SUICIDIOS: ¿POR QUÉ HAY MÁS EN SUIZA QUE EN VENEZUELA?

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El joven noruego o canadiense que se toma una botella de píldoras para dormir, el campesino hindú endeudado que se prende fuego, el delincuente del sur de los EE.UU que se hace matar por la policía, el enfermo terminal que se decide a terminar con su dolor, el depresivo que, en un momento de desesperación se lanza por una ventana o a los rieles del metro…

El suicidio es un tema difícil y enigmático. Difícil para los amigos y parientes de los suicidas, quienes suelen quedar marcados de por vida. Enigmática para investigadores y funcionarios de salud.

¿Por qué?

Pues porque la decisión de quitarse la vida, que parece la más personal del mundo, en realidad está atravesada por gran cantidad de variables culturales y sociales. De hecho, el nacimiento de la sociología como ciencia ocurre cuando Emile Durkheim descubre que los suicidios no son hechos aparte, sin relación entre sí, sino hechos sociales que describen tendencias muy claras.

Por eso, el suicidio se considera una clave para entender la situación social y cultural de los países y de sus regiones. Sin embargo, lo que las cifras de suicido nos dicen contradice lo que indica el sentido común: la mayor cantidad de suicidios en el mundo no ocurre en el Centro de África, el Medio Oriente o en zonas pobres y deprimidas sino en los países más prósperos, pacíficos y “felices”, aunque hay muchas hipótesis al respecto la verdad es que nadie sabe con certeza porque eso ocurre.

La paradoja

En 2011 la Universidad de Warwick, el Hamilton College, de Estados Unidos y la Universidad de San Francisco realizaron una investigación titulada: Dark Contrasts: The Paradox of High Rates of Suicide in Happy Places (Contrastes oscuros: la paradoja de las altas tasas de suicidio en lugares felices).

La cosa fue muy simple: compararon las primeras posiciones del ranking de los 10 países más felices del mundo de la revista Forbes, con las tasas de suicidios de esos países, a saber: Noruega, Dinamarca, Finlandia, Australia, Nueva Zelanda, Suecia, Canadá, Suiza, Países Bajos y Estados Unidos.

El estudio mostró que países bien posicionados en esa lista como Dinamarca, Islandia, Irlanda, Suiza, Estados Unidos y Canadá, eran al mismo tiempo los que mostraban una mayor tasa de suicidios.

Esto es consistente con las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud que muestran que Europa, probablemente la región del mundo con mayor nivel de vida, es la que también tiene las tasas de suicidios más altas.

“No somos suizos”

Así, es: para 2015 Venezuela tenía una tasa de 3 suicidios por cada 100.000 habitantes y Suiza una de 15.1, una vez más, según la OMS, curiosamente en Uruguay, a veces llamada “la Suiza de américa latina” por su elevado nivel de vida, la tasa era de 17.

Esto recuerda a la frase, más bien cínica, de un político de la 4ta república que decía que “no somos suizos”, ciertamente no en términos de suicidios: mientras que aquí ocurren unos 788 suicidios en todo año, en Suiza llegaron a los 1500 y las autoridades realmente se alegraron cuando bajaron a 1200.

Pero no se trata solo de Venezuela: para 2015 Afganistán tenía una tasa de suicidios de 5.5 y el Congo una de 9.6, Siria apenas de 2 y no hay punto de comparación entre las condiciones de vida de esos países (en los que además hay guerra) con las de Suiza, Suecia o Noruega.

Claro que hay excepciones: la República Centroafricana, uno de los países más fregados del mundo tiene también una altísima tasa, de más de 17, Bolivia, donde el nivel de vida tiene años incrementándose, tiene la tasa de suicidios en 18, lo que nos indica que hay variaciones locales muy importantes.

Sin embargo, la tendencia es clara: los países más prósperos y con nivel de vida más alto tienden a tener las tasas de suicidios más altas. 

Un mundo depre

Cada forma de vida tiene sus males y sus beneficios. Antes del capitalismo la vida solía ser mucho más corta debido, entre otras cosas, a la falta de medios para controlar las enfermedades y a la menor capacidad para producir alimentos.

Las vacunas, antibióticos y la tecnificación de la agricultura hicieron una enorme diferencia incluso en los países más pobres al hacer fácilmente controlables enfermedades que, en otro tiempo, eran verdaderas plagas como la peste, la sífilis, y las infecciones bacterianas.

Pero con el capitalismo, incluso el más desarrollado, surgen una serie de males endémicos: la gente vive más, pero la población envejece, se hacen comunes el estrés, el colon irritable, los canceres proliferan y también la depresión…

La depresión parece ser el “mal espiritual” propio del capitalismo, se le encuentra, de diferentes maneras, en los países más pobres y precarios y en otros opulentos como Japón y Suecia. Aunque no hay una respuesta definitiva a por qué la gente más prospera tiende a suicidarse más, la depresión (tristeza crónica) parece ser la respuesta.

