Tenemos problemas que no se le pueden achacar al bloqueo económico

El Gobierno del presidente Nicolás Maduro está saliendo bien librado de una de las arremetidas imperiales más potentes en veinte años, pero los problemas económicos siguen pesando sobre los hombros de todo el pueblo.

La conspiración política con fuerte acento internacional ha demostrado el peso que ciertamente tiene el argumento de la guerra económica esgrimido como una de las causas fundamentales de la crisis. Muy pocos sectores niegan ya que este es el principal factor exógeno. Pero hay otros que solo pueden hallarse dentro del país. Veamos tres de ellos: la política cambiaria, la debacle de Petróleos de Venezuela y la corrupción generalizada.

El tabú de la política cambiaria

El control de cambio, una de las políticas de más duración en el tiempo revolucionario (se instauró en 2003), comenzó a dar señales de vencimiento hace ya años. Pero cada vez que se planteaba la posibilidad de levantarlo, surgían voces de advertencia acerca del costo político que tendría esa medida. Tal vez la expresión más frontal en ese sentido fue la de Aristóbulo Istúriz, quien llegó a afirmar que “si eliminamos el control de cambio, nos tumban”.

En los años más intensos de la guerra económica (desde 2013 en adelante), el control llegó a ser prácticamente inoficioso. Los factores ajenos al Gobierno y al Banco Central manejaron a su antojo el tipo de cambio paralelo. Pero modificar esa política era un tema tabú. Desde dentro del movimiento revolucionario surgieron voces que clamaron por una modificación de la política cambiaria. Jesús Faría fue una de esas voces.

En 2018, meses antes de que el Gobierno anunciara su Plan de Recuperación, Crecimiento y Prosperidad Económica, Faría dijo a Supuesto Negado: “Yo he venido planteando ir a la unificación cambiaria y liberar la tasa de cambio. Lo vengo planteando hace varios años porque se notaba un agotamiento de los controles. Ahora ese agotamiento es gravísimo. Las evidencias están a la vista. No es necesario mencionarlas. En estos momentos, esa idea tiene mucho más consenso de los actores políticos, económicos y del pueblo. Pienso que el 70% o el 80 % del problema económico del país depende de cómo se establece el precio de las divisas, cómo se estimula el ingreso las divisas y cómo se asignan las divisas. El modelo de control de cambio tuvo efectos positivos durante un tiempo, pero fracasó con la caída de los ingresos, con las corruptelas grotescas, con el rezago erróneo de la tasa de cambio. Eso debe corregirse para que la economía pueda funcionar. De esa decisión depende la confianza en la economía, la determinación de los inversionistas, la posibilidad de sustituir importaciones o de exportar bienes diferentes al petróleo. Con el control cambiario es imposible empezar a resolver el problema económico nacional. Todo eso se mueve sobre la base de confianza y de estímulos”.

Un mes después de iniciado el plan, Faría se mostró esperanzado con los lineamientos que se habían puesto en marcha, aunque advertía que los efectos no iban a ser inmediatos: “Esto no ocurre de manera automática, pues el impacto del dólar se mantiene y lo estamos observando con el incremento de los precios y el efecto especulativo. El esfuerzo para preservar el valor, la capacidad de compra real de los salarios tiene que adaptarse a este nuevo esquema, pero tenemos que hacer un esfuerzo mayor y más eficiente para neutralizar la especulación cambiaria, frenar el incremento de la tasa de cambio que todavía tiene un componente especulativo muy importante”.

Hacia finales de 2018 y comienzos de 2019 se observó por primera vez en años un frenazo en las alzas desproporcionadas del llamado dólar paralelo. En principio este fenómeno no tuvo un reflejo equivalente en el comportamiento de los precios, que siguieron subiendo desquiciadamente. Sin embargo, en las últimas semanas se ha registrado, también por primera vez en años, una disminución en el ritmo de la hiperinflación.

Este fenómeno se produce luego de la casi total flexibilización del control cambiario y de la dolarización parcial de las transacciones económicas. Está por verse si tendrá los efectos políticos que temían en el pasado dirigentes como el profesor Istúriz.

El daño a Pdvsa

El robo descarado de las propiedades y fondos bancarios de Petróleos de Venezuela, perpetrado por Estados Unidos, en complicidad con la clase política opositora, ha puesto sobre la mesa una vez más la importancia que tiene la industria de los hidrocarburos para el funcionamiento del Estado venezolano.

Resulta claro que EE.UU. decidió golpear Pdvsa porque, como lo dijo el ingratamente recordado exembajador William Brownfield, es la única fuente de divisas de Venezuela. Pero aparte de esa maniobra malintencionada ejecutada desde fuera, Pdvsa ha venido sufriendo ataques tal vez tan graves como los actuales, desde dentro.

Esos sabotajes internos van desde errores garrafales en el enfoque de la política petrolera hasta corruptelas en las que se desfalcaron cifras fabulosas.

