UN TUIT DE TRUMP FUE SUFICIENTE PARA DEVALUAR LA MONEDA TURCA

Turca

El 10 de agosto fue bautizado en Turquía como “viernes negro”, cuando la lira perdió un 16% de valor frente al dólar. No es un dato secundario que la caída se aceleró con un tuit de Donald Trump que anunció su intención de duplicar los aranceles a la importación del acero y aluminio turcos.

Este desplome de la lira turca, que ha afectado a otros países, es el mayor revés económico para la Turquía de Recep Tayyip Erdogan desde la crisis financiera de 2001.

Hay razones tanto coyunturales como estructurales para este hundimiento que no se puede separar de la creciente rivalidad entre dos países que durante 70 años fueron los más estrechos aliados.

Viernes Negro

La caída sufrida el viernes 10 de agosto fue la mayor en una mala racha para la moneda turca. Un día antes, la lira se había depreciado un 5% por los efectos de las sanciones de Estados Unidos.

Previo al anuncio de Trump, Erdogan había solicitado a los turcos cambiar “los dólares y el oro que tengan bajo el colchón”, para frenar la caída de la moneda. Sin embargo la lira se depreció un 20% hasta tocar su mínimo histórico.

Erdogan intentó el lunes siguiente tranquilizar a los mercados afirmando que los fundamentos de la economía turca son “sólidos”. Pero muchos economistas estiman que las políticas económicas del gobierno no son explicación suficiente para las dificultades de Turquía, que es la 17ª potencia económica mundial.

Los economistas anunciaban una inminente tormenta financiera desde antes de esto y algunos expertos creen que Erdogan adelantó las elecciones a 2018 para que no le afectase.

Los problemas estructurales de Turquía se expresan en una fuerte inflación de 16% interanual, y un déficit en aumento.

Desde su llegada al poder en 2003, Erdogan construyó su popularidad desde un discurso conservador y nacionalista semejante al de Trump y la extrema derecha europea pero también a partir de un elevado crecimiento y de colosales proyectos de infraestructuras.

Algunos economistas describen al presidente turco como partidario del “crecimiento a cualquier precio” incluso si el precio es un fuerte endeudamiento. Erdogan también parece tener una mirada “heterodoxa”, por decirlo así, como cuando dijo que bajar las tasas de interés reduce la inflación, a pesar de que unánimemente se cree lo contrario.

El Banco Central de Turquía, según algunos, está perdiendo autonomía o está bajo la presión del presidente. La decisión de no aumentar las tasas de interés la semana pasada causó alarma a pesar de que luego anunció una serie de medidas para tranquilizar a los inversores.

Otra cosa que causó preocupación es que Erdogan nombró ministro del Tesoro y de Finanzas a su yerno, Berat Albayrak, que no tiene experiencia en esa área. La falta de una respuesta rápida, firme y racional por parte de las autoridades turcas es, según algunos analistas, lo que terminó de condenar a la Lira.

Guerra Comercial

Pero el divorcio entre dos miembros de la OTAN fue la que desencadenó la espectacular caída de la lira turca frente al dólar la semana pasada. Un desplome que, a los ojos de Trump, es una manifestación de fuerza.

El viernes 10 de agosto, Estados Unidos, golpeó la debilitada economía turca al anunciar un incremento en los aranceles a las importaciones de acero y aluminio procedentes de ese país.

Son medidas similares a las que ha aplicado contra China.

A través de su cuenta en Twitter, las nuevas tasas fueron anunciadas por Trump:

“Acabo de autorizar que se doblen los aranceles sobre el acero y el aluminio de Turquía (…) nuestra relación con Turquía no está muy bien ahora”.

Minutos después del anuncio de Trump, la Casa Blanca emitió un comunicado oficial en el que aseguraba que se estaban preparando los documentos para el incremento de los aranceles a las importaciones de acero y aluminio.

“…la lira turca se desploma rápidamente frente a nuestro muy fuerte dólar!” Dijo Trump.

Para ello se apeló a la disposición legal conocida como la ‘Sección 232’, que le permite a Trump como presidente imponer aranceles unilateralmente.

Las razones de la ruptura

Sin embargo todo esto no es más que la culminación de un conflicto creciente entre dos países que fueron grandes aliados durante setenta años. Turquía no les cedía en nada a Israel y Arabia Saudita como aliado estratégico de los EE.UU. y como tiene frontera con Rusia en algún momento le tocó jugar un papel análogo, al que Cuba jugaba en la estrategia soviética: ser el delantero, la primera línea de ataque en la Guerra Fría.

