Redes sociales de preguerra en Venezuela ¿Quién ganó el primer round?

Una campaña de desinformación se cierne sobre Venezuela desde hace tiempo y en las últimas semanas se ha agudizado. Rumores sobre la crisis que atraviesa el país circulan a través de las redes sociales o servicios de mensajería como WhatsApp.

Son habituales los mensajes que advierten y llaman a no salir a las calles o esperar la llegada de la ayuda. Es la guerra psicológica.

En las últimas semanas continuos rumores de la salida de Nicolás Maduro del poder o sobre la entrada de la ayuda humanitaria han saturado las redes sociales.

El foco de esta acción psicológica está en provocar terror en unos y expectativas exageradas en otros en medio de la ansiedad generada por crisis. Las operaciones psicológicas son casi tan antiguas como la guerra y fueron muy comunes en el siglo XX.

Zunzuneo.

En 2014 ZunZuneo, una red social creada con dinero de USAID (y participación española) para promover la disidencia en Cuba. El proyecto captó a unas 40.000 personas, sin que estas fueran conscientes de la intencionalidad, y nunca llegó a alcanzar la fase propiamente política. Pero la intención, al parecer, fue promover una ‘primavera cubana’.

Zunzuneo fracasó pero no hace falta crear una red social nueva: solo explotar las que ya existen.

Las redes sociales se están convirtiendo en un instrumento más de la maquinaria de guerra tanto de los estados y los grupos terroristas. Participaba de ella el Estado Islámico, Cambridge Analítica, EEUU, China y Rusia

LikeWar, el libro de P.W. Singer y Emerson T. Brooking explica con casos concretos la manera en la que Facebook o Twitter sirven para lanzar campañas de desinformación masiva, ocupar un territorio mientras se atraen nuevos militantes a la causa, espolear la violencia y crear un estado de opinión apoyado en falsedades y propaganda

Las redes sociales están bien equipadas para convertirse en armas o, cuando menos, para ser el medio de difusión de las operaciones psicológicas. Según sus críticos Facebook y Twitter no son medios de comunicación sino empresas dedicadas a masajear intelectualmente al cliente: sus contenidos o le dan la razón a lo que cree sin mostrarle otras perspectivas o le muestran la caricatura de las opiniones e intereses contrarios a los suyos…

Cuando no hace falta mentir.

Pero el problema en Venezuela es que la situación es tan grave que no hace falta, en muchos casos, inventar Fake News. Hay un estado de deterioro y angustia que es muy fácil de explotar por la guerra psicológica.

La emigración es un buen ejemplo: no habiendo cifras oficiales no hay forma de contrastar con las que dan los medios privados y los operadores de las redes sociales. En general, la falta de información precisa sobre la crisis ha dejado un enorme campo abierto para los adversarios del gobierno y sus partidarios cometen el error de creer que la respuesta es negar la crisis lo que, inevitablemente, les aísla.

El reciente ejemplo de un argentino y una española mostrando videos de zonas pudientes de Caracas para asegurar que “no existe crisis” es un excelente ejemplo de esto.

Y aunque se trataba de descalificar los argumentos de la invasión la verdad es que ante él público venezolano, que sabe lo que vive, el negacionismo acaba siendo un boomerang que les quita credibilidad a los defensores del chavismo.

Pero esta es una fase muy avanzada y otros elementos entran en juego: elevar las expectativas de la oposición, deprimir y angustiar a los chavistas, desprestigiar al gobierno.

La operación de los últimos días, con los camiones con ayuda es la fase culminante de esa operación.

Respuestas.
En este clima tan difícil todavía la mayoría de los medios chavistas y de izquierda no consiguen la manera de desmontar la matriz que favorece la entrada de la ayuda sin negar la gravedad de una crisis que todos saben es real.

Lo que si es cierto es que, ante la enorme flexibilidad de las operaciones psicológicas el paradigma actual de sostener, por todos los medios, una versión oficial no tiene ninguna utilidad.

Pero las operaciones en redes recientes, que se basan en elevar las expectativas en Guaidó y, como siempre, prometen un alivio o recompensa rápida, seguramente llegaran a su límite en las próximas semanas cuando la gente constate que el chavismo no cayó y los camiones con ayuda no entraron.

Ese será un momento crítico que solo podrá ser aprovechado si la respuestas a la guerra en redes pueden evolucionar y adaptarse.

En ese sentido la capacidad de generar una versión propia sobre la crisis en vez de negarla y, sobre todo, no dejar que el adversario monopolice y explote los sentimientos de empatía será algo decisivo pues, en esencia, de lo que se trata en el momento actual es de mostrar al chavismo como ciego ante la crisis e indiferente al sufrimiento de la gente.

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Por Fabio Zuluaga / Supuesto Negado