¿Serán Bolivia y Evo Morales los próximos sancionados por Trump?

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Cuba, Venezuela y Nicaragua se oficializaron como la nueva “Troika” del mal cuando Trump declaró la guerra al socialismo el 18 de febrero de este año en la Universidad de Florida.

En ese acto político, enfocado en Venezuela, Trump prometió derrocar a esos tres gobiernos en el corto plazo anunciando una cruzada contra el socialismo en todo el continente: “Hemos creado una vía para crear el primer hemisferio completamente democrático, libre del socialismo en la historia humana” proclamó ese día.

Aunque Bernie Sanders y Alejandra Ocasio-Cortez tienen realmente poco en común con Daniel Ortega, Raúl Castro y Nicolás Maduro, era evidente que el discurso apuntaba también a las elecciones presidenciales americanas y a captar no solo el voto ultraconservador sino el apoyo del estado de la Florida.

Sin embargo, la amenaza de Trump excluía a otro miembro fundador del Alba: la Bolivia de Evo Morales que ha estado conspicuamente ausente del discurso antisocialista de Trump y sus funcionarios a pesar de que Trump y EE. UU. sí están muy presentes en el de Morales.

¿A qué se debe este silencio?

Lluvia de sanciones

Nuevas sanciones cayeron el miércoles 17 sobre Venezuela, Cuba y Nicaragua.

En el caso de Venezuela las sanciones afectan al Banco Central de Venezuela y en particular a Iliana Josefa Ruzza Terán, una de sus directoras.

En el de Nicaragua a Laureano Ortega Murillo, hijo del presidente Daniel Ortega y al Banco Corporativo (Bancorp).

En el de Cuba es todavía más fuerte porque no solo revierte las políticas de Obama sino que lleva el bloqueo a niveles nunca vistos: esencialmente se ha prohibido a ciudadanos americanos hacer turismo en Cuba y a los familiares de cubanos mandar más de 1000 $ en remesas cada seis meses.

Poca amistad mucho comercio

Pero en el caso de Bolivia hasta ahora solo se le ha sancionado por no cumplir con los estándares mínimos de la Ley de Protección de Víctimas de la Trata de Personas.

La sanción, que se reduce a negar asistencia a Bolivia y a presionar para que los organismos multilaterales no le den préstamos, es muy débil, casi simbólica.

Morales ataca constantemente a EE. UU. a nivel discursivo, pero la relación económica bilateral se ha fortalecido, las importaciones y exportaciones de Bolivia hacia y desde EE. UU. se han triplicado desde que Morales llegó al poder: las primeras pasaron de 360 millones de dólares a 965 millones en 2017 y las segundas de 346 millones a 817 en el mismo periodo.

De hecho, por algún tiempo se trató de regularizar las relaciones diplomáticas pero, luego de los ataques y amenazas de los EE. UU. a sus aliados, a Evo Morales no le quedó otra que enfrentarse directamente a Trump en escenarios como el Consejo de Seguridad de la ONU.

“Modelo Plural”

De los fundadores del Alba el Gobierno de Bolivia es, de lejos, el más sólido económicamente: proyecta un crecimiento del producto interno bruto (PIB) del 4,5 por ciento para este año y una inflación estimada del 4 por ciento.

Y el modelo económico tras ese éxito está lejos de ser neoliberal: “Seguiremos siendo el país que más invierte, el Estado seguirá siendo el motor de crecimiento económico”, a dicho Luis Arce, ministro de economía boliviano.

Sin embargo, tampoco es un estatismo ortodoxo al estilo del siglo XX. El llamado “modelo plural” boliviano combina la intervención y actividad estatal en áreas como los hidrocarburos con el estímulo a la empresa privada y a la “economía popular”, haciendo crecer todo un tejido productivo de cooperativas y microempresas indígenas.

Esto ha puesto a Bolivia en la rara posición de ser elogiada por el FMI y la CEPAL. En 2015 él Financial Times llamó a Evo Morales “el socialista más exitoso del mundo”. Y, como reseñó la BBC en su momento, Morales pasó su cumpleaños, en Nueva York dando una conferencia a inversionistas de Wall Street sobre “Cómo invertir en la nueva Bolivia”.

El Gobierno boliviano ha usado la economía como un gran estabilizador interno y externo.

Recientemente Álvaro García Linera dijo que la vacuna contra el retorno de la derecha es “una buena gestión de la economía, una autoridad moral y sentido común”.

Esa combinación de estabilidad interna y externa parece que es la clave de que Bolivia esté fuera de la mira de Trump. Tal vez si hubiese disturbios como los que amenazaron con dividir el país en 2006 o si el país estuviera aislado y en crisis la situación fuera distinta.

La diferencia Boliviana

Pero el hecho es que, frente a otros gobiernos del Alba, Bolivia tiene algo así como ventajas comparativas.

Nicaragua no estaba económicamente ni muy mal ni muy bien, pero ocurrió una crisis política que desestabilizó todo el país e hizo a Ortega vulnerable.

Venezuela está desde 2014 en una crisis compuesta: primero económica, luego política y, adicionalmente, de servicios públicos que llegó a su pico el 7 de marzo con el apagón nacional.

Cuba es un caso aparte: su Gobierno quisiera relaciones con los EE. UU. como las que tiene Bolivia y trabajó mucho para que eso fuese así, más para su desgracia, están formados dentro de EE. UU. intereses que impiden que se dé una normalización de las relaciones.

Adicionalmente varios analistas han señalado que las reformas en Cuba no han sido tan exitosas como en Vietnam, que es su modelo.

Bolivia, por su parte, ha mantenido la estabilidad política, ha prosperado económica y socialmente y ha implantado un modelo económico exitoso.

Pero aun así nada garantiza que no tengan problemas viniendo en el horizonte.

Apuesta fuerte

Justo el mismo día que se anunciaron las sanciones, Andrés Oppenheimer publicó una carta indignada pidiendo a Trump que tome acciones contra el gobierno de Evo Morales: la razón es el controvertido intento de este de reelegirse por cuarta vez a pesar de que la constitución lo prohíbe y de haber perdido un referéndum en 2016 que consultaba a la población sobre la reelección.

Pero en diciembre el Tribunal Electoral de Bolivia lo habilitó como candidato presidencial.

Ya 15 legisladores de la oposición en Bolivia enviaron una carta a Trump pidiendo que Estados Unidos interceda ante la OEA para “evitar la consolidación de una dictadura totalitaria”.

Morales puede estar poniéndose a sí mismo en una situación parecida a la de Nicolás Maduro, en el sentido de que puede ser desconocido por “ilegitimo”.

En los últimos años la oposición en Bolivia no ha podido organizarse. De hecho, los adversarios más formidables de Morales han venido de la misma base social indígena que se ha enfrentado a él de una manera impensable en Venezuela o incluso en el Brasil de Lula: los mineros han protagonizado violentas protestas y también los indígenas que se oponen a la autopista del Tipnis.

Pero hasta ahora ha sido solo oposición a sus políticas y no a su liderazgo como tal.

Está por verse si la apuesta por reelegirse a pesar de la constitución y el referéndum contraviene la regla de “autoridad y sentido común” de García Linera y solo le quedará a Morales la “buena gestión de la economía”.

Por ahora no es así, no hay señales de que vaya a ocurrir, pero no lo sabremos con certeza hasta que se den las elecciones bolivianas que tendrán lugar en un periodo particularmente difícil para el continente.

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Por Fabio Zuluaga / Supuesto Negado