Trump vs. Huawei: Llegar de primeros a la cuarta revolución industrial

Como potencia mundial, Estados Unidos sabe que quien llega primero pone las reglas. Lo demostró en la carrera espacial contra la Unión Soviética; en la carrera armamentística nuclear, contra Japón; y ahora se las juega todas contra China en la competencia por desarrollar el 5G, la tecnología que según muchos, constituye la base para la cuarta revolución industrial.

A los propietarios de celulares Huawei los madrugaron la semana pasada con la noticia de que sus equipos estaban condenados a la obsolescencia prematura debido al veto que Google impuso a la empresa asiática, con la cual sus teléfonos quedarían sin Android, ni actualizaciones, ni las aplicaciones más usadas. Este fue el clímax de una escalada de hostilidades de EEUU, su gobierno y gigantes tecnológicos, contra China y su compañía tecnológica más internacional.

Con la acción de Google, quienes no estaban al tanto se enteraron de la riña que desde hace varios años enfrenta a EEUU con Huawei, pero la polémica no tiene tanto que ver precisamente con teléfonos celulares, y sí mucho con la hegemonía tecnológica mundial.

¿Cuál es el tema con el 5g?

Para comprender por qué el gobierno de Trump se ensaña de manera tan furibunda contra Huawei, es necesario saber qué es lo que está en juego.

Hasta hoy, van cuatro generaciones de telefonía digital. La 1G permitió que se hicieran llamadas, con la 2G (GSM) pudimos llamar y enviar mensajes SMS, con la 3G el avance fue la navegación en internet, y finalmente con la 4G se sumó la posibilidad de realizar videollamadas, y una importante optimización de los servicios móviles de internet.

La 5G hace ver todo eso en pañales. El celular, ahora sí, será tan solo un control remoto para manejar casi todo el mundo a nuestro alrededor.

Y es que la gran promesa de esta quinta generación son las “ciudades inteligentes”. Básicamente eso significa que viviremos tal y como el cine nos muestra que sería “el futuro”. La velocidad de conexión -diez veces superior a la de 4G- y su estabilidad –con una latencia de apenas un milisegundo, es decir, en la práctica una respuesta instantánea-, será tal que nuestra relación con el mundo estará medidada por la red a través del celular.

Con el equipo móvil podremos desde programar y ordenar la compra al supermercado, hasta controlar todos nuestros aparatos domésticos y nuestro vehículo. Se podrán hacer cirugías a distancia con robots, el transporte público se conducirá solo, y en general cualquier tipo de tareas se podrá realizar con máquinas, dado que la conexión será tan estable que no existirá el riesgo de que a mitad del trabajo se “caiga” el internet y se paralice todo. Ni hablar de las posibilidades del 5G para la gobernanza y para las acciones militares y de defensa.

Se supone que con el 5G se cambiará diametralmente la forma en que vivimos en las ciudades, y también las formas en las que nos relacionamos con los gobiernos. EEUU está muy al tanto de eso y de lo que significa para su proyecto como potencia hegemónica mundial.

A varios cuerpos de distancia

El principal problema de EEUU con la tecnología 5G es que no son ellos quienes van a la cabeza de su desarrollo. Huawei, la empresa de telecomunicaciones que amenaza con ser muy pronto la principal expendedora de teléfono celulares inteligentes del mundo, lleva varios cuerpos de ventaja en el trabajo para finalmente lanzar al mercado la red, que ha prometido para 2020, y eso para los gringos es un golpe mortífero.

Según cifras difundidas por el diario español El País, Huawei puntea con 11.423 contribuciones técnicas patentadas al estándar 5G, de primero en un ranking en el que participan solo 13 empresas tecnológicas de seis países. Aparte de la compañía sancionada, otras tres casas chinas se encuentran en la lista. EEUU solo figura con dos, y la más aventajada, Qualcomm, tiene apenas 4.493 contribuciones y se encuentra de quinto lugar. La otra es Intel, en el octavo puesto, con 3.502 patentes.

Así que para la administración gringa es vital dilatar el trabajo de Huawei con todo tipo de obstáculos para evitar que sea ésta la empresa que finalmente le diga al mundo qué es el 5G y cómo se maneja.

Para sacar cuentas de la importancia vital que el gobierno de EEUU le da al 5G, Trump, empresario capitalista por excelencia y presidente del país del libre mercado, propuso nacionalizar toda la infraestructura tecnológica de ese país asociada a la red para poder tener control directo sobre ella, y no dejarla en manos de cualquier empresa, sea cual sea.

En cuanto a la guerra con China, la primera táctica dilatoria no nació de Trump, sino de Barack Obama, hace ya algunos años, cuando comenzó a acusar a la casa asiática de espionaje. Y el tono de las hostilidades llegó incluso a detener en diciembre a la vicepresidenta financiera de Huawei, Meng Wanzhou, en Vancouver, Canadá, por supuestas violaciones a las sanciones de EEUU contra Irán. Fue liberada pocos días después al pagar su fianza y luego de que China advirtiera a Canadá sobre las consecuencias que implicaría el mantener a la ejecutiva tras las rejas.

Huawei, por su parte, ha respondido a EEUU y sus sanciones con la cara en alto. Sobre las acusaciones de espionaje –hasta ahora sin pruebas- han puesto a sus equipos e investigaciones al servicio de quien quiera revisarlos para demostrar que no hay nada de qué preocuparse; sobre el veto de Android, han dicho que ya tienen a punto su propio sistema operativo; sobre el ensañamiento de EEUU contra el 5G, han respondido afirmando que EEUU asume el tema como si se tratara de un arma de destrucción masiva y no de una contribución científica que legan a la humanidad.

“El 5G no es una bomba atómica; es algo que beneficia a la sociedad. No deberíamos ser el objetivo de EEUU solo porque estemos por delante de ellos en 5G”, ha dicho Ren Zhengfei, fundador y presidente de Huawei, citado por el diario El País.

Y ciertamente tal vez no sea un arma que mate personas, pero sí una capaz de poner en jaque al poderío de los gringos, y eso para ellos es un destino peor que la muerte.

Por Rosa Raydán/ Supuesto Negado