TRUEQUE SALVAJE: “CAMBIO CÁMARA CANON POR COMIDA”

TRUEQUE

Hugo Chávez habló varias veces públicamente sobre las bondades del trueque. En más de una ocasión, en su programa Aló Presidente por ejemplo, explicó cómo era posible recurrir a este sistema de intercambio económico para escapar, hasta cierto punto, a los embates y lógicas del capitalismo.

¿Pero los grupos de trueque que estamos viendo hoy día conservan el espíritu solidario aquel del que habló el presidente Chávez? ¿Son organizaciones colectivas que buscan hacer frente al sistema imperante con miras a avanzar hacia el socialismo?

En Venezuela, desde hace poco más de tres años y cada vez con más fuerza, se vienen activando espacios virtuales para que sus usuarios intercambien productos. La verdad es que muy pocas de estas agrupaciones manifiestan un afán antisistema.

Casi todas las plataformas de trueque se muestran como una alternativa ante la escasez, el acaparamiento, la especulación y el alza de los precios que han desfigurado la economía venezolana. Sin embargo, la desesperación de unos es foco de oportunidades para otros, tal y como sucede en el mercado común.

El trueque para que sea justo debiera estar sostenido sobre un sistema de equivalencias que tome en cuenta, tiempo de producción, valor de las materias primas y fuerza de trabajo (mano de obra) de los productos a intercambiar, o al menos precio de venta de los mismos, esto permitiría establecer qué y cuánto de un algo podría cambiarse por qué y cuánto de otro algo.

La cuestión es que ese sistema de equivalencias no existe en los grupos de trueque de Facebook y Whatsapp, por ejemplo, sino que en todos reina una especie de energía que transforma la oportunidad en oportunismo y la necesidad en vulnerabilidad. Es decir, a estos canales acceden dos tipos de usuarios: los que trasquilan y los trasquilados.

Hasta hace meses, con sus excepciones, los intercambios mantenían cierto grado de coherencia, aunque siempre fueron arbitrarios, puesto que un litro de aceite no equivale a un kilo de harina o un kilo de leche, ni un kilo de pasta equivale a un blíster de pastillas para la tensión, puede decirse que había cierto orden de justicia.

Pero últimamente la cosa ha tomado tintes sorprendentes, algunos usuarios obligados por la necesidad están intercambiando teléfonos celulares y accesorios electrónicos por alimentos y medicinas.

Grupos como “Compras, Ventas e Intercambios (Caracas exclusivo)”, con más de 170 mil suscriptores, “Compra-Venta-Trueques-Valera-Trujillo”, con más de 12 mil, “Trueques Sin Restricción Maracaibo (estado Zulia, oeste)”, con 50 mil, “Cambios y Trueques Bolívar (sur del país)”, con 11 mil, demuestran que el fenómeno está extendido a lo largo y ancho del territorio nacional.

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Si bien, el dinero pierde sentido en estas nuevas formas de motorizar la economía, parece persistir la ganancia, principio fundamental de la acumulación de capital que mantiene a muchos en la pobreza, en la necesidad, en la desesperación, y a unos pocos en la grosera abundancia, bajo los principios del expolio y el despojo y no de la solidaridad. Está visto que la organización colectiva por sí sola no basta para cambiar las relaciones de poder.

En resumidas cuentas, es posible decir que se han abierto nuevas compuertas para potenciar el beneficio individual por encima del bien común, y se avanza de modo vertiginoso en dirección contraria al tan anhelado socialismo que tanto defendió el presidente Chávez. ¿El alto gobierno estará consciente de ello?

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Por Julia Cardozo / Supuesto Negado