No solo en Venezuela se penaliza la traición a la patria

Ya se cumple casi un mes desde que el presidente de la Asamblea Nacional Juan Guaidó, se proclamó como presidente encargado.

Aunque en medio de una compleja y fluida situación política Guaidó no ha sido capturado y los representantes del Gobierno se han referido a él con condescendencia. Mas no está descartado que en el futuro pueda ser encarcelado.

De ocurrir, Guaidó podría ser sometido a la justicia venezolana por varios delitos que incluyen el de traición a la patria.

Así lo dijo recientemente la abogada María Alejandra Díaz, integrante de la Asamblea Nacional Constituyente.

“Los delitos pueden ser sedición, traición a la patria, porque además está contemplando con un Gobierno hostil acciones contra su propio país, y por supuesto usurpación de funciones, entre otros”.

Además del acto de juramentarse, desde el 23 de enero Guaidó ha trabajado con varios Gobiernos, incluido el de EE.UU., para provocar la salida del poder de Nicolás Maduro, a quien califica de usurpador.

Recientemente incluso se abrió a la posibilidad de solicitar una intervención internacional, lo que hace aún más probable que, de ser capturado alguna vez, sea acusado de traición.

Traidor

En Derecho, la traición refiere al conjunto de crímenes en contra del país en que se ha nacido.

Sin embargo, el origen del término es religioso: deriva del traditor latino que significa “el que entrega” y alude a como Judas entregó a su maestro.

Originado en la teología cristiana, durante la Edad Media el concepto se extendió a la relación con los señores feudales, a los cuales siervos y súbditos estaban unidos por juramentos religiosos.

Cuando en países como España, Francia e Inglaterra, los reyes se impusieron sobre los señores feudales y crearon Estados lograron “bipasearse” a los señores feudales exigiendo lealtad directa a cada súbdito por encima de los señores de cada provincia.

Fue así como nació el delito de traición en su forma moderna, como deslealtad al reino o el país. Sin embargo, la traición seguía siendo la violación de la lealtad personal al soberano, el rey, quien personificaba a la nación y al Estado.

En la tradición anglosajona, la traición a la patria es conocida como alta traición (por oposición a la “baja” que es a los señores feudales o nobles) y  era punible con las peores penas, como ser descuartizado o quemado.

Guy Fawkes, en quien se basa el cómic V de Vendetta, es el más famoso traidor de la historia de Inglaterra: conspiró con los españoles para volar en pedazos el parlamento inglés.

 El 5 de noviembre se festejaba su muerte en una celebración parecida a la quema de Judas, pero con el tiempo la gente empezó a simpatizar con él y el 5 de noviembre acabó convertido en un homenaje.

Sin embargo, con el derecho moderno, las condenas por traición se hicieron poco comunes. Es que la idea de traición estaba tan vinculada a la lealtad personal que tuvo que cambiar mucho para adaptarse a los Estados modernos, especialmente a los democráticos.

En países donde se había pasado del régimen monárquico al republicano los padres de la patria habían sido traidores al rey –y en algunos casos, como el de Francia, regicidas– por lo que la traición ya no se consideró deslealtad personal hacía un monarca sino hacia el Estado o la nación, la patria.

Lo que cada país ha considerado traición es muy variable. En algunos lo es conspirar o sublevarse contra el Gobierno, en otras atentar contra los jefes de Estado, la difusión de ciertas ideas y hasta la evasión fiscal.

Uso y desuso

En  el último siglo el espectro de lo que se considera traición se ha reducido muchísimo.

En la práctica Inglaterra ha abolido o dejado de usar todas las leyes sobre la traición y, más allá de amenazar con acusar de traición a británicos que apoyaban al Talibán, no se castiga a nadie por eso desde 1945, cuando William Joyce, propagandista nazi, fue condenado.

 En 1998 se abolió la pena de muerte por traición en ese país

Los últimos condenados por traición en EE.UU. fueron colaboradores de los nazis y japoneses. Tomoya Kawakita fue el último en ser condenado por traición en 1952, pero recibió un indulto.

Desde la Segunda Guerra Mundial ningún país occidental ha condenado a nadie por traición, y la mayoría de los crímenes que en otro tiempo se consideraban traición han pasado a ser tipificados como terrorismo, espionaje, sedición o rebelión.

Por ejemplo, los catalanes enjuiciados actualmente en España están acusados de rebelión y malversación de fondos, no de traición, a pesar de que el código penal español lo contempla.

Bradley Manning, quien entregó miles de documentos a Wikileaks, fue acusado por la justicia militar  con decenas de violaciones de código. Los cargos criminales más graves fueron robo de documentos y colaborar con el enemigo.

Snowden ha sido acusado de espionaje.

Es que, en general, a pesar de que desde la “lucha contra el terrorismo” los Estados occidentales se hicieron más punitivos, los juicios más sumarios y las penas más severas, el hecho es que no ha habido condenas por traición.

El término en sí ha caído en desuso.

Las condenas por terrorismo, secesión, rebelión, sedición y espionaje lo han ido reemplazando, por ser más precisos e implicar menos juicio de valor.

Delito de traición en América Latina

En América Latina ha ocurrido lo mismo, particularmente desde el final de las dictaduras.

En los últimos años los países que han aplicado penas por traición tienen Gobiernos e ideologías muy diferentes: Perú y Venezuela.

En Perú, luego de que Fujimori cerrara el congreso, el delito de traición a la patria fue tipificado de manera tal que englobaba lo que comúnmente se considera actos de terrorismo. Algunos consideran que era una forma de castigar doblemente los mismos crímenes: una vez por terrorismo y otra por traición.

La mayoría de los miembros del movimiento Túpac Amaru y de Sendero Luminoso fueron procesados por traición.

En Venezuela, este delito volvió a ser relevante tras la aprobación de la Constitución del 99 y la actualización del Código Penal. Se considera traición a la patria:

  • Atentar contra la independencia de la república.
  • Conspiración para destruir la forma política republicana de la nación.
  • La solicitud expresa de la intervención de algún país extranjero en los asuntos de la política interior de Venezuela.
  • Revelar los secretos políticos o militares.
  • La entrega de recursos a un país extranjero.

En los últimos años varios militares y civiles han sido acusados de traición a la patria.

Aunque el término en sí es muy anticuado, básicamente corresponde a lo que en Europa se tipifica como rebelión, sedición y espionaje.

En este contexto Guaidó es un caso aparte, pues expresamente ha dicho que puede pedir una intervención extranjera y ha cooperado en el congelamiento de los activos de Citgo, así que podría, con mucha facilidad, enjuiciársele por ello.

Sin duda que en Europa recibiría un tratamiento parecido al de los independentistas catalanes.

Pero, como el terrorismo, la traición es un delito cuyo castigo depende totalmente de la lucha política y sus resultados. En cualquier momento Guaidó podría tanto ser sometido a juicio por traición como exiliarse o ser indultado o ignorado por conveniencias políticas.

Los autores del golpe de abril de 2002, por ejemplo, fueron indultados.

Así que, en este caso, la cuestión política sin duda terminará siendo más relevante que la jurídica.

Por Fabio Zuluaga / Supuesto Negado