¿Qué sucede si un venezolano pierde la vida en el extranjero?

Lisbeth Gutiérrez viajó en agosto de 2015 a República Dominicana dejando en Venezuela a su mamá y a su hijo, a quienes esperaba procurarles una mejor calidad de vida con los ingresos en dólares que esperaba obtener en Santo Domingo, donde llegaría a trabajar como peluquera.

Sin embargo, una neumonía le quitó la vida un mes después de haber llegado a ese país, dejando a sus seres queridos sin la posibilidad de repatriar el cuerpo, porque los costos del trámite superaban con creces los ingresos del núcleo familiar.

En ese momento se necesitaban 3.700 dólares (81 millones 400 mil bolívares) solo para lo referente a conservación del cuerpo, embalaje, trámites legales y boleto aéreo para la carga. A eso se le debían sumar más de mil dólares (22 millones de bolívares) correspondientes al pasaje del familiar.

Hoy el mismo proceso representa más de siete mil dólares (154 millones de bolívares), un dinero con el que pocos venezolanos cuentan si una emergencia de este tipo llega a tocarles la puerta.

Pero, ¿qué opciones tienen los ciudadanos ante este tipo de situaciones?

Por excelencia este es un trámite que se realiza con el apoyo del Ministerio de Relaciones Exteriores, pero desde antes de 2015 ya se negaba el amparo a ciudadanos que no fueran miembros de los cuerpos diplomáticos del país.

Así lo confirmó la madre de Gutiérrez, Elena Prado, quien estuvo al menos una semana solicitando información sobre este trámite a diferentes organismos, que le explicaron que ya no contaban con las divisas para apoyar a quienes se encontraran ante este tipo de contingencia.

Luego de repasar sus alternativas, un familiar le recordó a Prado que Lisbeth se había ido a República Dominicana en avión y que los seguros de viaje cubrían las repatriaciones.

La información era cierta, pero Lisbeth eligió no adquirir el seguro porque no era un requisito necesario para viajar y porque incrementaba el costo del boleto en al menos 100 dólares.

Este tipo de seguros son indispensables para viajar a países como Alemania, España, Francia, Grecia, Holanda, Italia y Portugal, entre otros países de la Unión Europea, pero en Latinoamérica siguen siendo opcionales.

Hasta el día de hoy el cuerpo de Lisbeth sigue en un nicho en un cementerio de la localidad de San Pedro de Macorís. Su madre no ha podido viajar aún para despedirse de su hija, una de cientos de venezolanos que han muerto en iguales condiciones.

Por Andreína Ramos Ginés / Supuesto Negado