“QUE SUELTEN A BARRABÁS…” LAS PUGNAS POLÍTICAS QUE CONDENARON A JESÚS ESE DÍA

Tal como ahora, hace unos dos mil años Palestina estaba ocupada por una potencia imperialista y la vida cotidiana transcurría en medio de intrigas y luchas políticas. En ese contexto de lucha predicó Jesús de Nazaret, un líder religioso del que, en realidad, sabemos muy poco.

Muchas anécdotas colocan a Jesús de Nazaret en medio de la lucha política, frecuentemente chocando con los “partidos” de la época como los codiciosos saduceos y los fariseos hipócritas, incluso recurriendo a la violencia para sacar a los “mercaderes del templo”, pero la verdadera lucha política fue aquella en la que el pueblo tuvo que escoger entre él y un tal Barrabás –en Arameo Bar Abbâ–, quien según Marcos y Lucas había sido hecho prisionero por haber participado en un motín… Por escoger a Barrabás sobre Jesús se justificó durante mucho tiempo la persecución de los judíos y, más recientemente, ha surgido la sospecha de que Bar Abbâ podía haber sido un dirigente político o militar de un partido nacionalista, el de los zelotes.

Pero ¿quiénes eran estos fariseos, saduceos y zelotes? ¿De dónde venían las ideas del predicador de Nazaret que se enfrentaba a todos esos partidos? Y finalmente ¿quién diablos era Barrabás y cuál era su relación con Jesús?

Las cuatro grandes sectas

Si llamamos “partido” a un grupo más o menos organizado de personas unidas por una causa común, el pueblo judío en esa época tenía básicamente cuatro partidos o, como decía el historiador Flavio Josefo, “sectas”: los saduceos, los fariseos, los zelotes y los esenios. Todas las historias reales o ficticias del Evangelio toman sentido cuando se conoce qué buscaba cada uno de estos partidos.

Los saduceos (el partido de la oligarquía)

Los judíos de entonces estaban gobernados por una teocracia, es decir, por los sacerdotes congregados en el Sanhedrin que era una especie de senado. El sumo sacerdote también era el rey y, básicamente, títere de los romanos; por encima de todos estaba la autoridad del prefecto romano.

Pero los sacerdotes se dividían en varias clases y varios partidos, y los Saduceos eran el del alto sacerdocio, es decir, no solo eran sacerdotes sino también la aristocracia judía y los poseedores de la riqueza, tenían creencias y un modo de vida que eran mucho más afines con la de los griegos y los romanos: negaban la inmortalidad del alma y la resurrección, además sus leyes eran extremadamente duras y estaban obsesionados con proteger sus riquezas.

Como muchas oligarquías, los saduceos habían sido, en su momento, rebeldes: según la Biblia los macedonios impusieron sus costumbres y profanaron el templo y los saduceos se habían rebelado al mando de un guerrero, Simón Macabeo, que les hizo la guerra de guerrillas por casi 20 años. Realmente ha debido ser una guerra civil entre judíos helenizados y otros “ortodoxos” en la que se metieron los macedonios.

Eventualmente los saduceos salieron vencedores, en parte gracias a la ayuda de los romanos. Tras el triunfo, de ellos se reclutaba al “rey y sumo sacerdote” de los judíos quienes primero eran de la familia de Macabeo y luego de la familia de Herodes, con lo que las cosas se habían invertido: ahora ellos eran la élite de la sociedad judía.

Fariseos ( los ortodoxos)

Fariseo viene del hebreo perušim que quiere decir separar, es decir, eran los separados, los que se apartaban del montón por su observancia de la ley. Eran los antepasados de los actuales rabinos y provenían del sacerdocio medio y bajo que estaba en contacto, día a día, con el pueblo.

Representaban una corriente “ultraortodoxa” de la religión judía y exigían una obediencia al pelo no solo de la ley escrita en la Torá, sino en la nueva ley oral que había emergido en los siglos anteriores. Si los saduceos eran poderosos por sus riquezas y su posición los fariseos lo eran por su influencia.

