Con arte y sin toros el Nuevo Circo cumple cien años  

Nuevo Circo

El 23 de febrero de 1919, hace exactamente un siglo, abrió sus puertas el Nuevo Circo de Caracas. El espacio fue mandado a hacer por el entonces gobernador de la capital, Juan Crisóstomo Gómez, hermano del presidente Juan Vicente Gómez.

Por décadas se vieron mucho más que toros en el coso. Allí aterrizaron los más grandes matadores del siglo XX y también se realizaron importantes espectáculos deportivos, musicales y actividades políticas. Hasta Jorge Negrete y Cantinflas se presentaron en esta arena que –con 12 mil asientos–, llegó a ser el escenario más deseado por los artistas de varias épocas.

Álvaro Cifuentes, caraqueño de San Agustín, jubilado del Ministerio de Educación, de 78 años, recuerda haber ido a ver en el coso a César Girón en el 66, cuando lidió con seis toros. Aunque no se confiesa amante de la faena taurina, admite haber disfrutado del espectáculo, al igual que el público que plenó el recinto y ovacionó al matador criollo por semejante hazaña.

“Yo no soy taurino pero sí fui unas cuantas veces. Hoy paso por allí con frecuencia y recuerdo esos momentos. Sí me parece positivo que ahora sea un espacio para la juventud, que vean clases allí, que pongan a los muchachos a trabajar en algo y que no estén en la calle haciendo fechorías. Me alegra que el Nuevo Circo tenga vida, pero sí creo que le hace falta un cariñito”, refirió.

El debate sobre la tauromaquia es viejo y acalorado. Tan apasionados son sus defensores como sus detractores. En Venezuela aún se realizan corridas en varios estados y aunque en Caracas la práctica está erradicada, sus fans en la capital siguen siendo bastantes.

Lo cierto es que desde 1997 el Nuevo Circo ya no se presta para eso. El espectáculo que representa asesinar a un toro previamente sometido y torturado es impensable entre la gente que hoy ocupa el lugar. Dicen que con su labor diaria de cultura y organización están exorcizando un espacio que en el pasado fue para la muerte y la barbarie. Punto para Caracas (ups).

Exorcizado con cultura

Un siglo después de su inauguración el Nuevo Circo de Caracas dista mucho del proyecto inicial con que fue concebido y diseñado. Hoy es una plaza de toros sin toros y sin toreros, en donde la vida pulula en todos sus rincones.

Chamitos y gente adulta son por igual los actuales habitantes de sus espacios, donde distintas agrupaciones culturales han encontrado un hogar para desarrollar actividades de entretenimiento y formación.

Aunque, se supone que es patrimonio de la ciudad, no podría decirse que la estructura del Nuevo Circo se encuentra en condiciones óptimas. De hecho, ni siquiera que el lugar está “bonito”. Se nota a leguas que han sido muchas las dificultades para mantener en pie la obra, diseñada y edificada por Alejandro Chataing.

Desorden, polvo y acumulación de todo tipo de objetos se aprecia al hacer un breve recorrido por los espacios habilitados para el uso en el Nuevo Circo. Algunas partes, como el coso, están cerradas y está prohibido el paso por razones de seguridad. Sin embargo, la calidez de las personas que hoy le dan un nuevo uso al lugar, y sobre todo las ganas que le ponen, hacen que la precariedad del decorado pase a un segundo plano.

Uno de los colectivos que ha hecho de este lugar su sede es la Fundación Circo Nacional de Venezuela. Se nota que la providencia no carece del sentido de la ironía, dado que es un circo, como su nombre lo indica, pero sin animales. Toda una afrenta para lo que en otrora fue un recinto taurino.

Esta agrupación ocupa gran parte del espacio posterior del Nuevo Circo, al que han llamado Nuevo Nuevo Circo. Está al aire libre, allí se encuentra instalada una carpa donde se practica y se demuestra el arte de la acrobacia en sus diversas modalidades, de pisos, aéreas y con objetos, así como equilibrismo y malabares.

Hoy reciben clases 55 niños de entre 6 y 14 años, y 30 adultos de 15 a 30 años. Como trabajo de mayor envergadura, el elenco de la agrupación se encuentra ensayando el montaje Carmina Burana, de Carl Orff, obviamente en versión circense, para ser presentado en la inauguración del próximo Festival Internacional de Teatro de Caracas, informó a Supuesto Negado la directora artística de la compañía, Jericó Montilla.

Los bailarines de salsa, la melodía reina de la capital, también se hicieron de un espacio en este recinto a través de Casineros de Venezuela, una agrupación que todos los domingos reúne en la planta alta del edificio principal del Nuevo Circo a entre 180 y 300 personas que van a echar un pie con esta técnica caribeña de danza grupal.

María José Contreras, directora administrativa de Casineros, contó que esta comunidad de bailarines hace vida en Nuevo Circo desde 2014, luego de haber sido desalojados del Parque del Este. Desde entonces, en la antigua plaza de toros se han sentido “como en casa”.

“Es mucho más productivo para las personas. Sustituyes la matanza de animales y además le das la oportunidad de acercarse a gente que quizá anda en malos pasos para que disfruten del baile y aprendan”, opinó Contreras sobre el uso que hoy se le da al lugar.

Grupos de hip hop, capoeira, acrobacia en telas y rock también tienen su rinconcito en el Nuevo Circo. Quienes allí comparten consideran que el trabajo que realizan es un ejemplo real y palpable de lo que puede lograr la comunidad organizada.

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Por Rosa Raydán / Supuesto Negado