TEMER APUESTA SEGURO Y MANTIENE A BRASIL CERCA DE LOS BRICS

Brasil entró en el poderoso bloque de los Brics (Brasil, Rusia, India China y Sudáfrica) desde 2006 y su participación en el mismo ha estado asociada a los dos gobiernos de Lula y al de Dilma Rousseff. Con la entrada a este bloque Brasil, que tenía más de cincuenta años siendo llamado “país del futuro” parecía convertirse en una potencia del presente al codearse de igual a igual con algunos de los poderes geopolíticos más grandes de la tierra.

Los Brics, una combinación muy ingeniosa del Este y el Sur, parecían indicar una dirección geopolítica distinta tanto al bloque del Norte, con los EEUU y la Unión Europea y al del Pacifico, cosa que ajustaba perfectamente con la orientación izquierdista del gobierno de Lula.

Pero el gobierno de Temer, que ha dado un giro de 180 grados en muchas cosas parecería estar menos contento con esa dirección.

Entonces ¿Por qué sigue Brasil en los Brics? ¿Es posible que se aleje de ellos en el futuro?

“Dreaming with Brics”

Los Brics no son, como el Movimiento No Alineado, el paso al acto de una tesis política, sino de una económica.

La tesis –o hipótesis– detrás de los Brics es que cuatro Estados que podemos llamar no Estados-nación sino Estados-continente: Brasil, Rusia, India y China podrían convertirse en las cuatro economías dominantes en el año 2050. Jim O’Neill, economista global en Goldman Sachs, propuso esta hipótesis en un ensayo de 2001 titulado “Building Better Global Economic BRICS” (Construyendo mejores ladrillos económicos globales). Estaba haciendo un juego de palabras entre las letras iniciales de Brasil, Rusia, India y China, la palabra en inglés brick, que quiere decir ladrillo.

El ensayo tuvo mucho éxito en círculos académicos y gubernamentales pues los Brics tienen características muy importantes: Son economías ascendentes, tienen una clase media en proceso de expansión, tienen grandes territorios y grandes poblaciones por lo que se estima que tendrán más del 40 % de la población mundial y un PIB combinado de 134.951 billones de dólares.

Serían las entidades económicas y demográficas más grandes en la escena global y por tanto los potenciales herederos de la “aristocracia” económica de los miembros del “G-7”.

La idea es que China e India se convertirán en los más grandes productores de tecnología y las mayores reservas de mano de obra del mundo, mientras que Rusia, Brasil –y Sudáfrica que se incorporó luego– tendrán la plataforma industrial para ser los más grandes productores de materias primas del orbe.

La idea fue acogida por los mismos gobiernos de esos países y el 20 de septiembre de 2006, los cancilleres de Brasil, Rusia, India y China se reunieron en Nueva York.

Desde la reunión en Nueva York, los ministros de relaciones exteriores de las naciones del grupo se reunieron cuatro veces, incluyendo una reunión en Yekaterinburgo (Rusia) el 16 de mayo de 2008.

Desde ese año en sucesivas reuniones el nuevo grupo fue tomando forma hasta que, en diciembre del 2010, se acordó la incorporación de Sudáfrica, un país con similares características a los 4 primeros: gran población, amplio territorio, fuerte base industrial y abundantes recursos naturales.

Los Brics son más un polo económico emergente que uno político, un polo muy importante no solo por su enorme magnitud (la mayoría de los habitantes del planeta viven en alguno de esos países) sino porque es transversal a las divisiones entre el norte y el sur y el este y el oeste, posición que les ha permitido exigirle al FMI que se dedique a promover la igualdad entre los países del mundo y, posteriormente, la creación de lo que promete ser un mecanismo financiero muy importante, el Nuevo Banco del Desarrollo (NBD) –conocido popularmente como el banco de los BRICS.

Aun así, es muy heterogéneo, sus gobiernos tienen agendas económicas muy diferentes y no se puedan decir que todos sean aliados en el sentido geopolítico y militar. Rusia y China, las superpotencias militares del grupo, se están aliando poco a poco diplomática y militarmente, por razones muy particulares, pero eso no quiere decir que los demás harán cosas parecidas.

India, el otro coloso, aunque formidable, no se compara en su peso militar y geopolítico al Oso y el Dragón (que rivalizan con los EEUU) y junto a Sudáfrica y Brasil –que están muy lejos de ser grandes potencias militares o geopolíticas– tiene sus propios asuntos regionales.

Sudáfrica, Brasil e India, que apenas están emergiendo del Tercer Mundo, se distinguen por tener pendientes desde hace siglos asuntos sociales muy graves, –crónicos, de hecho– como pobreza, violencia, crimen, desigualdad, racismo– a diferencia de los dos miembros más poderosos del grupo que se han librado del todo de los restos del subdesarrollo y son naciones plenamente industrializadas. 

Temer y los Brics

Temer, quien fue vicepresidente de Dilma Rouseff, ha estado en dos reuniones de los Brics: en 2016 y 2017 y jamás ha demostrado inconformidad con estar en el grupo. En 2016 firmó convenios agrícolas y aduaneros y criticó en la cumbre el proteccionismo económico. En 2017, en China, defendió su política económica incluidas sus polémicas privatizaciones.

En realidad, la cooperación entre los países de este bloque se da en un nivel que está un poco por encima de los cambios de gobierno: el de las políticas de Estado de largo plazo. Brasil solía ser un imperio y tiene una política exterior bastante consistente. Por otro lado, y pese a no ser una potencia al nivel de Rusia o China, es demasiado grande como para que sea una República Bananera que “se pliegue a las directivas de Washington” en el sentido en que lo hacían los países de Centroamérica hace sesenta o setenta años, pretender eso es simplemente absurdo.

De hecho, durante los veinte años de dictadura de extrema derecha, pese a la estrecha colaboración con Washington y las empresas americanas, el estado brasileño tuvo su propia política exterior hasta el punto que muchos analistas no dudaban en hablar de un “sub-imperialismo” brasileño que buscó, por ejemplo, la expansión en el Amazonas y la cooperación con países distintos en megaproyectos de infraestructura como la represa de Iguazú.

La entrada a los Brics es la continuación de una política que, desde la fundación del Imperio Brasileño, busca convertir a Brasil en una gran potencia, además, en medio de una aguda crisis económica, es dudoso que Temer quiera romper lazos tan valiosos como los que tiene con los países del bloque.

Otros aspectos, como la creciente importancia de las relaciones con China, un gran comprador de materias primas, son también muy difícil de revertir incluso para gobiernos que tengan simpatía por Washington, además, las economías emergentes son más vulnerables a las guerras económicas como aquellas con las que amenaza Trump.

En cualquier caso, y aunque cada gobierno interpretará o manejará su papel en este bloque a su manera, dándole mayor o menor importancia, la entrada de Brasil a los Brics es un hecho consumado, una apuesta a largo plazo de la diplomacia y la economía brasileras.

Solo falta ver que tan bien saldrá esa apuesta.

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Fabio Zuluaga / Supuesto Negado