Ankara y Washington se han ido distanciando desde hace años pero sus relaciones sufrieron un deterioro severo tras el fallido golpe de Estado contra Erdogan de 2016. Las autoridades turcas resienten que Washington no les haya apoyado tanto como quisieran y sobre todo que no haya accedido a su solicitud de extraditar a Fetullah Gülen, clérigo musulmán, que vive en Pensilvania y es acusado de ser el cerebro detrás de ese alzamiento militar.  

En una medida bastante poco diplomática Turquía arrestó al pastor Andrew Brunson, quien parece ser visto como una moneda de cambio por Erdogan quien  insinuó el año pasado que si Washington entregaba a Gülen, Ankara entregaría a las autoridades estadounidenses al pastor que vive desde hace más de 20 años en Turquía. También han sido arrestados varios empleados de la embajada de Estados Unidos en Ankara más fue por Brunson que se desataron las sanciones americanas.

Pero no es el único problema: Ankara se ha estado acercando a Rusia para comprar armas y, en general, aproximándose a Putin y se ha resistido a unirse a las sanciones americanas a Irán que es su proveedor de petróleo y gas.

En pocas palabras, busca una política más autónoma y acercarse a las otras potencias de Eurasia que, al fin y al cabo, están más cerca, tienen más en común con Turquía y son tanto o más importantes que los EE.UU. para ella.

La cuestión kurda

Pero hay un punto particular en las diferencias entre Turquía y los EE.UU.: los kurdos.

Washington se convirtió en el proveedor de armas para las Unidades de Protección Popular (YPG, por sus siglas en kurdo) milicias establecidas en el Kurdistán Sirio y que demostraron ser muy eficaces en el combate contra EI. Los batallones femeninos de Rojava se han hecho legendarios.

Ankara que no quiere tener a un grupo armado kurdo en sus fronteras, considera al YPG como una extensión del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), un grupo radical de izquierda creado en Turquía que por décadas ha sido el enemigo público número 1 del estado Turco que le ha perseguido viciosamente por varias décadas.

¿Pero cómo es que un partido marxista-leninista vinculado con comunidades anarquistas como las de Rojava acaba aliado con Washington?

En principio Estados Unidos y la Unión Europea han colocado al PKK en sus listas de organizaciones terroristas pero no tienen la misma apreciación del YPG.

Mientras nadie hacia nada, fue el PKK y el YPG quienes salvaron a los Yazidies del exterminio y rescataron a las mujeres de esa antigua etnia de los campos de violación del Estado Islámico.

Pero los kurdos en Siria son enemigos del Estado Islámico y de al-Ásad. Al primero, EE.UU. le tuvo mucha tolerancia y le ayudó a crecer pues lo creía un arma contra al-Ásad e Irán. Por eso su actitud con los kurdos fue ambigua al principio.

Pero en la medida en que kurdos, rusos y las fuerzas de al-Ásad liquidaron al Estado Islámico para Washington quedó claro que podían aliarse con el YPG contra su enemigo común: al-Ásad.

Es que Siria ha reprimido a los kurdos con tanto salvajismo como los turcos.

Esa alianza táctica entre EE.UU. y el YPG para Turquía tiene consecuencias estratégicas porque le da al separatismo Kurdo una base de operaciones en la frontera Turca: En enero de este año, el Ejército Turco lanzó una ofensiva con la que logró desalojar a las milicias kurdas de las posiciones que había alcanzado en torno a la ciudad de Afrin, en el norte de Siria, que se ha convertido en un punto candente de las relaciones Turquía-EE.UU.

Los americanos ahora acusan a Turquía de librar una guerra indirecta contra ellos y las autoridades turcas advirtieron a sus antes firmes aliados estadounidenses y europeos que tenían que escoger entre los grupos kurdos o Ankara.

En fin, el distanciamiento de Estados Unidos y Turquía no solo es un síntoma de la decadencia de la OTAN sino de que el bloque de potencias –y superpotencias- euroasiáticas, que le están disputando el liderazgo global a los EE.UU. (Rusia, China, Irán), puede haberse ganado un aliado fundamental que le permita poner un pie en el Mediterráneo.

Así que todo esto apenas comienza.

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Por Fabio Zuluaga / Supuesto Negado