El partido de los fariseos defendía, ante todo, la ortodoxia religiosa y la primacía de la tradición oral y escrita, así que las creencias medio paganas de los saduceos y su modo de vida disipado les hacía objeto de criticas y ataques de los fariseos. Pero esa no era solo una diferencia moral: fariseos y saduceos habían apoyado a diferentes pretendientes al trono y Alejandro Janeo, un rey del partido Saduceo, crucificó a más de 2.000 fariseos. Posteriormente tuvieron mejores relaciones con el rey, mas para cuando Jesús de Nazaret inició su predicación ya los fariseos habían roto sus relaciones con la dinastía de Herodes.

Los fariseos creían en la vida después de la muerte, en que los justos eran recompensados con la resurrección y los injustos con el infierno, que cada quien tiene libre albedrío para decidir qué hará y en la llegada de un mesías que redimiría al pueblo judío. La lucha con Jesús fue, sobre todo, en torno a la interpretación de la ley, pues para ellos esta debía ser cumplida cabal y literalmente: el gesto melodramático de “rasgarse las vestiduras” expresaba su escándalo ante la interpretación libre de la ley que hacía el nazareno.

Esa diferencia llevaría a que finalmente los seguidores de Jesús de Nazaret emigraran a Grecia y allí fundaran una secta nueva, separada del judaísmo.

Esenios (los hippies)

La visión ingenua es que las ideas del nazareno eran producto de una revelación divina o, en todo caso, una invención de un nuevo líder religioso. Pero de hecho las ideas que Jesús predica en los evangelios estaban ya presentes en la antigua Palestina. En particular la actitud que Jesús muestra en los evangelios (repudio de las riquezas, pacifismo, ascetismo, igualitarismo radical) son las de la secta esenia.

Los esenios eran un grupo de judíos que seguían un modo de vida muy estricto, siguiendo una rígida moral y un conjunto de reglas que exigían compartir todos los bienes, practicar el celibato –o la monogamia estricta–, abstenerse de usar la violencia y esperar el juicio de Dios sobre el mundo. Los esenios vivían en comunidades separadas, a veces en el desierto –en ciudades como Qumrán donde se encontraron los famosos rollos del Mar Muerto–, a veces en barrios de ciudades como Jerusalén, y se llamaban a sí mismos “comunidad de los santos” o “congregación de los pobres”, no comerciaban, no tenían esclavos y tal vez eran vegetarianos.

Como la mayor parte de los judíos de entonces, esperaban la llegada de un mesías (ungido) que juzgaría a todos castigando a los injustos y recompensando a los justos.

Su forma más bien hippie de ver el mundo corresponde muy bien con la de Jesús de Nazaret quien probablemente fue parte de esta secta o se educó en ella: el episodio del bautizo y de los 40 días en el desierto parecen aludir a costumbres esenias, a las que probablemente estuvo expuesto en sus años formativos.

Justamente en Nazaret existía una gran comunidad esenia la que, según los historiadores, tenía la particularidad de desconfiar de que la Ley de Moisés, tal como la habían conservado los libros, fuera auténtica… ¿sería muy extraño que de esa comunidad surgiera un predicador que anunciara una “nueva ley” distinta a la de Moisés?

Zelotes (los guerrilleros)

“Zelota” o kana’im son dos términos con que se conoce a un grupo de nacionalistas judíos radicales que surgieron casi al mismo tiempo del nacimiento de Jesús de Nazaret, precisamente durante una rebelión durante el famoso censo que impusieron los romanos.

Judas el Galileo fue, al parecer, el fundador de este movimiento que semeja a los movimientos nacionalistas modernos en que usaban la clandestinidad, la guerra de guerrillas y los atentados como métodos.

Los zelotes eran probablemente fariseos radicalizados que no aceptaban el yugo de Roma: no podían ser saduceos, pues sabemos que estaban en guerra contra ellos, y tampoco esenios porque estos eran pacifistas. Parece que los zelotes eran muy populares –lo que es de esperarse dado que lo que sabemos de Pilatos es que era corrupto y brutal– y no extrañaría que entre los seguidores de Jesús hubiese quien simpatizara con ellos.

De hecho hay especulaciones de que dos discípulos de Jesús eran zelotes: Simón el Zelote –llamado así por Juan– y tal vez Judas Iscariote de quien algunos especulan quería decir “judas el Sicario”.

