SUEÑOS, DELIRIOS Y PEROLES QUE HABLAN ¿CUÁL ES EL FUTURO DE INTERNET?

Además de un santuario de la pornografía, Internet solía ser ese espacio en que la gente mandaba cadenas pavosas de correos o se engarzaba en interminables discusiones en un foro. Todo eso quedó atrás. Ya no estamos hablando de las redes sociales reemplazando al viejo Internet con sus páginas de geocities, sus blogs y sus foros, sino de un nuevo Internet que comunica al cepillo con el odontólogo, que permite que una persona bese a otra que está en otro país, tener sexo con el personaje de un animé o saber el menú de un restaurante antes de entrar.

En el futuro Internet, al parecer, no será un “sitio” al que vas a ver cosas, sino será algo de lo que el mundo entero dependerá directamente. Un sistema nervioso en el sentido más literal.

Redes Sociales

Para bien o para mal redes sociales como Facebook, Twitter o Instagram han reemplazado a los blogs y foros en los que la gente se encontraba en la primera fase de Internet. Obsesivas, vanidosas, absorbentes, tienen sin embargo algo en común con el viejo Internet: el usuario es el principal productor. Twitter radicalizó esa tendencia permitiendo a los usuarios generar noticias y videos.

Instagram generó su propia identidad como un sitio para compartir fotos y videos originales, generando todo un nuevo tipo de celebridad y Facebook ha entrado en esa lid con facebook video.

Pero la plataforma de participación del usuario más poderosa es Youtube, donde la división entre productor y consumidor audiovisual se ha ido disolviendo: tutoriales, ediciones amateur de videos, videoblogs, y todo tipo de locuras saturan la plataforma de miles de millones de usuarios. Y para gozo de unos e ira de otros un nuevo tipo de comentarista social ha surgido: el llamado youtuber.

Las redes sociales seguirán siendo, por un buen tiempo, la entrada a Internet para la mayoría de los usuarios.

La realidad Virtual

La realidad virtual es una idea que surge en los primeros años de Internet. A medida que las computadoras dejaron de ser calculadoras o procesadores de palabras y empezaron a procesar gráficos, sonidos y a operar máquinas a distancia se empezó a pensar que era posible que una computadora generara todo un simulacro completo de un mundo con sus olores, colores, sensaciones, etc. Surge así la idea de la realidad virtual, un artificio generado por un ordenador difícil de distinguir de la realidad cotidiana.

La película Matrix llevaba hasta el extremo el proyecto de la realidad virtual, todavía muy lejos de alcanzar en la práctica. Sin embargo se ha venido desarrollando tecnologías de realidad virtual inmersiva que consisten en sumirse totalmente en un mundo simulado mediante periféricos (cascos de realidad virtual, gafas, etc…), hasta el punto de que no se pueda percibir el mundo real. Se le llama semi-inversiva a aquella en la que hay interacción con el mundo virtual, pero sin estar sumergidos en el mismo, con un simple monitor; en eso consisten los videojuegos, y las simulaciones de vuelo o de guerra.

Como la inmersión en la realidad virtual semeja a la del sueño, muchas de sus aplicaciones son lúdicas, es decir, sirven para el juego y la diversión. Hasta ahora el mayor avance es el dispositivo llamado “oculus rift”, un casco que permite ver un mundo completamente virtual en 360º. Diseñado para juegos de video, es la próxima frontera de los juegos en línea, incluidos casinos virtuales en los que el jugador podrá sumergirse y sitios de apuestas, en los que el participante podrá ver el juego desplegarse en 360º.

Y eso también significa, por supuesto, sexo.

Pornografía filmada en 360º, sexo con criaturas virtuales gracias a aparatos que, conectados a los genitales, simulan el placer, mecanismos para que una persona bese o le de placer a otra a distancia o tenga sexo con una criatura imaginaria…los juguetes sexuales ya no son vergonzosas herramientas que la gente esconde bajo la cama: son dispositivos de alta tecnología, conectados a Internet, por las que pasa el futuro de la realidad virtual. Desde 2010, la inversión en realidad virtual ha rozado los 4.000 millones de dólares, y no extraña porque cualquiera de sus vetas por separado (sexo, videojuegos) es una mina de oro.

La realidad aumentada

Si la realidad virtual se asemeja a los sueños, la aumentada es similar al delirio: ya no te sumerges en un simulacro, sino que ves objetos o criaturas virtuales proyectadas en la realidad, como en el caso del conocido videojuego de realidad aumentada Pokémon Go.

