El ocio 2.0 ya no es un monopolio de youtubers

YouTube

“Mamá, cuando sea grande quiero ser youtuber, ¿eso es una profesión?”. Un niño preguntaba en el metro una tarde cualquiera de noviembre, ante la mirada entre curiosa y asombrada de su madre.

Hasta el año 2017, convertirse en youtuber era una oferta muy atractiva en la Venezuela actual, en la que el uso de dispositivos móviles, combinado con las bajas tarifas de los servicios de telecomunicaciones, han contribuido a que buena parte de la población tenga internet residencial y/o móvil.

Y pese a que para algunos podría parecer más fácil que pelar mandarina, lo cierto es que los ingresos solo comienzan a ser sustanciales cuando los videos tienen miles de visualizaciones. ¿Por qué?, porque YouTube calcula el pago cada vez que un visitante da click en la publicidad, pero solo es un porcentaje variable, pues depende del valor que haya pagado el anunciante.

A esto debemos sumarle la competencia que significan las otras aplicaciones y plataformas, que permiten, cada día más, realizar múltiples funciones, que muchas veces superan las básicas de YouTube, y que han empujado a estos “profesionales” a migrar o, por lo menos, sostener ambas audiencias.

Instagram es uno de los casos con mayor éxito en cuanto al “robo” de usuarios a YouTube. Y es que la gran mayoría de los llamados influencers tienen una cuenta en esta plataforma, que ha decidido lanzarse al ruedo con muchas más funciones que las del canal de canales.

También llama la atención cómo han variado los gustos, al menos en el público adulto (de los niños hablaremos más adelante) y su incansable búsqueda por algo más que “un videocomentarista”, su búsqueda (y la de los anunciantes) de influenciadores.

Desde el punto de vista del marketing digital, un influenciador se supone que es alguien que tiene cierto dominio de un tema y por lo tanto la audiencia confía en su criterio, pero esto ya no es tan cierto.

En Venezuela, y fuera de ella, tenemos influenciadores que no dominan ningún tema, sino que su único talento es hacer un chiste sobre la crisis económica, armar un drama sobre su vida personal, exhibir su sexualidad o simplemente mostrar sus esculturales cuerpos a todo aquel que quiera seguirlos.

Se agregan los comercios, que abiertamente han reemplazado a las tiendas físicas de ropa o incluso de comida, usando a su favor la escasez de productos y servicios y valiéndose de la buena voluntad de los que han decidido “irse demasiado”.

También tenemos influencers que hacen publicidades ocultas (y no tan ocultas) de productos o servicios, o abordan el tema político a través de falsas acciones caritativas.

Los youtubers, en cambio, trabajan con formatos mucho más largos, y, generalmente, a diferencia de los influencers, se especializan en un solo tema, algo que podría ponerlos en jaque en un futuro próximo ¿o no?

¿La extinción de una raza?

Con el auge de estos formatos de video más cortos y de mucha más fácil transmisión, algunos consideran que los youtubers son cosa del pasado.

En YouTube, los adultos buscamos más que todo videos musicales, que a veces ni vemos, sino que colocamos como fondo musical.

En muy raras ocasiones nos inclinamos por tutoriales, porque es más fácil reír de un meme o ver un video de no más de un minuto, que sentarse a ver uno en la plataforma perteneciente a Google Inc y que tiene más de mil millones de usuarios en el mundo en setenta y siete idiomas.

Pero no estamos contando con los niños, con los nacidos en la Generación Z (hasta 2010) y los de la nueva Generación T (de táctil) de 2010 en adelante, que serán los herederos de las actuales y nuevas plataformas.

Veamos qué opinan.

YouTubitos

Pero el mundo de los youtubers no está totalmente perdido. Tiene una fiel audiencia entre los más pequeños de la casa y los adolescentes.  Pero, ¿por qué?

En Supuesto Negado nos atrevimos a hacer una pequeña entrevista, y cuando decimos pequeña es literal.

El pequeño Alexánder, de seis años, nos explica que para él los tutoriales de YouTube son “indispensables” para entender cómo lograr la “magia” en su videojuego favorito: MineCraft.

“Si no sabes hacer algún truco, si no sabes cómo encantar un arma, en YouTube, los muchachos de YouTube, te lo explican y listo”.

El pequeño, después de ver un tutorial de veinte minutos (y mire que para retener tranquilo durante veinte minutos a un niño tan pequeño, hay que echarle pichón), abrió su MineCraft y pudo lograr sus encantamientos en un dos por tres.

“¿Ves que es fácil? Incluso, si te aburres de jugar tú mismo, pones YouTube y ves a los muchachos jugar, y así vas a aprendiendo”, dijo.

Junto a él estaba su primo adolescente, Juan Antonio, quien apoya a los youtubers.

“Para mí que no tengo celular, los youtubers son mi principal fuente de entretenimiento. Puedo ver videos ‘top ten’ sobre eventos curiosos, o sobre los teléfonos que de grande me compraré. Puedo ver trucos de mis juegos o cómo instalar nuevos”.

¿Y crees que los youtubers son una raza en extinción?

-¡No! Por lo menos para los niños, no. Puedes completar lo que viste en YouTube o a veces, incluso, en otras redes te lanzan un resumen de lo que ya viste aquí, y no entiendo para qué repetir.

¿Y te gusta Instagram o Facebook?

-Sí, pero es que a veces son muy aburridos, o tocan temas de adultos, entonces, no los uso mucho.

Pero como YouTube fue uno de los padres de la publicidad en medio de una publicación o transmisión en vivo, en los videos de estos realizadores algunos de ellos superan las veinticinco millones de visualizaciones, también abundan los anuncios, y muchos de ellos no tienen nada que ver con la mentalidad infantil, así que ¡mosca!

Y hablando de dinero, hay youtubers de youtubers, algunos de ellos con ingresos aproximados de siete millones de dólares en publicidad al año, como el sueco PewDiePie, el que tiene el mayor número de seguidores en todo el mundo, con setenta y un millones de suscriptores a su canal.

Con estos datos, nos preguntamos: ¿el niño que le preguntó a su mamá, lo recuerdan, arriba, al principio, podría no estar tan equivocado?

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Por Maya Monasterios / Supuesto Negado