Figuras del gobierno ven a China como el modelo a seguir

Socialismo

Siempre polémico, el gobernador Lacava colocó hace semanas esta cita de Deng Xiaoping en su Instagram.

Usualmente los escándalos de Lacava implican sus políticas de mano dura, su amor por el reguetón, sus alianzas y conflictos dentro del chavismo, los ataques a organismos estatales que ve como inútiles, su vida extraordinariamente lujosa –el mismo se declara “rico de cuna”– o sus respuestas “poco diplomáticas” que le da a la gente en Instagram y Twitter.

Pero esta vez Lacava ha comenzado con algo nuevo para él, una polémica más bien ideológica cuando apoyó el modelo chino de “socialismo de mercado” que muchos consideran un oxímoron, es decir, una contradicción.

Pero es así efectivamente ¿es socialista china?

Socialismos

Entre los que se consideran socialistas, la mayoría se consideran a sí mismos auténticos. Es decir, no creen solo que su versión sea la mejor sino que es la verdadera. Los trotskistas que critican a Maduro están tan convencidos de que ellos son los socialistas verdaderos como los chavistas leales de que los reaccionarios son los trotskistas.

Con esa actitud de “el mío es el más grande” o “el mío es el verdadero” la mayor parte de los debates son completamente estériles y a veces meramente risibles para el que los contempla desde afuera.

El hecho es que, desde hace al menos doscientos años, se ha usado la palabra socialismo para designar a distintos tipos de propiedad e intervención estatal. Al principio el término era vago luego empezó a hacerse más concreto y más especifico.

Aunque pocos, ha habido socialismos de derecha, de hecho Carlos Marx hablaba de “socialismos reaccionarios” y “feudales”. Emperadores de Alemania y partidos socialistas participaron en represión de comunistas en Alemania en 1918 e indonesia en 1963.

Pero en líneas generales hay dos líneas: la de los socialismos que quieren suprimir por completo la propiedad privada y planificar totalmente la economía y la de los que abogaban por una economía con propiedad mixta y cierto nivel de planificación

De lo primero, el modelo son los países de Europa del este y del segundo los del Norte de Europa pero hay muchas posiciones intermedias en esa polaridad. Es el caso de muchos socialismos africanos y del medio oriente. El “Socialismo del Siglo XXI” de Hugo Chávez, muy similar a los de Libia y Argelia, forma parte de ese espectro intermedio.

La cosa se complica porque, en el siglo XX, la mayoría de los países capitalistas adoptaron alguna forma de planificación estatal o de intervención que, hasta entonces, se consideraba cosa de socialistas.

¿Cómo se ubican los chinos en ese espectro?

Deng Xiaoping

Hasta mediados de los setenta, China tuvo un modelo tal como el de la Unión Soviética basado en la propiedad estatal pura y la planificación centralizada. Aunque creció y mejoró el nivel de vida general con sus planes quinquenales proyectos como “El Gran Salto Adelante” tuvieron resultados desastrosos. Esto luego vino del largo y convulso periodo de la Revolución Cultural que algunos consideran un intento de renovación inédita frente a la burocracia y otros una simple purga al estilo estalinista.

Sea como sea, la política china estaba entonces basada en la lucha a muerte, la confrontación física y las turbulencias periódicas. Para cuando Mao murió, a mediados de los setenta, ya tanto el Partido Comunista como la sociedad en sí, estaban cansados de todo eso especialmente del dominio de la “banda de los cuatro” conformada por Jiang Qing, y tres de sus colaboradores: Zhang Chunqiao, Yao Wenyuan y Wang Hongwen. Era algo así como la toma de poder del entorno íntimo de Mao Tse Tung.

Cuando Mao murió en el 76, se estaba formando un sector reformista en el partido y las Fuerzas Armadas, varios líderes que habían sido exiliados pero no eliminados por Mao retornaron a la capital. Entre ellos estaba Den Xiaoping que era el heredero de la línea pragmática y moderada de Zhou en Lai, la mano derecha de Mao.

Tal como ocurrió con Jrushov tras la muerte de Stalin hubo un choque entre un sector que a la vez era ortodoxo y autoritario y otro que era reformista y más partidario de consensos y negociaciones entre la dirección del partido.

Den Xiaoping derrotó por completo a la Banda de los Cuatro y se convirtió en el líder de facto del partido y del Estado.

A diferencia de Jrushov, Den siguió en el poder hasta su muerte y lo logró por el éxito de sus reformas que, en primer lugar, permitieron una “gobernanza” dentro del partido basada más en el consenso, las alianzas, las votaciones que en las purgas y las confrontaciones directas pero también en algo que en la URSS nunca fue posible: un nuevo modelo económico.

En vez de eclipsarse como la Unión Soviética China inició otra Larga Marcha hasta convertirse en una superpotencia capaz de disputarle el predominio a los EEUU.

Tal vez el hecho de que la URSS era más próspera que China fue lo que retrasó tanto las reformas. Pero, como sea, para finales de los años setenta, Den había empezado a concebir algo llamado “socialismo de mercado” que se parecía mucho a lo que estaban haciendo los vietnamitas también en el mismo periodo.

Socialismo de Mercado

Es fácil dárselas de radical y despacharse a Den Xiaoping como un traidor que introdujo ideas liberales en el partido comunista de China pero no es tan fácil. Aunque siempre se le consideró del ala derecha del Partido, era uno de sus cuadros fundamentales y había comenzado su carrera desde antes de la Larga Marcha.