En este sentido hay dos hipótesis que tal vez puedan explicar este fenómeno:

Según la primera cuando alguien vive en un país pobre o violento, comparara su situación favorablemente con los otros, es decir, verá tristeza y dificultades en todas partes y, tal vez, atribuya su desesperación a las condiciones en que vive y no a sus rasgos personales. Paradójicamente en países así muchos suicidas potenciales pueden pensar que si emigran o mejoran su situación económica pueden encontrar salidas a su angustia o su tristeza. Por otro lado, quien vive en un ambiente próspero y pacifico pensará que su situación no tiene salidas.

Otra posibilidad que hay que considerar es la de la existencia de un número considerable de “suicidios sumergidos”, es decir, suicidios que parecen muertes accidentales: sobredosis de drogas, accidentes de tránsito, muertes violentas, etc. En países pobres o violentos un buen porcentaje de los suicidios puede ser “sumergido” en accidentes, balaceras y sobredosis sin que el suicidio sea reconocible.

Pero estos no son más que hipótesis y pueden haber relaciones desconocidas entre el modo de vida de los países altamente desarrollados con las tendencias al suicidio y la depresión, una indicación de esto parece ser Japón, donde no solo hay casi 20 suicidios por cada 100.000 habitantes (de las tasas más altas del mundo) sino que hay todo tipo de trastornos de la conducta, sobre todo entre los jóvenes: hikomori (deseo de recluirse dentro de su cuarto) rechazo al sexo opuesto y las relaciones sexuales, aversión a la socialización, etc.

La excepción que confirma la regla

Sin embargo, sí existe una región en Venezuela con altas tasas de suicidios: los Andes, sobre todo en el estado Trujillo y en el municipio de Pueblo Llano, en Mérida.

En el caso de Trujillo, tiene una tasa de suicidios desproporcionada para su pequeña población, de hecho se ha reportado hasta un suicidio por semana en ese estado. Las víctimas y la forma en que se quitaron la vida son muy variadas.

Desgraciadamente este no es solo un fenómeno del estado Trujillo sino de todo el Páramo Andino. “El Silencio de las moscas” es un galardonado documental venezolano de 93 minutos, escrito y dirigido por el investigador del Centro de Antropología del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (Ivic), Eliézer Arias, trabajando con parientes de suicidas:

Son personas que han visto morir, la mayoría sin sentido, a hermanos, hermanas, hijos, hijas, madres, padres, amigas, amigos. Estamos hablando de tasas de suicidio 10 veces más altas que las de Venezuela y Caracas, o 3 veces la de Japón. Son rostros que son testigos, y sobrevivientes, no de un dato estadístico, sino de historias, y memorias de vida. A través de sus evocaciones y recuerdos sus muertos parecen aún estar presentes.

Curiosamente estas elevadas tasas de suicidio se presentan en Pueblo Llano, uno de los municipios más prósperos de Venezuela y uno de los pocos donde la riqueza proviene de la producción agrícola, de hecho, esta abunda. Según el reportaje de Rusia Today Pueblo Llano ha sido el escenario de algo rarísimo en un país petro-minero como Venezuela: un boom agrícola, solo este pequeño municipio produce el 70% de las papas que se consumen en Venezuela.

Esto, que en medio de la crisis parece excelente, se ha convertido en un problema para el municipio “Antes se producía para comer, pero ahora lo que mueve a los campesinos es la ambición. Quieren dinero a costa de lo que sea”, le comentó a RT el investigador de la UNSR Moisés Pereira.

En el caso de Pueblo Llano, esa “fiebre de la papa” ha provocado que se empleen cantidades desproporcionadas de agrotóxicos y fungicidas que han causado al menos 30 casos de síndrome de Usher (que causa sordera y ceguera).

Curiosamente, los agrotóxicos son una de los medios preferidos de los suicidas para quitarse la vida.

Esto prueba que el suicidio tiene variables y variaciones locales que son muy importantes. Algunas de ellas pueden ser realmente sorprendentes: un análisis en 2.584 condados de Estados Unidos, reveló que vivir en altas altitudes puede ser un factor de riesgo de suicidio. De acuerdo a los autores de la investigación, las personas que viven en zonas  de cierta altitud geográfica se suicidan más que las que viven en otras zonas más bajas, pero esto es solo una correlación y la causa de la misma sigue siendo un misterio.

Jóvenes deprimidos, campesinos desesperados, enfermos terminales, ancianos, niños desesperados por el acoso de sus compañeros, todo tipo de personas se quitan la vida todos los años haciendo del suicidio uno de los misterios más triste e inquietantes del mundo.

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Por Fabio Zuluaga / Supuesto Negado