¿POR QUÉ YA NADIE CRITICA A BOLIVIA Y ECUADOR?

Se habla de giro a la derecha en suramérica, se habla de que Lula y Cristina Kirchner puedan empezar a revertir ese giro desde el año que viene, se especula hablando de Macri, de Temer o de la crisis venezolana… y, sin embargo, nadie habla de Bolivia y Ecuador, dos naciones que no parecen amoldarse al esquema del giro a la derecha y que tampoco tienen un “modelo” idéntico al de Venezuela.

Pese a que bajo el liderazgo de Evo Morales y Rafael Correa ambos países tomaron un protagonismo que no habían tenido nunca antes, siguen teniendo relativamente menos atención que gigantes como Brasil y Argentina o que países tan complejos como Venezuela. Sin embargo, hay una razón más por la que se habla tan poco de esos dos países andinos: no cuadran en ninguna narrativa. Así es, aunque tienen gobiernos estatistas y líderes carismáticos, no han padecido todos los males que debería sufrir un “régimen populista”, y, aunque muchas de sus políticas y su modelo económico también depende de las materias primas, y se parecen a las de Venezuela, no han padecido una crisis parecida a la que se vive en este país, ni las tensiones con el empresariado han llegado tan alto como aquí.

Visto así, ¿cómo están Bolivia y Ecuador en la época del “giro a la derecha”? ¿Están vacunados contra la crisis de la izquierda suramericana?… y si es así ¿por qué?

Ecuador

Políticamente hablando, se le critica a Rafael Correa su personalismo, su carácter autoritario y su hostilidad con los medios de comunicación. Económicamente se le critica haber incrementado el gasto público y haber hecho de Ecuador un país “caro para los inversores” (traducción: Ecuador es un país donde se pagan buenos salarios). Pero el hecho es que Correa, pese a su fama de autoritario, renunció a forcejear por la reelección y dejó que Lenin Moreno fuera su sucesor. Económicamente hasta los enemigos de Correa reconocen los avances logrados bajo su gobierno: como el aumento de la recaudación impositiva, “fuerte liquidez” y la mejora de las infraestructuras.

Así como se auguró la derrota de Lenin Moreno (quien de hecho ganó con poco margen), el FMI y los grupos empresariales ecuatorianos vaticinaron una recesión que obligaría al gobierno a replantearse su relación con el sector privado. Pero la recesión no ocurrió y, aunque el crecimiento de Ecuador será muy débil este año, las cosas no resultaron como auguraban el FMI y los gremios empresariales.

Como economista, Correa ha defendido la tesis de que ningún país rico se ha enriquecido siguiendo las tesis neoliberales, por eso propuso un modelo de protección de la industria nacional y de mejora de los salarios en el que el Estado solo posee las empresas estratégicas del área minera y de hidrocarburos y pone un marco regulador. Pero si la crítica débil a la política económica de Correa consiste en quejarse de que no degradó los salarios para atraer inversores, esta otra es más fuerte: la dependencia de la economía ecuatoriana del petróleo.

En efecto, Ecuador usó muy inteligentemente los petrodólares que llegaron hasta 2015, la caída de los mismos fue la causa de que se acercara a la recesión. Aunque Correa fue bastante exitoso en promover el desarrollo económico y social y actualizar las infraestructuras, las promesas de superar la dependencia del petróleo fueron en vano. De hecho, los intentos del Estado de extraer crudo de la zona amazónica (que recuerdan a los polémicos proyectos de la Faja del Orinoco y el Arco Minero) han dado lugar a graves conflictos en Ecuador y han sido los que más han afectado la imagen de Correa ante el público de izquierdas.

Bolivia

A finales de 2015 muchos quedaron atónitos al ver que Evo Morales, el líder social aimara, el hombre que trotó con el féretro de Hugo Chávez por kilómetros, había pasado una velada en Wall Street recibiendo los elogios de sus hombres de negocios. De hecho el crecimiento de Bolivia ha sido, por varios años, completamente sorprendente: incluso en 2017 sigue siendo el mayor de Sudamérica con 4.3% y Morales y su vicepresidente fueron elogiados por el FMI y la Cepal.

