Por qué Arabia Saudita tiene licencia para matar en cualquier parte

Arabia Saudí es una de las seis monarquías absolutas que existen en el mundo.

Una monarquía absoluta es una forma de Gobierno en la que el soberano, en este caso el rey Mohamed bin Salmán, es la autoridad suprema, quien personalmente o mediante representantes decide sobre todos los asuntos del país, sin discusión ni oposición legal alguna.

Como el país es, además, una teocracia islamista, la interpretación que el monarca hace del Islam, palabra sagrada musulmana, es Ley.

Además, como en toda monarquía, el poder es hereditario.  La Casa de Saúd, a la cual pertenece el monarca actual, existe desde 1811. La monarquía moderna se fundó en 1932, cuando se consolidó el reinado de Abdelaziz bin Saud, tras la campaña de reunificación que inició en 1902 con la toma de Riad, actual capital del país.

En razón de su forma de Gobierno analistas, intelectuales, políticos, defensores de los derechos humanos, en particular liberales y de izquierda, critican las relaciones políticas que occidente, la UE y en particular EE. UU., mantienen con el reino saudí.

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Poniendo a un lado las críticas por la ausencia de separación de poderes, elecciones, partidos políticos, sindicatos, libertad de prensa, etc., que sí existen en monarquías constitucionales como la española y la inglesa, la crítica se enfoca en los derechos humanos.

En particular se repudia la vigencia de la pena de muerte y su aplicación de forma abierta e incluso espectacular, mediante lapidación o decapitación en un acto público, a opositores políticos, mujeres que luchan por sus derechos, homosexuales que son descubiertos, etc.

Por esto se afirma que la monarquía saudí se basa en una interpretación extremista del Corán, quizás la más extremista del planeta, puesto que se conjuga con un poder absoluto e inmensamente rico.

Por otra parte, con base en su potencial petrolero, Arabia Saudí es la economía número 20 del mundo. El país, virtualmente, flota sobre petróleo ligero, es decir, fácil y barato de explotar.

Además, la monarquía Saudí ha sido en los últimos tiempos uno de los aliados políticos  y militares predilectos de occidente, en particular contra Irán y Siria.

En la actualidad la monarquía saudí mantiene una intervención militar en Yemen, y ha sido responsabilizada por la crisis humanitaria que vive el país intervenido.

ArabiaPasado un mes del asesinato del periodista saudí Jamal Khashoggi, en la embajada de su propio país en Turquía, la opinión pública global espera por las sanciones prometidas por la Casa Blanca a los responsables.

Ante la presión internacional, Mike Pompeo, secretario de Estado de EE. UU., en una entrevista radial en St. Louis, afirmó que el presidente Trump estaría “revisando aplicar sanciones a individuos que hemos podido identificar hasta la fecha que participaron en el asesinato”.

“Probablemente nos tomará unas semanas más antes de que tengamos evidencia suficiente para imponer esas sanciones, pero creo que podremos llegar a ese punto”, aclaró Pompeo.

Un día antes, el miércoles 31 de octubre, el príncipe Turki bin Faisal al Saud, exministro de Inteligencia Saudita, había afirmado que la reacción de Estados Unidos por la muerte de Khashoggi podría poner en peligro la relación entre ambos países, y agregó:

“Valoramos nuestra relación estratégica con Estados Unidos y esperamos mantenerla. Esperamos que Estados Unidos responda de la misma manera”.

Por su parte, Pompeo aclaró que EE.UU. mantiene “relaciones estratégicas profundas y de largo plazo” con la monarquía saudí y que “pretendemos asegurarnos de que esas relaciones sigan intactas”. Agregó que la sanciones se basarán en suspensión de visas a los culpables.

Analistas opinan que la respuesta de Washington y la UE apunta a dispensar al monarca saudí Mohamed bin Salmán por su responsabilidad en el asesinato.

Ya Trump había declarado que no suspendería la venta de armas al reino, y hace dos días el Gobierno de Canadá ratificó que no suspendería una venta de armas por doce billones de dólares.

Favorecen la tesis las recientes declaraciones del presidente turco, Tayyip Erdogan, quien ha sido uno de los principales artífices de la puesta en evidencia del asesinato.

El último viernes de octubre Erdogan aseguró que sabía que la orden de matar a Khashoggi vino de los “más altos niveles” del Gobierno saudí, pero aclaró:

“No creo ni por un segundo que el rey Salmán, custodio de las mezquitas sagradas, ordenara el ataque contra Khashoggi”.

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Por Julia Cardozo / Supuesto Negado