Y, de hecho, no introdujo ninguna idea ajena al marxismo. Más bien retomó un debate de los años 20 planteado por Bujarin y el mismo Lenin. Este debate consistía en cómo lidiar con la propiedad privada en un periodo de transición.

El problema es que Lenin no solo venía planteando, con la Nueva Política Económica, permitir cierto nivel de actividad privada sino que estaba diciendo que, antes de llegar al socialismo, había que pasar por el “capitalismo de estado” creando fuerzas productivas, al menos en países como Rusia, los del Bloque Oriental y, obviamente, en los del Tercer Mundo como China.

Esta es, más o menos, la posición que en América Latina conocemos como desarrollismo y neo desarrollismo. En el contexto de China se le llamó “socialismo de mercado” y consistió en combinar la planificación y propiedad estatales (que en efecto, existe en países capitalistas) con el desarrollo de fuerzas productivas gracias a la empresa privada.

Así, además de planes quinquenales, China combina sus empresas estatales (algunas como Petrochina y el Banco Agrícola de China son de las más grandes del mundo) con las llamadas Zonas Económicas Especiales que son espacios donde pueden operar empresas nacionales y extranjeras en el más “salvaje” y desregulado de los mercados.

El resultado es que es China y no Rusia la superpotencia que puede medirse palmo a palmo con los EE.UU. en cualquier terreno, que la pobreza ha retrocedido y, en general, ha dejado de ser un país del tercer mundo, pero también que ha sido al costo de una explotación masiva, intensiva de la fuerza de trabajo china y una destrucción del medio ambiente a tal medida que a veces no se puede respirar sin máscaras especiales.

Los más explotados son, sobre todo, los campesinos del norte que emigran a trabajar a ciudades del sur como Shanghai por ridículos salarios.

¿Donald Lacava? ¿Jair Lacava?

La cuestión china, a pesar de que puede ser muy divisiva, es bastante poco discutida por la izquierda. Pero tal vez eso cambie. El modelo chino, esencialmente, consiste en combinar planificación y desregulación, propiedad pública y privada para lograr resultados económicos espectaculares pero pagando varios costos: las libertades públicas, daños ecológicos severos y una fuerte desregulación laboral.

Es decir, los chinos no piensan ya en “construir la sociedad comunista” sus atareadas vidas, sin un momento de descanso, tratan sobre dinero, carrera profesional e imagen pública.

La clase media china, poco conocida en América Latina, es mucho más consumista que la europea y la americana, xenófoba, racista y una de las amenazas más directas al medio ambiente ( muchas especies animales están amenazadas solo porque los chinos quieren sus dientes o huesos como amuletos).

En este período, con tantos cambios, el chavismo busca nuevos modelos y referentes, dado que muchas políticas como los controles de cambios y las estatizaciones parecen haber fallado.

La cosa es que el debate sobre el modelo de desarrollo no se dio cuando podía darse, es decir, en los últimos años del gobierno de Chávez. Tras 2014 el chavismo estuvo demasiado ocupado con la crisis para ver si las políticas aplicadas hasta entonces (idénticas a las de distintos socialismos del siglo XX) eran correctas o no habían sido bien aplicadas.

La misma ambigüedad del chavismo con la empresa privada (condenándola todo el tiempo pero dejando crecer y organizando su propia burguesía) contribuye a que nadie sepa en este momento cómo posicionarse ante una actividad privada que, en esencia, fue satanizada por décadas pero que es obviamente necesaria en un país que casi no produce nada.

China tiene que ser un ejemplo intrigante para el chavismo, no solo porque aliados como Cuba y Bolivia están siguiendo su camino “hiperdesarrollismo”, sino porque su modelo parece ideal para estados fuertes y soberanos que quieren tener control sobre la economía pero también beneficiarse de la actividad empresarial.

Pero, además de los problemas sociales, políticos y ecológicos del modelo chino esto tiene otra arista: que la coyuntura es ideal para que un chavismo no solo pragmático sino pro-empresarial, acomodado (literalmente burgués, es decir, un chavismo de empresarios y propietarios) empiece a manifestarse y a legitimarse.

En ese sentido Lacava tiene similitudes con políticos “populistas” de otros países como Trump, Duterte, Bolsonaro y un largo etcétera: está bien instalado en el “sistema” pero tiene posiciones “antisistema”, es inmensamente rico pero habla en nombre de los más pobres, combina gustos muy populares con ropa muy costosa”, cabalga la ira de la gente ante la impunidad con soluciones coyunturales y autoritarias (el carro de Drácula).

Así que esta provocación de Lacava (ese es su método después de todo) también puede verse como una forma de manifestarse de un chavismo acaudalado, empresarial, “gentrificado”, al que las consignas de Den Xiaping como “enriquecerse es glorioso” y “desarrollar fuerzas productivas” le vienen como anillo al dedo sobre todo en un país empobrecido y con poca producción.

Ya en Italia ha llegado al poder una coalición de centro-derecha que tiene al frente a un ultranacionalista como Conte y Salvini que están contra la emigración, contra la Unión Europea, pero también a favor de medidas de izquierda como la Renta Básica Universal.

Parece que son los políticos de derecha los que están descubriendo más rápido el desgaste de los viejos discursos y están más dispuestos a tomar posiciones pragmáticas, intermedias e inesperadas.

Veremos qué significa esto en la compleja situación venezolana.

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Por Fabio Zuluaga / Supuesto Negado