NO FUE POR LATINOAMÉRICA, SINO POR IRÁN Y RUSIA, QUE TRUMP DESPIDIÓ A TILLERSON

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¿El intempestivo despido de Rex Tillerson como secretario de Estado de Estados Unidos tuvo algo que ver con la gira que completó recientemente por varios países de América Latina, cuyo objetivo fundamental parece haber sido acordar fórmulas para derrocar al gobierno de Venezuela? No, al menos según las versiones oficiales del impasse que provocó la expulsión del funcionario.

La prensa mundial asegura que la destitución de Tillerson ha sido un terremoto cuyo epicentro declarado es el supuesto desacuerdo con el presidente Donald Trump sobre un tratado firmado hace ya casi tres años y que ahora el mandatario estadounidense quiere dejar de cumplir.

La versión oficial del despido indica que Trump quiere desconocer  el acuerdo que, en 2015, firmaron con Irán no solo Estados Unidos sino también todos los otros miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (Rusia, China, Francia y Gran Bretaña) así como Alemania.  El tratado permite garantizar que el programa de energía nuclear de Irán tiene estrictamente fines pacíficos.

Trump, quien asumió la presidencia en enero de 2017, pretende desconocer el tratado, suscrito por su antecesor, Barack Obama, a pesar de que Irán ha cumplido con sus compromisos, según lo ha certificado la Agencia Internacional de Energía Atómica. Supuestamente, Tillerson no acompañaba a Trump en esta pretensión, aunque no se ha explicado en qué aspecto concreto discrepaban.

De acuerdo con esa versión, el presidente estadounidense no estaba satisfecho con el resultado de las gestiones que le ordenó realizar Tillerson ante los gobiernos europeos para que se sumaran a la denuncia del tratado nuclear.

La actitud de Trump podría causar un retroceso de varios años en el manejo de la cuestión nuclear con Irán. El gobierno del país persa ha señalado, a través de su vicecanciller, Abas Araghchi, que “si Estados Unidos deja el acuerdo nuclear, nosotros también lo abandonaremos”,

Irán les ha dicho a los aliados europeos de EE.UU. que si no pueden hacer que Washington permanezca en lo pactado, Irán también dejará de observarlo.

Trump, al parecer, cree que fue por culpa de Tillerson que no se ha podido imponer la postura de su gobierno. Su reemplazo con un halcón como Mark Pompeo, quien procede nada menos que de la Agencia Central de Inteligencia,  debería dar los resultados esperados por el mandatario.

El tema Venezuela

La búsqueda de una relación de causalidad entre la gira de Tillerson por Latinoamérica y su despido tiene su origen en que la defenestración se produjo poco tiempo después de la serie de visitas.

Sin embargo, no parece haber argumentos reales para ello, pues Tillerson, al menos en apariencia, logró el objetivo de forjar una alianza de presidentes obsecuentes a la línea de Washington, partidarios del bloqueo total al gobierno de Nicolás Maduro.

De hecho, se asegura que fue Tillerson directamente, o Juan Manuel Santos actuando como su mandadero, quien boicoteó el acuerdo que el gobierno y la oposición habían alcanzado en República Dominicana. ¿Qué mejor prueba de su eficiencia, al menos viéndolo desde la perspectiva de los intereses de la clase gobernante de EE.UU.?

Ciertamente, existe la posibilidad de que fracase la estrategia aislacionista de EE.UU. y sus aliados frente a Venezuela con respecto a la VIII Cumbre de las Américas, que se celebrará en Perú, pero de ese fracaso no podría culparse tanto a Tillerson como a los desprestigiados e impopulares presidentes del Grupo de Lima, empezando por el anfitrión, Pedro Pablo Kuczynski.

Cuestiones personales

Desde que se anunció su designación como secretario de Estado, en la prensa estadounidense se aseguró que Trump y Tillerson a duras penas se soportaban. Se afirmó que Tillerson había respaldado la precandidatura republicana de Jeb Bush, no la de Trump. Su designación habría sido para cumplir la cuota de poder de la influyente multinacional ExxonMobil, de la que Tillerson ha sido directivo por más de 40 años.

La cuestión rusa

En algunos círculos de análisis de EE.UU. se había advertido que la gestión de Tillerson como secretario de Estado podía tropezar de un momento a otro con una notoria incompatibilidad: sus relaciones casi carnales (originadas en los tiempos de la ExxonMobil) con el presidente ruso, Vladímir Putin, y con el hombre fuerte de la gigante petrolera rusa Rosneft, Igor Sechin.

En tiempos de confrontaciones comerciales y del destape de una especie de segunda carrera armamentista con Rusia, esas amistades pueden resultar difíciles de digerir en otros ámbitos de poder de Washington.

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Por Clodovaldo Hernández / Supuesto Negado