El especialista Carlos Mendoza Potellá describió la situación a mediados de 2018: “Lamentablemente soy pesimista porque conozco la situación, la estoy viendo constantemente. Las circunstancias no son nada favorables para Venezuela, y la situación interna también es bastante crítica. Las explicaciones de la caída de la producción pueden encontrarse en el abandono de la exploración. Ha sido muy acentuada la desproporción entre el dinero que se ha gastado en otras cuestiones y el que se ha invertido en exploración: 9 mil millones de dólares en otros costos operativos y 100 millones en exploración. Durante muchos años se consideró que era un gasto inútil seguir explorando si contamos con la mayor reserva del mundo. El principal problema nace en la planificación de la Faja del Orinoco (…) Los planes de incremento de la producción petrolera que se han formulado después de que se acogió la ruta de la Magna Reserva han fracasado uno tras otro, sin que se haya logrado alcanzar las metas que han ido desde los 2 hasta los 6 millones de barriles diarios”.

Venezuela quedó en desventaja tras la consolidación de la explotación del shale oil, el crudo extraído por fracturación hidráulica o fracking, que le ha permitido a EE.UU. recuperar su lugar como potencia mundial productora de petróleo. Eso cambia radicalmente las expectativas del mercado petrolero. Seguir insistiendo en que nosotros tenemos la mayor reserva petrolera del mundo y que vamos a producir seis millones de barriles dentro de unos años, con una inversión de 300 mil millones de dólares, es insistir en un proyecto inviable, dado los costos, la oferta contemporánea, los precios, y las nuevas tecnologías”, ha seguido advirtiendo Mendoza Potellá.

Lo más delicado del asunto es que durante el segundo semestre de 2018 continuó deteriorándose la capacidad de producción de Pdvsa, entre otras razones debido al bloqueo económico internacional que dificulta la contratación de empresas y la compra de equipos e insumos especializados.

Se sabe que han comenzado a aplicarse planes de rescate de pozos de petróleos convencionales que por diversas razones habían sido cerrados. Sin embargo, los conocedores del tema aseguran que estos pozos tardarán poco en entrar en un nivel de operación capaz de aportar significativamente para la recuperación de la producción nacional.

El factor corrupción

Un factor endógeno de la crisis económica es el de la corrupción generalizada. En eso coinciden propios y extraños. Es, además, un eje transversal porque la corrupción ha estado presente en la ineficaz política cambiaria y en el desastre de la industria petrolera, así como en toda la estructura estatal y en su relación con los particulares.

El dirigente Elías Jaua lo dijo el pasado mes de enero, días después de la juramentación del jefe de Estado, Nicolás Maduro, para su segundo mandato. “Tal como lo dijo el presidente, y quienes lo conocemos sabemos que lo dijo desde el alma, es imposible preservar la independencia y levantar la producción nacional si no se desmantela definitivamente el sistema mafioso que ha ocupado la economía nacional, un concierto de funcionarios y empresarios corruptos y corruptores que impiden cualquier plan de desarrollo”.

Jaua explicó que en los años iniciales de la Revolución, el comandante Chávez actuó correctamente al establecer que lo más urgente en el orden de prioridades era atender a un pueblo depauperado, en las catacumbas de la miseria. “Se decidió concentrar los esfuerzos en la superación de la pobreza. Él confió en que el sistema de justicia podría procesar y desmantelar los casos de corrupción que se habían cometido en el pasado, el gran latrocinio especialmente de los últimos años de la IV República, y cualquier otro que surgiera en su gobierno. Pero no fue así”.

El exvicepresidente y exministro señaló que la corrupción es una estructura montada para extraer la renta petrolera de manera ilícita, en la que juega un papel destacado el sector privado. “No digo que todas las empresas, no es un problema de que una persona sea mala o buena, sino de una lógica  de funcionamiento del capitalismo que encontró su manera de acumular riqueza a partir de la extracción ilícita de la renta petrolera venezolana. La muestra de que esa estructura sigue intacta es que, veinte años después de iniciada la Revolución, vemos como figuras ligadas a la IV República y connotados dirigentes opositores aparecen vinculados a hechos de corrupción con organismos del Estado. Un caso entre muchos es el de la familia de Antonio Ledezma. Si veinte años después, los personeros de la IV República siguen usufructuando de la renta petrolera es porque no se desmontó esa estructura”.

Desde que la Asamblea Nacional Constituyente designó como fiscal general de la República a Tarek William Saab se ha venido atacando al virus de la corrupción, tanto en términos generales como la que ha brotado frondosamente en la industria petrolera. Es de suponer que estas acciones judiciales han empezado a surtir efecto, pero el ciudadano común no deja de percibir el fenómeno a cada paso, en cada trámite y por funcionarios de los más diversos niveles.

Luego de ganar varias importantes batallas políticas en el escenario interno y frente al enemigo imperial, el gobierno está urgido de similares victorias contra los adversarios endógenos.

Por Clodovaldo Hernández / Supuesto Negado