Si eres pobre te toca la tortura de la televisión nacional

Las últimas cifras publicadas por la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel) señalan que cuatro millones 651 mil 707 hogares (el 60.3 por ciento de la población venezolana) disfruta del servicio de difusión por suscripción. El resto, utiliza otras plataformas para acceder a diferentes tipos de contenido o se ven obligados a consumir la programación transmitida por los canales de televisión nacional.

Esta programación está compuesta en su mayoría por refritos: novelas, series o shows de realidad que fueron estrenados hace años y que son repetidos indiscriminadamente, sin importar lo que quieren los usuarios y si ese contenido responde a las necesidades de la sociedad actual, una discusión de vieja data que no ha sido atendida por los dueños de medios cuyo único objetivo es hacer dinero a través de la publicidad.

Cuando son consultados sobre las razones por las que ya no invierten en la realización de contenido alegan que hay fuga de talentos, que los que se quedaron cobran en dólares y que ellos no tienen acceso a divisas.

Probablemente lo que tendríamos que hacer los venezolanos es pedirle a los grandes maestros del cine independiente que vengan a darle varias clases a los pseudo productores nacionales que permiten que se siga transmitiendo en televisión abierta la más “variada” programación basura.

Pague por ver

A pesar de que las opciones son limitadas (porque no hay acceso a divisas, las compañías de televisión por suscripción tienen problemas con la distribución de equipos y la velocidad de internet no es óptima, entre otras causas), el venezolano ha logrado sortear la tortura que representa ver la programación nacional.

De hecho, al ser consultados, la mayoría refiere que prefieren no ver ningún tipo de programación antes que ver televisión abierta. Del universo de personas consultadas, el 90 por ciento asegura que sólo sintoniza canales nacionales para ver noticias o la temporada de béisbol criollo, a la que también pueden acceder a través de los servicios de TV por suscripción o internet.

Esta última opción es la más utilizada, porque en infinidad de plataformas piratas se pueden conseguir todo tipo de películas, series y documentales de forma gratuita.

En la red de redes también encontramos servicios de programación paga vía streaming (es decir, que los contenidos no pueden ser descargados), que en los últimos años han tenido un importante auge pero deben ser contratados en moneda extranjera.

Algunos de ellos son Crackle, HBO, Rakuten TV, Amazon Prime, Epik, YouTube Películas y Netflix. Este último no se limita sólo a la difusión de contenido, ahora también lo crea.

Actualmente, Netflix cuenta con más de 125 millones de suscriptores en todo el mundo, lo que representa más del 67 por ciento de suscriptores de televisión a la carta. ¿Por qué? Es más económico si se comparte con otros pues el servicio te da la opción de utilizar tu clave en cuatro dispositivos diferentes, característica que abre la puerta a los revendedores.

En Venezuela, varios tienen el privilegio de disfrutar de esta plataforma. La cifra exacta de personas es difícil de conocer si la empresa no la hace pública, ya que sólo a través de las direcciones IP que solicitan ingreso a la página web es que se puede tener certeza de ese dato.

Sin embargo, es conocido que quienes tienen acceso al servicio lo hacen por medio de familiares o amigos que contratan la plataforma en el extranjero y comparten su clave con ellos.

Otra forma es a través de los vulgares revendedores de cuentas de Netflix, que abundan en redes sociales como Instagram en donde ofrecen paquetes mensuales por un costo mínimo de cuatro mil bolívares soberanos.

Uno de estos revendedores entrevistado por Supuesto Negado aseguró no tener mucho tiempo en el mercado, por lo que su número de clientes supuestamente no llega a 10.

Sin embargo, otro contactado a través de Instagram refirió que su negocio, por el que no paga ningún tipo de impuestos, le permite vivir comodamente en una Venezuela en donde a las oportunidades las pintan calvas.

____________________________

Andreina Ramos Ginés / Supuesto Negado