La compañía de aplicaciones AR Soft explica que la realidad virtual “consiste en introducir al usuario en un mundo diferente”, mientras que la realidad aumentada permite “ver en el mundo real con información añadida”. Esto quiere decir que las imágenes y gráficos generados virtualmente son proyectados sobre el mundo real, estos pueden ser una criatura ficticia, la información de cómo conseguir un restaurante o de cuál es el menú del mismo. ¿Cómo las verías? Gracias al teléfono inteligente o a lentes especializados como los que ha inventado Google.

Puesto de otra manera, la realidad aumentada consiste en proyectar un mundo virtual sobre el nuestro creando una suerte de mezcla entre uno y otro: vas caminando por una calle y el teléfono te indica con flechas donde queda un restaurante o un monumento, y cuando llegas aparece un cuadro que te da información sobre la estatua que estás viendo o te muestra el menú.

Según los especialistas de AR Soft, el espectro se amplía a sectores como el turismo, la industria y el comercio o la educación. Al poder interactuar también con el mundo real, las posibilidades son más amplias y se prestan para otras experiencias. Con las gafas HoloLens de Microsoft el usuario puede “tocar” los objetos generados por computadora dentro de su campo visual, esta experiencia de manipular de forma “táctil” a los hologramas abre importantes posibilidades en las industrias del videojuego y del sexo.

El Internet de las cosas

Una nevera que avisa que la leche se está poniendo mala, unos zapatos deportivos que registran “en la nube” las estadísticas de cuánto corre su dueño, pocetas que analizan la orina y recomiendan dietas, un cepillo que programa una cita con el dentista…todo esto que parece de comiquita son aplicaciones de lo que se conoce como el “Internet de las cosas” o “Internet de los objetos”, idea de los ingenieros del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT). Implica que no solo tendremos redes de teléfonos o computadoras, sino que todos los objetos tendrán chips que los hagan “inteligentes” y medios para conectarse entre ellos y con la Red.

Gracias al sistema RFID (siglas para radio frequency identification, es decir, “identificación por radio frecuencia”), un chip de pocos milímetros integrado en cualquier objeto podrá procesar y transmitir información constantemente. Se estima que para 2020, entre 22.000 y 50.000 millones de dispositivos se conectarán a Internet. En ese nuevo mundo, un iphone mandaría un mensaje mandando a fabricar las piezas de reemplazo que necesita, el automóvil “hablaría” con los semáforos y con los electrodomésticos, y las fábricas funcionarían con un mínimo de mano de obra. Es lo que ocurre ya en ciertas tiendas en las que, al salir, un dispositivo detecta la compra y hace un cargo a la tarjeta de crédito del cliente a través del teléfono inteligente. Todo esto forma parte de una generación nueva de máquinas que ya no solo reemplazarán a los trabajadores manuales sino a los más calificados: abogados, cirujanos y pilotos pueden ser reemplazados por máquinas que cooperan entre sí.

Este mundo en que el hombre es “apéndice consciente de la máquina” ha sido profetizado hace mucho por gente como Karl Marx y Samuel Butler, pero los cambios en la vida cotidiana que implica son tan radicales que su impacto en el mercado de trabajo es incalculable, tanto que durante la administración de Obama se discutió el aplicar una Renta Básica Universal, es decir, un pago básico para cada ciudadano, ahora que una inmensa masa de ellos -incluso los más calificados- no podría conseguir trabajo sin importar cuanto lo intentara.

Inteligencia artificial

De por sí Internet no podría funcionar sin máquinas inteligentes capaces de cálculos complejos. Pero con Google, cuyos buscadores exigen programas cada vez más inteligentes (que puedan, por ejemplo, identificar un rostro) y que sean capaces de manejar las inmensas capacidades de información de la metadata, hemos llegado a un nuevo umbral de la inteligencia artificial (IA): los algoritmos de Facebook y Twitter pueden deducir los gustos de una persona y personalizarle mensajes, las inteligencias artificiales de Google hacen cuadros y se habla de entregarle a las IA el manejo de empresas o, al menos, de divisiones de ellas.

La inteligencia artificial de hoy no habita en el cuerpo de un robot que aspira a ser humano: es un fantasma que vive en el Internet y está detrás de su funcionamiento.

El director de Ericsson ConsumerLab, Michael Björn habla de la inteligencia artificial que está “en todas partes” y no solo en ciertos sistemas. Los usuarios lo han entendido: según los estudios de Consumerlab un 35% de usuarios de Internet avanzados quieren IA de consultor en su trabajo y uno de cada cuatro, incluso, la querría como jefe.

No tiene sentido pensar que estas cosas no impactarán al sur global o al tercer mundo: ya tenemos Internet, cajeros automáticos y computadores, es más, dependemos de ellos, pero cómo afectarán a países como el nuestro esta nueva ola de innovaciones es algo sobre lo que, tal vez, valdría la pena escribir una novela.

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Fabio Zuluaga / Supuesto Negado