EL DÍA QUE TRUMP ELOGIÓ A CHÁVEZ

EEEUU

 Tenía sentimientos, algunos muy fuertes, y representó a mucha gente que había sido dejada de lado”… “Nosotros también tenemos gente que, honestamente, también ha sido dejada de lado”.

En una entrevista en el Miami Herald, Donald  Trump se expresó así del fallecido presidente  Hugo Chávez.

En un contexto en el que líderes como Hugo Chávez y Fidel Castro son satanizados cotidianamente, Trump, la cabeza visible de la nueva derecha, no tuvo siquiera un comentario negativo.

¿Por qué?

La primera parte de la respuesta es sencilla: en la campaña Trump se diferenció claramente de Clinton y de toda la élite política, absteniéndose de atacar a “enemigos usuales” como Putín, al que dijo que admiraba.

Con esto se separaba de los otros candidatos y sus agendas para “defender la democracia”, en particular de Hillary Clinton que, abiertamente, estaba ofreciendo una escalada contra Rusia.

Al declararse admirador de Putin estaba diciendo entre líneas “no voy a traerles más guerras”.

Pero la otra parte de la respuesta sobre Venezuela es mucho más interesante: “nosotros también tenemos gente que, honestamente, también ha sido dejada de lado”.

Es aquí donde hay una ruptura.

Desde los años noventa, cuando el republicano radical Newt Gingrich fue el jefe del Congreso, el partido republicano se ha ido desplazando desde la derecha, al centro de derecha y hasta la extrema derecha.

Cristianismo evangélico, racismo, homofobia teorías conspirativas, odio a los inmigrantes, todo se unió para construir movimientos como el Tea Party y catapultar figuras como la de Sarah Palin.

Hasta ahí apelaban a grandes masas de blancos pobres en las zonas rurales e industriales en eterna recesión.

El único problema: la economía.

¿Cómo venderle el neoliberalismo a una masa de obreros y empleados no calificados que ven cómo se cierran fábricas y empresas que se van a México o a China?

¿A los granjeros desplazados por Monsanto que no tienen dónde vender su cosecha?

¿A los jubilados que trabajan en Walmart por una miseria?

¿A la gente que perdió los ahorros con la quiebra de la Enron, o la casa, en la crisis de 2008?

La crisis del neoliberalismo es tan grande, que no pudieron evitar el ascenso de un socialista confeso como Bernie Sanders.

Que con 50% de apoyo entre los demócratas, solo pudo ser detenido con todo el poder del aparato del partido demócrata privatizado por los Clinton, una “casta corrupta” donde esté.

Y Trump entendió que ni ese modelo puede seguir funcionando de la misma forma, ni podía ganar si no tomaba en cuenta ese descontento.

Por eso ha prometido desentenderse de guerras externas y enfocarse en los asuntos nacionales.

Varias veces ha hablado de renovar la infraestructura de los EE.UU invirtiendo un billón de dólares en obras que crearán empleos directos e indirectos.

Por eso ha atacado violentamente los Tratados de Libre Comercio (TLC), a los que acusa de destruir el empleo en los EE.UU.

Y ha prometido rebajas de impuestos a las corporaciones que vuelvan a traer los trabajos exportados a Asia y México.

Parece poco, pero ante una élite financiera que solo habla de guerra y libre comercio, para millones suena casi subversivo. El énfasis en el empleo es lo que hace que el discurso ultraconservador, al estilo del Tea Party pueda arrastrar a la clase obrera y la “América profunda”.

La creación masiva de empleo era el eslabón que faltaba en la cadena. El ingrediente secreto.

Es lo que no tenían los otros candidatos republicanos. No tenían nada que decirle a los pobres.  

Y es a esa gente “dejada de lado”, a los que se dirigía en la entrevista, recordándoles que solo él los recordaba.

Por demás, su discurso sobre Venezuela no difiere mucho del que predomina en los EE.UU:Venezuela tiene tremendos problemas en estos momentos, incluso para conseguir comida, y cuando veo esto, me pone triste, porque yo sé lo grandiosa que es la gente de Venezuela”.

De hecho, usó al Gobierno de Venezuela como ejemplo de “un pobre liderazgo”.

Aunque siempre tratando de diferenciarse de sus rivales, aclaró: “sus líderes [los de Venezuela], no son muy amistosos con nuestros líderes; pero claro, nuestros líderes tampoco se llevan muy bien con muchas personas”.

Luego despachó el asunto:

Ciertamente, si podemos ayudar de alguna manera, deberíamos ayudar. Aunque, ya sabes, ellos tienen problemas muy profundos”.

Es poco probable que Trump vuelva a hablar mucho sobre Chávez, lo que queda es la incógnita de cómo serán las relaciones Venezuela-EE.UU en la administración Trump.