidente Maduro que es minoría porque la abstención superó el 50%. No hace falta ser experto en aritmética electoral para saber que casi todos los gobiernos del planeta operan bajo números muy parecidos, en la mayoría de los casos, mucho peores.

Las respuestas que recibió Borges, tanto de un lado como de otro, demuestran que si de popularidad se va a hablar, él debería ser uno de los últimos en tomar la palabra.

Falcón “encaprilado”

El principal disidente de la estrategia abstencionista, Henri Falcón, cometió la noche de las elecciones un error que muchos analistas consideran potencialmente fatal: querer devolverse a última hora.

Al salir a desconocer los resultados (antes de que se presentaran, por cierto) y al plantear la necesidad de repetir las elecciones, el candidato presidencial le dio la razón a los radicales y comprometió seriamente sus posibilidades de asumir el liderazgo de una oposición racional.

Falcón tenía en sus manos la opción de quedarse con el mando de la desarticulada oposición, de haber asumido la misma actitud que le distinguió en octubre, cuando fue derrotado por Carmen Meléndez en las elecciones para la gobernación de Lara. En esa oportunidad dijo: “A mí sí me ganaron”, y se dedicó a su siguiente propósito político, ser candidato presidencial. De haberlo hecho en esta ocasión, posiblemente habría dado un gran paso para convertirse en un dirigente político nacional.

La respuesta inmediata de Falcón se pareció un poco a la “calentera” de Henrique Capriles Radonski en 2013, pero ni siquiera en el seno de su propio comando logró arrancar un apoyo enérgico.

Un análisis de la escena de Falcón declarando su no reconocimiento de las elecciones proyecta algunas luces sobre los problemas estructurales de la oposición.

Su argumento más fuerte resultó ser el de la ubicación de los puntos rojos, es decir, un elemento externo del sistema electoral en sí.

Adicionalmente, ese reclamo se revierte en forma negativa contra un líder que pretende seguir luchando por obtener el favor popular, ya que implica una descalificación del pueblo votante. De manera expresa acusa a ese pueblo de prostituirse a cambio de algunos beneficios materiales, lo cual no parece la mejor manera de captar su simpatía.

En su cuestionamiento a los puntos rojos, a Falcón se le olvidó el problema de la autoridad moral. Diosdado Cabello se lo recordó: cuando ganó la alcaldía y la gobernación (por primera vez) hubo puntos rojos… y no eran de los Cardenales de Lara.

También intentó, una vez más, sembrar dudas sobre el voto asistido, un factor cuya incidencia ha demostrado ser mínima.

Denunció igualmente que se les impidió el trabajo a los testigos, pero la verdad es que su disidencia de la línea de la ex-MUD lo dejó virtualmente sin apoyo en este terreno logístico. En horas de la mañana, en un centro de votación tan importante como el liceo Andrés Bello de Caracas, la mayoría de las mesas no tenían testigos de Falcón, y no porque se les hubiese impedido acceder. Simplemente no los tenía. A pesar de ello, una simple visita a la página web del CNE demostrará que en ese lugar de la ciudad se mantuvieron las históricas tendencias entre gobierno y oposición, expresada esta última como la suma de votos por los candidatos opositores y la no participación.

La propuesta de Falcón de repetir las elecciones es probablemente parte de un plan para no salir tan mal parado, pero tuvo el rechazo inmediato no solo del gobierno, sino también del ala pirómana de la oposición, que justamente quiere lo contrario: cancelar la vía electoral indefinidamente, hasta que puedan poner en marcha un sistema de voto que les garantice la victoria.

Bertucci sacará provecho

Javier Bertucci tuvo la oportunidad de diferenciarse pero, al menos la noche del combate, también la desperdició. Salió a seguirle la jugada a Falcón con el reclamo de repetir el proceso electoral y de cuestionar el supuesto intercambio de votos por comida y beneficios económicos.

Sin embargo, es muy probable que el abanderado evangélico logre recomponerse y sacarle provecho a su situación. Para un candidato recién lanzado a la política no está nada mal haber llegado a las inmediaciones del millón de votos, y el pastor, con sus habilidades religiosas y empresariales, puede obtener a partir de eso importantes ventajas.

Radicales a lo suyo

El ala pirómana de la oposición intentará volver a lo suyo: la violencia que caracterizó los meses de abril a julio de 2017. De hecho, procuraron hacerlo la semana antes de las elecciones, pero sus llamados no tuvieron la respuesta esperada. Luego de los comicios, es de esperarse que lo intenten de nuevo.

Esta estrategia se sintoniza obviamente con la llamada “presión internacional” que tiene a Estados Unidos a la cabeza y a Colombia como peón de avanzada.

El desconcierto generalizado de los opositores se aprecia a simple vista y hasta a simple oído. Luego del anuncio del Consejo Nacional Electoral, en la comunidad de Candelaria, en el centro de Caracas, hubo un cacerolazo. Fue leve y breve. Ni para esa forma de protesta casera había ánimos en una zona predominantemente opositora que durante el día se había manifestado mediante la no concurrencia a los centros electorales en los que tradicionalmente se imponen sobre el chavismo en proporción de 70 a 30.

Reparto de culpas

La profunda y estructural crisis de la oposición va a pasar por una etapa de intercambio de responsabilidades. Los abstencionistas insistirán en su punto de que Falcón no debió prestarse a la “farsa electoral”, y los que participaron dirán que por culpa del boicot se perdió la opción de ganarle las elecciones a Maduro.

Entre estos últimos está el politólogo Carlos Raúl Hernández, quien desde la noche del domingo se dedicó a hablar fuerte sobre el tema. “Con los votos, con esas seis millones de personas que se abstuvieron, las que votaron en 2015 y no votaron ahora, hubiéramos obtenido un triunfo electoral, incluso superior al de la Asamblea Nacional”, dijo en un programa de Globovisión.

Hernández, quien respaldó de manera entusiasta la candidatura de Falcón, advirtió que la oposición venezolana se encuentra desestructurada. Recriminó la postura de los abstencionistas, alegando no servirá de nada “¿Qué van a hacer ahora… Van a volver con el cuento de que la comunidad internacional va a resolver el problema aquí?”, se preguntó.

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Por Clodovaldo Hernández / Supuesto Negado