¿POR QUÉ VARGAS LLERAS DICE “VENECOS”?

En medio del debate reciente, algunos se preguntaban interesadamente si era tan despectivo decir  “veneco” como “caliche”. No nos caigamos a mentiras porque ambos lo son. Ambos son despectivos, y el que les diga otra cosa miente descaradamente, así sea el Vicepresidente de Colombia o el viejo borracho que se la pasa gritando en la esquina. “Caliche” y “veneco” son dos palabras que vienen una detrás de la otra como respuesta: al que le dicen una cosa responde con la otra.

“Veneco” en particular es una, ahora, muy repetida en los medios de comunicación debido a que, en un discurso mientras entregaba unas casas en la localidad de Tibu, el vicepresidente de Colombia, Germán Vargas Lleras, le pidió al Alcalde que “no vaya a dejar meter los ‘venecos’, por nada del mundo”.

Pero ¿de dónde vienen esas palabras?

La guerra de los insultos

Venezolanos y colombianos no solían tener muchos conflictos entre sí antes de los años setenta. A principios de siglo, antes de décadas de guerra y crimen organizado, las fronteras eran mucho más suaves y en las regiones del Táchira y del Norte de Santander la gente hablaba parecido y tenían parientes en ambos lados de la frontera.

Desde allí los Liberales Cipriano Castro y Rafael Uribe Uribe planificaron dos revoluciones gemelas que restaurarían la Gran Colombia; allí era muy difícil decir dónde iniciaba Venezuela y dónde terminaba Colombia. Por esas montañas Bolívar se movió de la una a la otra.

Entonces no tenía nada de malo para un venezolano decir que él o sus parientes habían vivido o nacido al otro lado de la frontera, era de lo más natural, pero setenta años después los “gochos” de Venezuela se cuidaban mucho de aclarar, en broma y en serio, que por ninguna razón eran colombianos, que no eran colombianos, que esa vaina no es así.

La razón principal era la masiva emigración de colombianos: luego de 1973, cuando el precio del petróleo subió fantásticamente, Venezuela se hizo próspera mientras Colombia estaba bastante deprimida económicamente. Millones de colombianos emigraron a Venezuela buscando hacer ingresos rápidos en una moneda fuerte y tener acceso a la salud y educación públicas. Cualquiera de esas dos razones era buena para emigrar, y las dos combinadas hacían “impelable” la oportunidad, sobre todo porque el control migratorio era mínimo.

Esa fue la primera ola que trajo, sobre todo por razones económicas, a gente de Antioquia, El Valle,  Quindío, y Norte de Santander.

Vino gente muy pobre, gente de clase media y también se movió, como no, el “elemento criminal”. Como en todos los países que reciben muchos emigrantes de golpe, en Venezuela, se empezó a decir que los colombianos eran prostitutas y ladrones, que robaban los empleos de los venezolanos y que, de paso, querían robarse el Golfo de Venezuela: era una invasión.

Durante el gobierno de Luis Herrera Campins, este usó la xenofobia anti-colombiana para ganar legitimidad en medio de la crisis: ¿qué mejor idea que distraer a la gente con la idea de la invasión colombiana? La manipulación era tan evidente que Ali Primera se animó a hacer un vallenato contra la guerra.

Como resultado la xenofobia en las calles aumentó, y el gobierno ejecutó numerosas y brutales deportaciones. La policía se lo pasó de lo lindo “matraqueando” a los colombianos que eran presa fácil.

Curiosamente eso es exactamente lo mismo que se dice, hoy en día, en Colombia de los Venezolanos: que son ladrones, prostitutas y parásitos. El gobierno ejecuta deportaciones sumarias y todos culpan a los “venecos” del aumento de la inseguridad. Los chistes y los memes que dicen que las venezolanas son prostitutas o “prepagos” circulan alegremente por las redes sociales.

Así fue que en esos lejanos años setentas nacieron dos términos: “caliche” -o “colombiche”- y “veneco”. Y es en estos grises años de Trump en que se han puesto de moda de nuevo. De donde viene el término “caliche” es difícil de asegurar, en otras partes de América Latina quiere decir muchas cosas disparejas: vacío, sobrante, incomprensible…también se usa para decirle a las estafas. Otros dicen que era un término despectivo para referirse a la gente venida de Cali.

No hay forma de saber bien como nació pero sí sabemos como se usaba: para insultar. Y los emigrantes colombianos respondieron acuñando otro término: “veneco”, del que se dice es una abreviatura para venezolano coño de madre. Al menos eso dicen los colombianos de esa época. De hecho otra forma menos conocida de llamar a los venezolanos era “coños”.

Como sea, desde entonces, la emigración colombiana no ha disminuido y el rechazo a los colombianos quedó muy arraigado.