Lo que nos lleva a…

Los sicarios (los malandros)

Sica es una antigua palabra Siria para una daga curva que era muy cortante y fácil de esconder. Al parecer existía una rama de zelotes llamada sicarios que se dedicaba a los asesinatos. Como toda fuerza rebelde, los zelotes tenían, inevitablemente, que cometer algunos crímenes, el problema con los sicarios es que llevaban eso demasiado lejos, pues al parecer atacaban a judíos que no observaban estrictamente la ley o que estaban más inclinados hacia la cultura grecorromana, es decir, mataban por razones religiosas y culturales más que políticas.

La forma en que los zelotes llevaron su movimiento no terminó muy bien, pero en todo caso parece que Bar-Abbâs era uno de estos –un zelote–, pues los Evangelios señalan que promovió un motín en el que murió una persona. Pero esto es solo una especulación, pues la historia de Bar-Abbâs es bastante confusa e ilustra muy bien lo poco que sabemos de Jesús de Nazaret y su época.

Liberen a Barrabás

Según los Evangelios de Marcos y Lucas, Barrabás estaba encarcelado por haber participado en un motín en el que se había cometido un homicidio, según Juan era un bandolero, y Mateo le llama “un preso famoso”. Esas son las fuentes bíblicas sobre Barrabás basadas en libros escritos varias décadas después de la muerte del Nazareno.

Al final, Poncio Pilatos habría usado una antigua costumbre de la Pascua y hecho escoger al pueblo (“oklos” chusma dice el evangelio) entre Jesús y Barrabás y la muchedumbre habría escogido al criminal sobre el salvador, o visto de otra manera, a la lucha política por este mundo sobre las promesas de “otro mundo”.

Pero con Barrabás surgen dos problemitas: 1. no existe ninguna prueba de ningún tipo de que existiera la costumbre de liberar a un preso en la Pascua. 2. Bar- Abbâ quiere decir “hijo del padre” y el nombre completo de Barrabás era Yeshua Bar-Abbâ, es decir, “Jesús hijo del padre”…

¿Esa no te la esperabas? ¿verdad que no?

En efecto: en manuscritos anteriores al siglo III D.C. y en otros usados por Orígenes, se le llama “Iesous ho Barabbas”, es decir, «Jesús Barrabás», Jesús Bar Abbâ o Jesús Hijo del Padre… por supuesto que suena como un absurdo, ¿cómo pueden ser la misma persona el que es condenado y el que se salva de la condena? A ese respecto hay tres explicaciones:

  1. La del error: cuando se escribió el Evangelio en griego se hizo una mala traducción de un texto o un relato oral en arameo. La gente habría pedido la liberación de “Jesús Barrabás”, y Pilatos se habría negado, pero cuando la historia fue traducida por alguien que no hablaba bien el idioma arameo, la petición de liberación habría permanecido en la historia pero se habría confundido el apodo Barrabás con el nombre de una persona diferente.
  2. La de la parábola: es simplemente un símbolo de como la gente no entendía lo que significaba ser un mesías y escogió la salvación terrena mediante la guerra y la causa de los zelotes, a la salvación eterna y la lucha espiritual que ofrecía Jesús, el discípulo de los esenios.
  3. La de la casualidad: el Nazareno no era el único judío llamado Yeshua y, simplemente, había dos Jesús, uno pacifico y otro guerrero que terminaron por reflejarse el uno con el otro.

En fin, en la Palestina del siglo I A.C. había mucha política, mucha pugnacidad, mucho espíritu rebelde y muchas divisiones que los Evangelios reflejan. Al fin y al cabo, la captura y ejecución del predicador de Nazaret fue un momento de lucha religiosa pero también política.

De ese episodio muchos momentos –como la traición de Judas– han sido muy estudiados y se han hecho desde musicales hasta novelas sobre ellos, pero tal vez el episodio de Bar-Abbâ, en el que la gente tuvo que escoger entre el hombre que luchaba por este mundo y el que luchaba por otro mundo, haya sido subestimado y tenga más que decirnos de lo que parece.

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Por Fabio Zuluaga / Supuesto Negado