VENEZOLANOFOBIA AMENAZA CON HACERSE PANDEMIA

Recientemente han circulado por redes sociales videos que exponen a supuestos ciudadanos venezolanos infringiendo leyes en otros países, como Colombia y Panamá, por ejemplo, mientras quienes graban se afanan en acusarlos y señalarlos con insultos, enfocados más en la presunta venezolanidad que en el delito cometido. Está dentro del mismo clima que se había venido manifestando hasta ahora, y durante los últimos meses, pero de modo más “producido” (cinematográficamente hablando): la viralización de un rechazo agresivo hacia “lo venezolano”.

Un aspecto curioso es que las situaciones no se desarrollan en países como Francia o Inglaterra, destinos de inmigrantes de diversas partes del mundo, sino que se trata de países de origen de muchos inmigrantes residentes en Venezuela. Queda explícita la ironía cuando, por ejemplo, un colombiano le grita a un hipotético venezolano que ni papeles de identidad debe tener.

En el video aparece un hombre joven, de fenotipo que pudiera definirse como “mestizo” (con todo lo amplio y ambiguo del término), presuntamente esposado, que es conducido por alguien mientras se oye una voz de dialecto colombiano que le grita “puto venezolano de mierda”, en reiteradas ocasiones, “¡rata venezolana!”, y entre muchos otros improperios dice: “miren a lo que vienen los venezolanos acá, a robar”. El muchacho nunca habla. No se ve ni se oye ninguna evidencia que demuestre su nacionalidad, más allá de las acusaciones enconadas de quien, al parecer, está haciendo la grabación.

Luego, otro video muestra a un hombre de unos 50 años aproximadamente, también “mestizo”, limpiando el piso con una chaqueta. Se escucha una voz masculina explicando que el “individuo venezolano” se orinó en la puerta del aeropuerto y la policía lo obligó a limpiar: “esto es una sinvergüenzura de parte de ellos [los venezolanos] que no respetan nuestro país [Panamá]”, dice quien documenta y se identifica como panameño. Las breves frases que alcanza a expresar el hombre que limpia bastan para saber que su dialecto no es de ninguna región de Venezuela.

El tema ha tomado un cariz tan abiertamente xenófobo, y se ha develado de modo tan irresponsable, que Norkys Batista se pronunció por su cuenta Instagram en lo que algunos han entendido como una defensa de su gentilicio. Llama la atención, sobre todo si se piensa que la actriz generalmente se pronuncia para opinar contra el gobierno y el chavismo.

Lo cierto es que ambos videos dejan muchas interrogantes abiertas y no tienen el mínimo rigor para probar nada, pues tanto el chamo “ladrón”, como el tipo “cochino” pudieran ser de cualquier país. Aun más, un espectador suspicaz diría que no son escenas reales, sino ficticias, con actores, guiones y demás. Pero, sin reparar en la veracidad o no de lo que se asegura en los videos ‒puesto que lo que circula por redes en su mayoría no está para eso‒, lo destacable es que las dos piezas audiovisuales coinciden en el mensaje que intentan ofrecer al mundo: exhibir la mala naturaleza del ser venezolano. Porque para eso sí que sirven las redes, para posicionar “tendencias” y disparar emociones colectivas de toda índole. Los dos micros, además, se hacen públicos con escasos días de por medio entre uno y otro: curiosa coincidencia.

La situación llega a ser realmente sospechosa cuando recordamos que hace dos meses se difundió otro video de un venezolano ‒este joven sí mostraba elementos identitarios claros (el modo de habla y una gorra tricolor)‒ que fue agredido por unos fiscalizadores de la municipalidad de Huacho (Chile) porque estaba vendiendo arepas. En este episodio, a pesar de que el muchacho recibió apoyo y consuelo de transeúntes de la localidad, en gran medida el video se hizo viral como una publicación antivenezolana.

En todo caso, es más o menos obvio que el interés se concentra en multiplicar y difundir el repudio hacia la identidad venezolana, ya no hacia el gobierno de Maduro, sino hacia un pueblo todo, hacia una idiosincrasia, y que pudiera estar tomando dimensiones transmediáticas. Entonces, la pregunta es: ¿se trata realmente de un fenómeno espontáneo?

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Por Julia Cardozo / Supuesto Negado