Uribe y Chávez

Cuando el bolívar se devaluó en el 83 y Venezuela entró en crisis la emigración colombiana mermó, pero no de forma significativa: había muchas oportunidades de negocios en Venezuela y el acceso a la salud y educación era mucho mejor.

Además, en los noventa comenzó una segunda ola de emigrantes empujados por la violencia de los paramilitares: venían de las mismas regiones de antes pero también de otras nuevas, como la Costa colombiana y el Chocó donde el paramilitarismo imperaba.

En ese entonces, en general a los colombianos no les gustaban mucho los venezolanos pero tenían demasiados problemas para ver a Venezuela más que como un país al que se podían mover si la cosa se ponía más fea de lo normal. En Venezuela la xenofobia bajó de tono y mucha gente se conmovió con la terrible violencia en Colombia.

Además, millones de hijos de colombianos habían nacido aquí, muchas veces de un padre o madre venezolano.

Venezuela se volvió algo muy cercano para los colombianos luego de que en 2003 la gente de la vieja PDVSA empezó a emigrar a Colombia. Desde entonces, la emigración de venezolanos de clase media no se ha interrumpido haciendo la situación en Venezuela más cercana para los colombianos.

Pero los que prepararon el terreno para la ola de xenofobia anti-venezolana fueron los políticos y los medios de comunicación colombianos. Es decir, lo mismo que pasó aquí hace 40 años.

En todas partes se asoció a Chávez con la Farc. En Colombia para mucha gente la ecuación Farc=Chavismo es tan cierta como el día y la noche. Cuando todavía Uribe y Chávez trataban de coexistir, RCN y Caracol ya estaban en guerra con Chávez y el chavismo.

Eso hizo que, para los colombianos, Venezuela ya no fuera un sitio donde estaban sus primos sino una amenaza. Cuando Uribe se enfrentó abiertamente a Chávez, les dijo a todos que Venezuela y Cuba eran una amenaza militar y que por eso había que traer bases militares norteamericanas. No era muy diferente a lo que hizo Luis Herrera en su momento.

Cuando bajó el precio del petróleo y un gran número de venezolanos empezó a llegar a Colombia, causando los roces que causa todo proceso migratorio, ya más de 10 años de propaganda y de conflictos entre los gobiernos habían preparado a la gente para recibir a los venezolanos como una plaga. Ahora ellos son los invasores.

La agenda de Vargas Lleras

Vargas Lleras, el vicepresidente de Santos, espera sucederle en las próximas elecciones. Tiene a su favor el éxito del proceso de Paz. En contra, la baja popularidad de su gobierno y el estar entre la izquierda que quiere cambios y la derecha Uribista.

Lo que le preocupa es que mucha gente de izquierda no votará por él por ser un oligarca mucho más reaccionario que Santos y, por el lado contrario, mucha gente de derecha tampoco lo hará porque apoyó el proceso de Paz que legalizó a la Farc. Es decir: de ambos lados pueden quitarle votos y él tiene poco con que ganarlos.

En ese dilema Vargas Lleras ha decidido imitar descaradamente a Trump: le dice a los pobres que sus problemas son los venezolanos, ante la derecha se muestra fuerte frente a la malvada Venezuela y moviliza el nacionalismo contra un enemigo imaginario. La izquierda que le acusará de xenófobo no le importa; los que voten por él lo harán para contener al uribismo.

Se abusa del término “oligarca” pero a Vargas Lleras le cuadra perfecto: es miembro de una de las familias más tradicionales del país y  nieto del ex-presidente Carlos Lleras Restrepo, uno de los arquitectos del “puntofijismo” colombiano.

Aunque siempre mantuvo distancia con el uribismo tampoco se distancia mucho de los proyectos de la derecha colombiana. Además, tiene el problema de que es odiado en Colombia pues es un hombre despótico y de mal humor, que ha tratado mal a gente humilde que le saluda y golpeado a sus escoltas. Si, así como suena.

https://www.youtube.com/watch?v=H3R8so4hkEQ

Y no han habido rumores buenos sobre Vargas Lleras en los últimos meses: todos han sido sobre sus crisis de salud -que han sido muy graves- o sobre su carácter violento. Se le ve, sobre todo, como una alternativa a Uribe, como alguien que continúe el proceso de Paz, pero no como un candidato simpático o deseable. En el mejor de los casos solo es menos malo que cualquier candidato que decida el uribismo.

Es alguien que necesita desesperadamente popularidad y parece que ha visto en las tácticas de Trump una forma fácil de conseguirla. 

Así que la cuestión, realmente, no es si el pide o no disculpas o si “veneco” es una palabra cariñosa, sino ¿qué pasa en América Latina -llena de fronteras calientes y problemas migratorios- si a cada candidato en problemas le da por usar la xenofobia para ganar votos?

Ahí sí que llegaríamos a los cien años de xenofobia

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Por Fabio Zuluaga / Supuesto Negado