ELECCIONES EN COLOMBIA: GUSTAVO PETRO CON CHANCE EN UN PAÍS POLARIZADO

Faltan apenas días para las elecciones en Colombia y Gustavo Petro el candidato de centro izquierda, está de puntero en las encuestas junto al candidato del uribismo Iván Duque.

Es como si la polarización, que se ha estado extinguiendo en Venezuela, se hubiera contagiado como una gripe en el vecino país, aunque en condiciones muy diferentes.

En la venidera elección colombiana están en juego muchas cosas: el futuro del ya casi malogrado proceso de paz, el retorno del uribismo al poder o, por el contrario, la llegada de la izquierda al poder por la vía legal. Algo inédito en esta nación donde las diferencias ideológicas han sido tradicionalmente dirimidas por las armas.

Pero ¿Quién es Gustavo Petro? ¿Tiene chance de ganar? ¿Qué significa para Venezuela si lo hiciera?

Te llamaras Petro…

Gustavo Francisco Petro Urrego tiene 57 años, es economista. En los 80 fue parte de la guerrilla del M-19, capturado y torturado por los militares en 1985, fue liberado en 1987. Con la pacificación de esa guerrilla, una de las más anómalas y creativas de la historia de América Latina, Petro fue instrumental para la creación de la Alianza Democrática M19.

La carrera política de Petro en cierta forma representa el ascenso electoral de una izquierda urbana y pacífica. Esto ya se había dejado entrever con el éxito de la Unión Patriótica que precisamente por ser un brazo pacifico de la Farc, fue masacrada en los 90.

El Polo Democrático Alternativo del que Petro fue parte por más de una década pasó de tener resultados electorales muy modestos (Petro sacó menos del 10% de los votos la primera vez que se postuló para alcalde de Bogotá) a votaciones muy importantes.

El ascenso de Petro se inició cuando fue electo senador en 2006 y se convirtió en una de las caras más visibles de la resistencia al uribismo.

En medio de la complacencia general con el paramilitarismo y la parapolítica, Petro fue uno de los pocos políticos que denunció públicamente quién era Uribe y qué era el uribismo: denunció el financiamiento paramilitar de Uribe y la promoción del mismo por el entonces presidente cuando era gobernador de Antioquia, sus denuncias políticas, frecuentemente, resultaron respaldadas por fallos de los tribunales cuando estalló el escándalo de la parapolítica.

Esa oposición abierta e irrestricta le dio un prestigio que hasta hoy perdura. Renunciaría a la senaduría para ser candidato presidencial en 2010 perdiendo ante Santos.

Más polémica fue su gestión como Alcalde Mayor de Bogotá entre 2012 y 2015, cargo que ganó tras separarse del Polo Democrático. Aunque defendió el medio ambiente y enfrentó intereses creados como los de las empresas de autobuses en la Alcaldía Mayor, se demostró poco eficiente, autoritario y soberbio. Fue destituido por el ultraconservador Procurador General y volvió al cargo gracias a la Corte Interamericana de Derechos Humanos y al presidente Santos.

El rechazo hacia Petro luego de su salida de la Alcaldía era tan espectacularmente grande –más del 70 %– que muchos han considerado un milagro que, hoy por hoy, sea uno de los candidatos más fuertes a la presidencia.

Otra polarización

En efecto, el uribista Iván Duque con el 34,4 %, es el puntero en la intención de voto, según Opinómetro. Gustavo Petro, por su parte, se acerca a Duque, con el 31,8 %. La diferencia es muy reducida pero hay que tomar en cuenta que, globalmente, ambos han caído en la intención de voto: en abril, en la que Duque obtuvo el 42 % y Petro el 33%.

Lo que está en juego con esta elección no es solamente la típica polarización derecha/izquierda (impuestos a los más ricos, gasto público, inversión social), que siempre es importante, sino el proceso de paz, que ha sido saboteado sistemáticamente por el uribismo, si Uribe vuelve al poder o si finalmente va a la cárcel (el cerco sobre su entorno se ha ido cerrando durante años) e incluso si Colombia se adentra todavía más en un modelo de desarrollo petrominero semejante al de Venezuela que el Uribismo defiende y Petro condena –al menos verbalmente–.

