¿Por qué todo se está echando a perder?

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El colapso de los servicios públicos es posiblemente la sensación más palpable de la crisis económica. Fallas eléctricas, caída de internet, interrupción en el servicio del Metro, intermitencia en la plataforma bancaria y un largo etcétera, son la traducción cercana de lo que está viviendo el venezolano en su día a día. La cosa ya no se trata solo de la inflación, de la usura o del poder adquisitivo.

Incluso la sensación de que todo se derrumba a nuestro alrededor tiene una expresión mucho más doméstica: nos quedamos a oscuras en la casa porque no nos alcanza para reponer los bombillos, se dañan los electrodomésticos y se quedan así, miles de carros estacionados ante la imposibilidad de hacerles mantenimiento y hasta la utopía de renovar nuestro propio vestuario.

Es evidente que se necesita presupuesto para mantener las cosas, bien sean las propias o las públicas. Si el Metro importa sus repuestos y el acceso a las divisas está limitado (o el bloqueo gringo no permite que nadie nos venda esas piezas), pues es algo que empiezan a ver los usuarios en su rutina. Ante este panorama empieza a surgir dentro del imaginario venezolano la idea del resuelve, de las alternativas e incluso de la inventiva propia.

Pero como también es un asunto de Estado, Supuesto Negado decidió abordar la gestión de los servicios públicos en esta edición. Hicimos un ranking con las peores experiencias de nuestros servicios; realizamos una comparación de las tarifas de los sistemas de transporte subterráneo en el mundo; dimos un paseo por San Agustín para ver en qué estado se encuentra el Sistema Metrocable y finalmente conversamos con el diputado Ricardo Molina sobre las perspectivas de estos servicios en este escenario de crisis y sabotaje que vivimos actualmente.