Este extraordinario éxito en lo económico es lo que pone a Bolivia fuera de la retórica del “giro a la derecha”. En efecto, Morales es uno de los líderes sudamericanos con una retórica más radical, era muy cercano a Fidel Castro y Hugo Chávez, emergió a pulso de entre los movimientos sociales indígenas y, sin embargo, ha conducido la economía de forma extremadamente pragmática a la vez que ha librado una batalla contra la desigualdad y la pobreza, siendo más exitoso en la primera (bajándola de 59,6% en 2005  a 38,6% en 2015) y no tanto en la segunda.

Pero debería hacernos pensar tanto el hecho de que Bolivia, con una política económica desarrollista y estatista, vaya a crecer 4.7% este año y el neoliberal Perú 3.5 (ni hablar de la Argentina de Macri que crecerá solo 2.2 puntos y el Brasil de Temer con solo 0.2) como también que en ese país, tan rico en recursos naturales, no se encuentre ninguno de los problemas que tenemos actualmente en Venezuela.

En Bolivia se ha aplicado el llamado Modelo Plural, según este el Estado posee solo industrias estratégicas coexistiendo con el sector privado. Por su parte, la economía social consiste, básicamente, en cooperativas y pequeñas empresas indígenas que en muchos casos han sido extraordinariamente exitosas. Bolivia, al contrario de Ecuador que está dolarizado, tiene un tipo de cambio fijo completamente distinto tanto de la libre flotación neoliberal como del control de cambio que tenemos en Venezuela.

Políticamente las cosas han sido más complicadas para Evo. Ha sido acusado de ser autoritario y su partido, el MAS, de clientelista. Como ningún otro presidente de izquierda ha tenido conflictos con su activa base social, como en el caso del conflicto por la autopista del Tipnis y con los mineros. Y aunque la oposición en Bolivia –que trató de derrocarlo por la fuerza y hasta de dividir el país- “no le ha visto vida” a Morales, este sí ha sufrido recientemente un revés en un referéndum en que buscaba aprobar la reelección en 2019.

Pero, pese a esa derrota, Morales ha insistido en buscar la reelección, una jugada arriesgada, pues, pese al éxito de su política económica y a su liderazgo sobre las bases –no en vano es el primer presidente indígena en la historia de Bolivia; puede bien encontrarse no solo con desgaste político, sino resistencia a la idea misma de la reelección. Por eso también se habla de que David Choquehuanca, el ministro más antiguo del gabinete de Morales, sea su sucesor.

Lo que no cuadra

Como podemos ver, la economía de Ecuador puede estar en problemas pero ha salido de la recesión y no hay en ese país conflictos económicos y sociales como los de Argentina y Venezuela. Tal vez Lenin Moreno se aleje en el futuro de la línea de Correa, pero no hay razones para pensar en una ruptura como la ocurrida en Brasil.

Bolivia, por otro lado, crecerá este año más que los tres gobiernos neoliberales (Perú, Brasil y Argentina) en los que los partidarios del giro a la derecha cifran sus esperanzas, también está muy lejos de vivir una crisis como la venezolana. Morales ha acusado algún desgaste, pero todavía no se perfila una fuerza en Bolivia que pueda desplazar al MAS.

Bolivia y Ecuador, entonces, no cuadran ni con las grandes consignas de académicos y periodistas que dicen que habrá un giro para acá o para allá ni con una visión –acaso demasiado ortodoxa- de cómo debe ser y qué debe hacer un gobierno y un liderazgo de izquierdas. Tal vez las cosas son más complicadas.

Tal vez es momento de prestarle atención a estos dos países: podrían darnos más de una lección.

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Por Fabio Zuluaga / Supuesto Negado