Una vuelta del uribismo al poder significaría, seguramente, una profundización de la violencia contra los activistas sociales (que ya es muy grande), la persecución sistemática de los desmovilizados de las Farc, la continuidad de grandes proyectos mineros y petroleros que han creado varios desastres ecológicos en Colombia, la continuación del deterioro de la salud y la educación y, como corolario, un renacimiento del uribismo y su Centro Democrático.

Pero hasta qué punto Petro pueda lograr lo opuesto a todo esto es algo que no está claro.

Petro y Venezuela

La política se hace, en gran medida, de creencias y de apuestas. Algunas son realistas, otras son atrevidas y otras ilusorias. Recientemente entre círculos de izquierda de todo el continente ha circulado la idea de que un “nuevo ciclo progresista” está comenzando con figuras como Petro y López Obrador en México.

En gran medida esta idea, difundida por medios de izquierda, es una ilusión que consuela ante la realidad. Lo cierto es que incluso si Petro y López Obrador triunfan y se unen a Maduro, no nos encontraremos con una realidad como la que existió en los años dorados de la “ola rosada”, no solo porque estos gobiernos –como el de Daniel Ortega y Evo Morales–, están en minoría en el continente, sino porque no está claro si sus relaciones serán tan estrechas y cordiales como en el pasado.

Pero si existe la posibilidad de que en vez de un “giro a la derecha” completamente homogéneo y sin fisuras, nos encontremos en los próximos años con una realidad mucho más complicada.

Aunque Petro no tiene relaciones particularmente estrechas con el chavismo –como si las tiene Piedad Córdoba– ha sido sistemáticamente acusado de ser el candidato del “castrochavismo” y de tratar de imponer un modelo cubano-venezolano en Colombia. Mientras que el rechazo más consciente a su candidatura se basa en su talante autoritario, sus vínculos con poderosos grupos económicos y su mala gestión en la alcaldía de Bogotá, para la mayoría de los que le rechazan Petro es, simplemente, un agente del chavismo.

No extrañe que haya tratado de diferenciarse del gobierno venezolano varias veces, las últimas de modo bastante enérgico: llamando “fraude” a las pasadas elecciones del 20 de mayo y asegurando que Uribismo y Chavismo forman parte de una “política de la muerte” ligada con el extractivismo minero y petrolero. También aseguró que el uribismo planea su propio fraude electoral.

Se entiende que, tácticamente hablando, Petro no está en posición de complacer al gobierno venezolano ni a la izquierda de otros países: para él es indispensable distanciarse lo más posible del chavismo para ganarse a algunos sectores que no están del todo seguros si es un “agente castrochavista” y que la forma más segura de hacerlo es poniendo al uribismo y al chavismo al mismo nivel.

Sin duda Petro ni se cree lo que dice ni es un “amigo secreto del chavismo” pero, aún así, las posibilidades de una relación entre Petro y Maduro son tan inciertas como las de todo su gobierno que estaría enfrentado a todos los demás partidos políticos.

Aunque podemos dar por descartado que, si Petro es presidente, se dé una relación abiertamente amistosa y afinidades profundas con Venezuela como las que hay entre los países del Alba (de todos modos ese tipo de cercanía es poco común en la política y es erróneo hacerla una referencia) Petro podría ser un interlocutor menos hostil que Santos, quien está decidido a hacer lo posible por favorecer la salida del chavismo del poder.

La frontera colombo venezolana con su difícil situación (contrabandos, refugiados, paramilitarismo, delincuencia, etc.) es uno de los escenarios donde una nueva colaboración entre Colombia y Venezuela puede darse siempre que ambos gobiernos tengan una actitud abierta y pragmática ante los problemas.

Lo que ocurra en todo caso, es una más de las muchas interrogantes que trae este año 2018.

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Por Fabio Zuluaga / Supuesto Negado