Vuelve la Piedra Kueka luego de 22 años de secuestro

Cuenta el mito que un joven pemón taure pam (tauperánen, en otras versiones), y una joven macuxi se enamoraron a pesar de la prohibición establecida por el dios Makunaima. El amor pudo más que el temor y los jóvenes se enlazaron en secreto y huyeron, pero el Dios los persiguió y al encontrarlos, furibundo, lanzó al viento esta oración:

“Awarokuruu Amoro aukowamumo Chokroro tatapiche anapo daro” (por desobedecerme yo los condeno a vivir por siempre abrazados).

Allí quedaron los amantes convertidos en piedra, y de esta unión nació el pueblo pemón. Incontables generaciones de hermanos indígenas vivieron desde aquel entonces adorando sus míticas piedras fundacionales, conocidas como la abuela y el abuelo Kueka.

La tradición y el respeto a su cultura sobrevivieron incluso a la colonización española de nuestra tierra, pero el colonialismo, ese viejo incansable y despótico dios europeo, logró hacerse de estas reliquias sagradas.

La Abuela Kueka fue extraída ilegalmente en el año 1998, durante el último gobierno del puntofijismo que presidió Rafael Caldera. El artista alemán, Wolfgang Kraker von Schwarzenfeld, la recibió de manos del para entonces jefe de Inparques, como una donación.

Ni el dadivoso funcionario, ni el presidente de la República, ni el artista teutón, repararon en la ilegalidad de su proceder, el cual violaba las normativas que protegían al Parque Nacional Canaima como Área Bajo Régimen de Administración Especial. Menos les importó la negativa del pueblo pemón.

Más de 20 años estuvo secuestrada la Abuela Kueka en los jardines del parque Tiergarten, de Berlín, como parte del Proyecto Global Stone, para el disfrute estético y la relajación de los europeos.

La justicia empezó a formarse con la llegada del presidente Chávez al poder. Este apoyó al pueblo pemón mediante pronunciamientos y gestiones diplomáticas que, ahora, bajo el gobierno de Nicolás Maduro, por fin dan frutos ante la promesa del gobierno alemán de devolver la piedra a sus legítimos dueños.

Sin embargo, el proceso no fue fácil y la resistencia de los alemanes fue tenaz. Von Schwarzenfeld, por ejemplo, comenzó diciendo que desconocía el valor sagrado de la Abuela Kueka, y argumentó que el monumento “está mejor en un parque de Berlín”.

Luego llamó en su auxilio al académico Bruno Illius, quien dice saber más de los pemones que los pemones mismos y escribió un artículo en el diario conservador Frankfurter Allgemeine Zeitung titulado “Indios quieren devuelta la ‘kueka’ –El problema político de la piedra procedente de Venezuela”, en el cual asegura que:

“La rebelión de los pemones en Caracas ha sido organizada por el partido de Chávez, los manifestantes fueron pagados para salir a la calle”. Asegura, además, que el pueblo pemón “no conoce santuarios no sabe siquiera qué es la piedra Kueka”.

Con base en estos argumentos Von Schwarzenfeld manifestó su temor a ser “expropiado”. Luego remató: “Es increíble cómo después de tantos años, una sencilla piedra arenisca pueda ser convertida a través de una historia inventada en santuario y, luego, sea declarada bien cultural nacional”.

Como respuesta no solo recibió la protesta del pueblo pemón apoyada por el presidente Chávez y ahora por Nicolás Maduro. El investigador Benito Irady, del Centro de la Diversidad Cultural de Venezuela, sostuvo en varias oportunidades que la postura del alemán no le resulta sorpresiva:

“Muchas veces, desde Europa son sumamente despreciativos con el conocimiento ancestral de nuestros pueblos, pero esa es parte de una larga historia que todos conocemos desde que algún viajero puso un pie en nuestro territorio y vio las culturas de los pueblos indígenas como prácticas demoníacas o elementos que estaban fuera de contexto. Nunca llegaron a entender el significado de los mismos”.

Por su parte el antropólogo e investigador de los pueblos indígenas venezolanos, Esteban Emilio Mosonyi, tuvo la paciencia de explicarle que: “La piedra representa un objeto sagrado muy ligado a la espiritualidad del pueblo pemón, porque es el origen de la cultura pemón, la organización social, a través de la relación entre el hombre y la mujer, tiene un significado de carácter sexual también”.

En la actualidad el gobierno alemán ha accedido a devolverle al pueblo pemón su patrimonio. Pero existen dos problemas.

El primero pasa porque en su arrebato de sensibilidad estética el artista alemán mutiló la piedra Kueka para aproximarla a las ideas de belleza europeas, por lo cual se hizo necesario que una delegación del pueblo pemón se trasladara al parque para hacer una ceremonia de purificación que busca restituir el valor sagrado de su objeto de adoración.

La otra razón tiene que ver con los designios de ese otro gran dios del llamado primer mundo, se trata esta vez del dios dinero: tanto el gobierno teutón como el artista se niegan a pagar el costo de la restitución y traslado del objeto sagrado. El gobierno bolivariano ya ha tomado cartas en el asunto.

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Por Julia Cardozo / Supuesto Negado