SUELTOS Y DISUELTOS SOBRE LA MORBOCHANGA

Clodovaldo Hernández propone un glosario para entender la morbochanga sin morir en el intento y no parecer un “viejo, moralista, anticuado, impotente, frígido, acomplejado”


“Partes” destructivas. Todo lo que se ha podido lograr con las nuevas leyes y organismos para evitar y castigar la violencia contra la mujer; todo lo que se ha conseguido incluir al género femenino diciendo “los venezolanos y las venezolanas, los niños y las niñas…”, se pierde cada vez que suena un reguetón (especialmente si es del subgénero morbochanga) en un autobusete. Dicho de otro modo, lo que hemos hecho con el cerebro y el corazón, lo destruimos con los pies… o, más bien, con los genitales.

Mensaje contrarrevolucionario. En las piezas musicales señaladas, la mujer es pasiva, esclava, sometida; o bien, vagabunda, puta, bellaca. El hombre, en tanto, es una máquina sexual, dueño, castigador, un semental, siempre y cuando ande armado, en un carro carísimo y con grandes cadenas de oro. Chávez, el socialista feminista, preguntaría: ¿Y allí dónde está el socialismo, dónde está la revolución?

Letra. Para los que creían que con el reguetón habíamos llegado hasta los más profundo de la perdición, vino la morbochanga y se reventó el colchón, se reventó el colchón… ( y por ahí sigue, aunque con esto bastaría, porque ya tiene más palabras que varios de los grandes hits del género)

Pura paja. Hace unos años se publicó en varios lugares del mundo la versión según la cual Chávez había prohibido el reggaetón en las escuelas. La nota iba en tono de denuncia, hasta decía que era otra de las tantas arbitrariedades del “Gorila Rojo” (así lo llamaban ciertos eslabones de la canalla mediática) contra la libertad de expresión y de arte. De inmediato hubo una avalancha de opiniones ¡a favor de la medida! En los comentarios se leían expresiones tales como: “¡Bravo por Chávez, deberían prohibirlo en todo el planeta!”. Lo más irónico del asunto es que, en realidad, el comandante no había prohibido nada. Todo era pura paja.

Perra censura. Muchos no  se atreven a opinar contra el reggaetón y sus engendros para que no los tilden de viejos, moralistas, anticuados, impotentes, frígidas, acomplejados, mente cerrada… Son opiniones que nos tragamos por el miedo al qué dirán. O al cómo nos perrearán.

Errores de pueblo. Lo que le pasa a cierto sector del chavismo con el reguetón y sus (peores) derivados es lo mismo que le ocurre con otros asuntos, como el bachaquerismo, los raspacupos y la delincuencia en algunos urbanismos de la Gran Misión Vivienda Venezuela: se le tiene demasiada fe a eso de que el pueblo nunca se equivoca.

Escándalo es calársela. Mucha gente de izquierda se ha negado a sí misma el derecho a escandalizarse, porque supuestamente esa actitud es para moralistas burgueses. Hay que reivindicar ese derecho y decir, sin temores, “¡Pero, qué clase de mierda es esa!”. Más escandaloso es calársela en silencio.

Son peores. Algunos odian el tipo de música, pero son también machistas, misóginos y violentos domésticos. O sea, que son como reguetoneros morbochangeros, pero sin ritmo.

Por: Clodovaldo Hernández